Salud es un derecho humano y ambiental
La buena salud es un derecho humano y ambiental, pero sin ecosistemas saludables y sostenibles, numerosos derechos humanos no pueden cumplirse. FOTO: TWITTER @UNEP.

Nairobi, 28 May (Notimex).- La buena salud es un derecho humano y ambiental, pero sin ecosistemas limpios, seguros, saludables y sostenibles, numerosos derechos humanos no pueden cumplirse. El derecho a la salud está entrelazado con la salud del ecosistema, indica el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El organismo multinacional refiere que existen varios derechos humanos relacionados con el medio ambiente, los cuales son nuestros derechos ambientales, y que la pandemia de la COVID-19 nos ha demostrado que si queremos que nuestros ecosistemas nos cuiden, debemos cuidarlos.

Agrega que en promedio, una nueva enfermedad infecciosa emerge en humanos cada cuatro meses, y el 75 por ciento de ellas infecciones emanan de animales y son conocidas como zoonosis.

“Estas enfermedades zoonóticas pueden extenderse a los humanos cuando destruimos hábitats y comerciamos ilegalmente con la vida silvestre, lo que aumenta nuestra exposición a los patógenos. Las enfermedades zoonóticas como la COVID-19, son una de las muchas formas en que el medio ambiente afecta la salud humana”, continúa.

La contaminación del aire, por ejemplo, mata a más de 6 millones de personas cada año.

“Los contaminantes transportados por el aire provenientes de estufas, centrales eléctricas de carbón, vehículos, industrias, incendios forestales y tormentas de polvo, causan una parte importante de las muertes mundiales por accidentes cerebrovasculares, cáncer de pulmón, ataques cardíacos y enfermedades respiratorias, y recientemente se ha demostrado que la contaminación del aire exacerba las muertes por la COVID-19”, especifica el PNUMA.

Todos los días, 4 mil niños mueren de enfermedades causadas por el agua contaminada y el saneamiento inadecuado, mientras que las toxinas presentes en los cultivos y el ganado pueden acumularse en los cuerpos humanos si se ingieren.

Los recursos de agua dulce, marinos, costeros, terrestres y del suelo están devastados por la contaminación de los desechos municipales, industriales y agrícolas; aguas residuales y escorrentía de nutrientes; generación de energía; industria pesada y automóviles. Este daño a los recursos naturales afecta posteriormente la salud pública.

Además, los humanos usan más de 100 mil elementos químicos y compuestos diferentes, incluyendo plomo, mercurio, cadmio y contaminantes orgánicos persistentes que, si no se manejan adecuadamente, pueden dañar severamente la salud humana, causando envenenamiento agudo, cánceres, defectos de nacimiento, trastornos neurológicos, trastornos hormonales y otras enfermedades.

Si bien la contaminación ha disminuido durante la pandemia en curso, Inger Andersen, directora Ejecutiva del PNUMA, advirtió en contra de ver esto como una victoria ambiental. “Los impactos visibles y positivos no son más que temporales, ya que se deben a la desaceleración económica y la angustia humana”, señala.

El PNUMA menciona que el confinamiento no es una solución a los problemas ambientales del mundo, pero sí lo son el consumo y la producción sostenibles.

Además de aumentar el consumo y la producción sostenibles, y recurrir a soluciones basadas en la naturaleza, el plan de recuperación mundial de la COVID-19 debería incorporar un enfoque basado en los derechos para abordar la contaminación.

Al utilizar una perspectiva de derechos humanos para decidir, aplicar y evaluar planes y actividades, podemos vencer la contaminación mientras reconstruimos después de la crisis de la COVID-19, precisa el PNUMA.

El cumplimiento de las obligaciones de derechos humanos relacionadas con el medio ambiente garantiza que las personas y el planeta prosperen como uno solo.

Especifica que relajar la gobernanza ambiental socava los esfuerzos para contrarrestar la pandemia actual; fortalecer y defender nuestras economías es una prioridad en estos tiempos, por lo que reducir las protecciones ambientales es contraproducente para mejorar la salud pública.