Quedan migrantes deportados en Tijuana por vergüenza al retorno

MIGRANTE SE NIEGA A REGRESARTijuana, 21 Jul. (Notimex).- Emmanuel es un hombre maduro, con familia en Michoacán, entidad del centro de México a la que se niega a regresar, en parte por vergüenza, en parte por no tener dinero para el viaje. Deambula por Tijuana con su frustración a cuestas.

Simplemente Emmanuel, responde cuando el reportero de Notimex le pregunta su nombre, porque dice que ya no aspira a nada, sólo a vivir el día a día, y este, generalmente transcurre en el canal del Río Tijuana, lo que se ha convertido en su hogar y refugio.

El hogar de Emmanuel, si se le puede llamar así, se ubica en la canalización, justo en el lugar en el que hace décadas estaba Cartolandia, aquel asentamiento que sólo se quitaba cuando las corrientes del río lo arrasaba.

En esa nueva versión de “Cartolandia”, sólo que ahora en cuevas habilitadas como viviendas, transcurren los días de Emmanuel y de muchos, tal vez cientos, de migrantes que al ser deportados de Estados Unidos y sin familiares cercanos ahí se quedan varados.

Las ilusiones de Emmanuel, terminaron desde hace dos años, cuando fue deportado de Estados Unidos, país en el que vivió por casi 20 años, aunque nunca arregló documentos de inmigración.

La de Emmanuel es una historia como la de decenas de migrantes deportados de Estados Unidos, que por tener antecedentes penales, quedan restringidos de por vida a regresar a ese país y por lo tanto sólo les queda el regreso forzado a México.

Desde que Emmanuel fue deportado a Tijuana, buscó empleo como hojalatero o carrocero, como se le conoce aquí. Pero no encontró, no al menos dentro de sus aspiraciones. Tampoco encontró empleo en alguna otra de las áreas en las que trabajó en Estados Unidos.

Aunque no existe una estadística exacta de cuántos migrantes deportados están en Tijuana, un referente es el comedor del Padre Chava, en donde a diario se preparan viandas que satisfacen de manera altruista el hambre de entre 900 y mil personas.

Según cifras aportadas por el alcalde de Tijuana en abril del presente año, Tijuana recibe cada día a unos 160 mexicanos deportados de Estados Unidos, ocupando el primer lugar nacional al captar al 34 por ciento de los paisanos repatriados a México.

El alcalde Carlos Bustamante Anchondo y regidores del XX ayuntamiento de Tijuana aportaron en conjunto 200 mil pesos, destinados para que migrantes deportados de Estados Unidos retornen vía aérea a sus lugares de origen.

El pasado 8 de abril, Bustamante Anchondo otorgó un apoyo de 100 mil pesos, que se sumó a una aportación similar de los regidores del Cabildo local, recursos destinados para que los migrantes deportados retornaran a sus tierras de origen.

Aunque fue loable el esfuerzo del alcalde y los Concejales, lo cierto es que los recursos apenas alcanzan para que unos cuantos migrantes retornen a sus tierras, pero no todos los aceptan, especialmente aquellos que les avergüenza el retorno.

Para Bustamante Anchondo y la presidenta de la Comisión de Asuntos Fronterizos del Cabildo tijuanense, María Luisa Sánchez Meza, ayudar con este proyecto “es muy humanitario, por eso, inmediatamente acudimos a poner de nuestra parte”.

Reconoció que los connacionales deportados que arriban a Tijuana sin recursos ni identificación y con sus familias del otro lado de la frontera, representan un problema social y se torna en problema de seguridad.

Además, en esa misma fecha, cuando se colectaron un poco más de 200 mil pesos, el alcalde tijuanense reconoció que el ayuntamiento a su cargo no tiene la facultad, ni los recursos para atender esta problemática como se quisiera.

“Sería más difícil si no existieran Organismos de la Sociedad Civil (OSC) que ayudan en mucho”, sostuvo.

Lo cierto es que los migrantes deportados, además de haber sido expulsados de Estados Unidos, un país que no los reconoce, al llegar a México se topan con problemas mayores y además sin trabajo y sin un techo en donde pasar la noche.

El canal es el refugio obligado, o las zonas aledañas, y subsisten con una franela en la mano, ofreciendo sus servicios como limpiacoches, en las filas que los “emigrados”, hacen todos los días para cruzar en sus automóviles a Estados Unidos.

Con poco apoyo de las autoridades, los migrantes deportados ?mexicanos y de otras nacionalidades-, dependen en gran medida del buen corazón de familias tijuanenses u organismos de la sociedad civil, que de caridad les ofrecen un plato de comida caliente.

Lo cierto es que, sin un centavo en la bolsa y con todas las frustraciones propias del fracaso, los migrantes deportados se niegan a regresar a sus lugares de origen y prefieren pasar la noche sobre un pedazo de cartón y cobijarse con periódicos.

Sin noción del tiempo, con el estómago vacío a los migrantes deportados se les ve todos los días, con su vista puesta en el horizonte, como esperando un milagro que derribe las bardas que dividen a México y Estados Unidos.

Las mañanas para ellos son la continua esperanza de abrir los ojos y pensar que lo que han vivido en los días previos ha sido una pesadilla, y muchos, se pellizcan la piel, esperando que efectivamente sea un sueño y no esa dura realidad.