Parece una nave espacial recién aterrizada en la ciudad portuaria de Rotterdam, pero es el primer almacén de arte en el mundo. FOTO: EFE/EPA/ROBIN VAN LONKHUIJSEN.

Rotterdam, 24 sep (EFE).- Parece una nave espacial recién aterrizada en la ciudad portuaria de Rotterdam, pero es el primer almacén de arte en el mundo que abrirá al público toda su colección, más de 151.000 obras de Da Vinci, Rembrandt o Dali. Efe se coló este jueves en Depot, del Museo Boijmans, una “ensaladera” de cristales de 15.000 metros cuadrados.

Un depósito de obras de arte es un sótano oscuro y clausurado con varias llaves, vigilado y de acceso prohibido, situado a veces debajo de los pies de los visitantes de las pinacotecas. O un almacén en un polígono industrial a las afueras de la ciudad. Allí se deja a buen recaudo hasta el 90 % de la colección de un museo.

El Museo Boijmans Van Beuningen, la principal pinacoteca de Rotterdam, que sopla ya 171 velas, decidió mover cielo y tierra para financiar un proyecto de 92 millones de euros que sirva de almacén gigantesco, debidamente asegurado, protegido de las inundaciones, y que permita al público ver cómo se mantiene, restaura y conserva una colección de arte, trabajo que normalmente se hace a puerta cerrada.

La idea fue de Sjarel Ex, director del museo desde 2004. Cuenta a Efe que, a su llegada a la dirección de la pinacoteca (delante del Depot), le sorprendió ver que el almacén donde estaban guardadas las 51.000 obras, que reúnen siete siglos de historia con un valor de mercado de más de 8.000 millones de euros (más de 9.000 millones de dólares), “no estaban en un lugar seguro” y el “riesgo de inundaciones” era muy alto.

“Ahora tenemos Depot, un edificio practico, precioso y muy funcional para cuidar el arte, y justo al lado, -una vez terminen las obras en marcha en la pinacoteca- un museo. Y esa es una diferencia que no sería posible hacer a menos que los dos edificios estén tan cerca uno del otro, como en este caso”, explicó Ex.

Esta construcción, algo así como el trastero del Boijmans donde su colección está a buen recaudo, tiene “todo lo que se necesita para cuidar una colección” porque se pueden hacer “restauraciones, conservaciones, pedir a un comisario un consejo o hacer visitas de colegio”, subrayó el director.

DISEÑO PECULIAR
Sin tener aún desplegada la colección de objetos de arte, el edificio en sí mismo ya promete convertirse en una de las atracciones turísticas más ansiadas de Rotterdam, ciudad futurista a orillas del mar del Norte y acostumbrada a acoger los edificios más peculiares del país, todos posteriores a la destrucción que dejaron los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Con motivo del fin de las obras, se han puesto a la venta entradas para 7.500 afortunados que quieran visitar este fin de semana este depósito de arte. Se agotaron en tres horas.

Depot es una impresionante “ensaladera” o maceta de vidrios. Su fachada, convexa y un tanto deformada, bañada en 1.664 paneles gigantes de espejos, refleja a Rotterdam y a quienes caminan a su alrededor; además se mezcla con el entorno, el Museumpark, un parque verde donde algunos van a correr y otros saltan con su monopatín.

La puerta de entrada es también de espejos, lo que hace que se difumine con la fachada. Presionando un botón, se abre hacia delante una puerta doble, una parte hacia cada lado.

“¡Ábrete Sésamo!”, dice el arquitecto holandés Winy Maas, cofundador de MVRDV, la agencia detrás del diseño de esta Cueva de Ali Babá, una fortaleza artística.

Una vez en el centro del edificio, con ascensores en cada rincón y vitrinas de vidrio suspendidas en el aire, empiezan unas escaleras entrecruzadas que recuerdan a los cuadros de M. C. Escher, el artista neerlandés de las figuras imposibles.

La azotea, a 39,5 metros de altura, tampoco decepciona: acoge un bosque de 75 abedules plantados entre vegetación, que el visitante atraviesa de camino a los miradores, donde atrapan las impresionantes vistas hacia el resto de la ciudad, entre ellas el propio edificio verde que acoge el Museo Boijmans Van Beuningen.

A espaldas de los curiosos, en la fachada del pabellón de un pequeño bar instalado en el centro, se reflejan el sol y las nubes.

NO ES UN MUSEO
El edificio está casi terminado, pero aún queda un año para que se inaugure oficialmente. Falta por instalar el aire acondicionado que permitirá dividir el Depot en cinco zonas climáticas: así, las piezas se ordenarán por sus necesidades ambientales, y no por la época o el movimiento artístico al que pertenecen.

¿Cómo usar un edificio único en su especie? “No es tan fácil. Este no es un museo, es un edificio al que puedes venir a ver cómo otra gente está haciendo su trabajo. No te vamos a contar la vida de Velázquez o Goya, sino cómo debes cuidar una pintura si la quieres mantener durante 200 años: ¿Cómo le afecta la luz? ¿dónde ha estado en exposición? ¿es una falsificación o es real? ¿por cuánto se compró?”, detalló Ex.

Aseguró que, en cualquier museo, un 50 % de los empleados trabaja fuera de los focos cuidando la colección. Por eso, la idea detrás del Depot es dar respuesta a una pregunta: “¿Por qué no hacer esa labor de cara al público? ¿por qué conocemos a todo jugador del Real Madrid, pero no a los comisarios de los mejores museos?”.