Regular prostitución equivale a doble explotación de mujeres: laboral y sexual

12 de Noviembre de 2019
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Prostitute at Atlantica avenue in copacabana beach, Rio de Janeiro
Prostitute at Atlantica avenue in copacabana beach, Rio de Janeiro
Ciudad de México. Reglamentar la prostitución y reconocerla como un “trabajo”, como se pretende en el Congreso de la Ciudad de México, sería reforzar la construcción de la masculinidad violenta, racista y clasista y mandar el mensaje de que las mujeres son objeto de consumo.

De acuerdo con la sociología y académica del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), Olivia Tena Guerrero, en este debate hay que considerar que quienes consumen la prostitución y pornografía son en su mayoría hombres y quienes “ofertan” el servicio son mujeres”.

Al participar en el foro “Retos y realidades de la lucha contra la trata”, organizado por el diputado de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Carlos Hernández Mirón, en el Congreso de la Ciudad de México, la académica alertó que cuando se ganan derechos vienen reacciones patriarcales y neoliberales como la de reconocer el “trabajo sexual”.

Cabe recordar que en el Congreso capitalino se han presentado tres propuestas para expedir una Ley de Trabajo no Asalariado, en las cuales se busca legalizar esta actividad, que para algunas expertas y feministas encubre la trata y la explotación sexual.

En este contexto, Tena Guerrero habló de la relación entre patriarcado, prostitución y pornografía y señaló que estudios feministas han mostrado que el “deseo” es una categoría política y por tanto un concepto que no está exento de las relaciones de poder.

La también investigadora en moral, género y salud, explicó que en el tema de la prostitución las mujeres fingen para que parezca que “están deseando” con el objetivo de que el otro, los hombres, se satisfagan.

A decir de la docente, los hombres que compran sexo saben que las mujeres fingen. Además, ellos no adquieren los servicios por deseo sexual sino por poder. Consumir, señaló, es una forma de demostrar, a sí mismos y a otros hombres, su virilidad.

Tena aseguró que es importante preguntarse qué tipo de masculinidad se construye si se regulariza la prostitución como un trabajo. Sobre todo, indicó, cuando los hombres construyen su masculinidad consumiendo prostitución y pornografía.

Continúo, al señalar que en la prestación de la relación sexual no está mediada por el deseo, sino por la ilusión del deseo de la mujer a sabiendas de que su deseo es fingido, por tanto, el trabajo sexual no es espacio para el placer ni es una relación amoroso ni erótica.

La académica aseguró que legalizar es igual a normalizar, en este caso normalizar la explotación sexual y la violencia. Agregó que una ley que reconozca esta actividad como trabajo provocaría una doble explotación: la laboral y la sexual.

Por último, dijo que así como hoy sucede en el Congreso de la Ciudad de México, los políticos construyen nuevas narrativas que adaptan al nuevo orden neoliberal del mercado, porque ahora se argumenta que la prostitución puede ser una elección consentida a pesar de que no es fácil distinguir libertad y coacción.

Por otra parte, señaló que el piso común entre quienes buscan abolir la prostitución y quienes quieren reglamentarla como un “trabajo” es garantizar mejores condiciones de vida para las mujeres, no criminalizarlas y que el Estado les garantice derechos sociales a todas.

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