Individualismo… ¿un mal de nuestro tiempo?

07 de Octubre de 2014
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“El alma humana está en crisis desde hace mucho tiempo”
Wenceslao Unanue

Vivimos una época en la que la tendencia al individualismo está peligrosamente en aumento. Se dice que antes, aproximadamente hace 30 años, vivíamos más en el colectivismo, es decir, que además de ocuparnos de nosotras y nosotros mismos también nos ocupábamos y nos importaban más las y los demás.

Niñas y niños en el vecindario salíamos a jugar, pasábamos tardes enteras afuera inventando juegos creativos para pasar el rato y disfrutar, sobre todo quienes tuvimos el privilegio de jugar en la calle, gracias a que no existía la terrible inseguridad que hoy tanto nos afecta e impide salir libres y sin miedo a las calles.

Había más vida en común y sobre todo las cosas materiales se compartían, porque en los años 70 no todas las personas tenían televisión porque era un lujo para muchas familias, así que quienes no la tenían se reunían con quienes sí, generando una convivencia y colectivismo.

Existía mayor consideración y compromiso con la persona que teníamos al lado o enfrente; hoy en día parece que lo más importante es revisar nuestro celular, tableta o lap top, aun cuando tengamos al lado a una amiga, pareja o a nuestra familia.

Privilegiamos más los logros personales que los colectivos, a menos que del Mundial de Futbol se trate, cambiando el compartir por el querer diferenciarnos.

En lugar de utilizar el teléfono fijo de la casa, queremos celulares para toda la familia, internet y un auto para cada uno de la familia, o al menos a eso aspiramos, si a eso le podemos llamar aspiración.

La cultura de consumo desafortunadamente ha modificado nuestros valores y aspiraciones; para muchas personas, hoy la fama, el dinero y la imagen son primordiales en su escala de valores.

Me parece importante mencionar algunos aspectos relevantes de un estudio realizado por la Universidad de Sussex, en Inglaterra, en donde Chile es, después de Estados Unidos, el país más individualista, importante será mencionarlo debido a que son resultados que no están alejados de lo que vivimos en lo cotidiano aquí en México.

Desde hace ya más de una década se dice que Chile ostenta otros títulos en desarrollo humano, tales como: “altos índices de consumo de tranquilizantes y antidepresivos”, “altos índices de consumo de alcohol”, “país ‘trabajólico’ pero muy poco productivo”, etcétera.

A esto se agregan “altos índices de desconfianza en las relaciones interpersonales”, “baja autoestima”, “fuertes sentimientos de exclusión y necesidad de ser reconocidas y reconocidos”, “ausentismo laboral”… Reflexionemos... ¿acaso no sucede esto mismo en nuestro país en menor o mayor escala?

Lo que cierra con broche de oro estos síntomas son además: “ausencia de sueños”, “sentimientos de infelicidad”, “desesperanza” y/o “pérdida del sentido de la vida”.

¿Alguna vez se han sentido aprisionadas o aprisionados por deudas, por sistemas de producción depredadores que exigen resultados a toda costa?

Que exigen competir cueste lo que cueste, arrasar con las y los demás sin importar los medios que se utilicen y al final con ingresos que se desvanecen fácilmente.

Muchas personas se manejan tristemente como robots, contaminadas, congestionadas, sin mirarse, sin saludarse o apenas haciéndolo rápidamente; cansadas, estresadas, sin compadecerse por las y los indigentes, sin respeto por las personas de la tercera edad ni por la infancia, especialmente en los sistemas de transporte.

Una gran verdad es que el individualismo nos ha dejado en soledad, tensión, miedo y vacío, y muchas veces sin orientación, sin fuerzas y peor aún sin sueños.

Es por esto que muchas personas buscan respuestas falsas donde aparecen profetas, magos, hechiceros, gurúes y pastores, entre otros.

Aprovechándose de esta soledad y haciendo todo un negocio la atención al alma humana y a sus emociones, hasta llegar a ofrecerles a las personas el famoso: “Pare de sufrir”.

En la actualidad existe una tendencia a no saber quiénes somos, ni qué sentido tiene nuestra vida, lo que enferma a nuestras emociones.

Por supuesto que sé y estoy convencida que afortunadamente no todas las personas son o somos así, sin embargo, hay una marcada tendencia de últimos años a la fecha hacia esta terrible situación a la que yo llamaría la enfermedad emocional y social del individualismo.

Tendencia que bien podría estar determinada por los avances de la tecnología, que paradójicamente, por un lado ha acortado distancias y al mismo tiempo ha despersonalizado las relaciones.

Por otro lado, sorprendentemente la democracia ha jugado un papel determinante, ya que ha contribuido a fomentar el individualismo, porque como dice el investigador Unanue, en una sociedad con democracia hay más autonomía y por tanto, las personas sienten que pueden vivir la vida como quieren y así diferenciarse de las y los otros.

El problema no es la democracia, sólo eso nos faltaba, sino la forma en que algunas personas la viven y ponderan diferenciarse a través del consumismo sumado a la competencia que generamos con la persona que tenemos al lado, muchas veces sin darnos cuenta y dejándonos llevar por la vorágine que es la vida.

Por supuesto que es importante querer diferenciarse de las y los otros, sin embargo, lo ideal es hacerlo tratando de dimensionar esa diferencia en su justa medida, para no padecer el individualismo extremo que muchas veces es el causante, entre otras cosas, de muchas de las enfermedades psicológicas que estamos viviendo últimamente.

Especialmente las generaciones de los años 80 son más individualistas, según el estudio de la Universidad de Sussex, donde se muestra que el 73.6 por ciento de las y los jóvenes de entre 21 y 30 años tienen más dificultad para adaptarse al resto, en comparación con el 60 por ciento de las personas de la tercera edad.

Se podría decir que en cuanto a las diferencias, en temas de género no existe gran diferencia, porque los hombres mostraron un 65 por ciento de niveles altos en falta de empatía o armonía, más que el 58.3 por ciento de las mujeres.

Sin embargo, las mujeres puntúan más en individualismo (64.3 por ciento), a diferencia de los hombres (59.7 por ciento), lo que significa que los hombres tienden a pelear más y a no estar tan preocupados de la armonía en los grupos, mientras que las mujeres desean destacar sobre el resto para diferenciarse.

Según Unanue, esto se debe a que en América Latina las mujeres que salen al mundo laboral sienten más la necesidad de destacarse en la multiplicidad de roles, lo que puede llevarles a este individualismo con tal de lograr destacar.

Y tú, ¿qué tan individualista crees que eres? ¿Crees que una sociedad como la nuestra es individualista?

Sirvan estas preguntas de reflexión para identificar la forma en que nos relacionamos y logremos contribuir a una manera más existencial y humanista de convivencia, donde el ser sea más importante que el tener.

*Psicoterapeuta humanista existencial, especialista en Estudios de Género, y directora del Centro de Salud Mental y Género.

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