Desigualdad agrava desnutrición y obesidad en Latinoamérica y el Caribe

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La desnutrición, la carencia de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad afectan más a las personas de menores ingresos, a las mujeres, a los indígenas. Foto: Ilustrativa.

México, 7 Nov (Notimex).- El hambre, la desnutrición, la carencia de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad afectan más a las personas de menores ingresos, a las mujeres, a los indígenas, a los afrodescendientes y a las familias rurales de América Latina y el Caribe, según un informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

De acuerdo al reporte “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2018”, cada vez más se hace más estrecho el vínculo entre la desigualdad económica y social, y los mayores niveles de hambre, obesidad y malnutrición de las poblaciones vulnerables.

En América Latina, el 8.4 por ciento de las mujeres viven en inseguridad alimentaria severa, en comparación con el 6.9 por ciento de los hombres, mientras que las poblaciones indígenas sufren por lo general mayor inseguridad alimentaria que las no indígenas. En 10 países, el 20 por ciento de los niños más pobres, sufren tres veces más la desnutrición crónica.

Indicó que una de las principales causas del alza de la malnutrición en los grupos de población especialmente vulnerables, son los cambios que han sufrido los sistemas alimentarios de la región (el ciclo de los alimentos desde su producción hasta su consumo).

Estos cambios afectan toda la población, pero sus efectos más adversos los sufren los sectores más excluidos de la sociedad, los cuales, si bien han aumentado su consumo de alimentos saludables como leche y carne, muchas veces deben optar por productos con alto contenido en grasa, azúcar y sal, ya que tienen menor costo, refirió el documento.

Asimismo, la obesidad se ha convertido en la mayor amenaza nutricional de América Latina y el Caribe. Casi uno de cada cuatro adultos es obeso; el sobrepeso afecta al 7.3 por ciento (3.9 millones) de menores de 5 años de edad, cifra que supera el promedio mundial de 5.6 por ciento.

En un comunicado, el representante Regional de la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y Agricultura (FAO), Julio Berdegué, señaló que “la obesidad está creciendo descontroladamente. Cada año, dijo, estamos sumando 3.6 millones de obesos a esta región, y 250 millones de personas viven con sobrepeso.

Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), afirmó “debemos avanzar en el acceso a la salud universal para que todas las personas puedan recibir la atención y medidas de prevención que necesitan por temas de malnutrición y sus consecuencias a largo plazo”.

Según el documento, el hambre afecta a 39.3 millones de personas, el 6.1 por ciento de la población regional. Entre 2015 y 2016, el número de personas subalimentadas creció en 200 mil personas; mientras que entre 2016 y 2017, el incremento fue de 400 mil, lo que muestra que el deterioro está aumentando.

Desde 2014, Argentina, Bolivia y Venezuela vieron incrementos en su número de personas subalimentadas.

El mayor aumento ocurrió en Venezuela: 600 mil personas más sólo entre 2014-2016 y 2015-2017. Hoy es uno de los países con mayor número de personas subalimentadas en la región (3.7 millones, el 11.7 por ciento de su población), junto con Haití (5 millones, el 45.7 por ciento de su población) y México (4.8 millones, 3.8 por ciento de su población).

En Haití y México, el hambre se redujo en los últimos tres años, así como en Colombia y República Dominicana, estos son los únicos cuatro países que han logrado esta reducción desde 2014, resaltó el documento.

Apuntó que las desigualdades sociales y económicas se ven también en la nutrición infantil: en Honduras, la desnutrición crónica afecta al 42 por ciento de los niños en familias de menores ingresos y sólo al ocho por ciento de los que viven en contextos de mayores ingresos.

En Guatemala, la diferencia es mayor: afecta al 66 por ciento más pobre y sólo al 17 por ciento de los niños de familias de mayores ingresos.

La desnutrición crónica infantil también es mayor en la población indígena. En Ecuador, el 42 por ciento de los niños de este sector de la población vivía con desnutrición crónica comparado con el 25 por ciento del promedio nacional (2012).

Mientras que en Guatemala, la desnutrición crónica afectaba en 2014-2015 al 61 por ciento de los niños indígenas y sólo al 34 por ciento de los no indígenas.

Los niños de las zonas rurales también tienen peores indicadores que los que viven en las zonas urbanas. En Belice, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, y Surinam las tasas de desnutrición crónica infantil en las zonas rurales superan en más de 50 por ciento las tasas observadas en las áreas urbanas.

El “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2018” indica también que 19 millones de mujeres sufren inseguridad alimentaria severa, en comparación con 15 millones de los hombres.

En todos los países de la región, la tasa de obesidad de las mujeres adultas es mayor a la de los hombres; en 19 de ellos, la tasa de obesidad femenina es al menos 10 puntos porcentuales superior a la de los hombres.

Pero la desigualdad que afecta a las mujeres no sólo se ve en términos de género: la anemia en mujeres en edad fértil, por ejemplo, afecta en mayor medida a las mujeres de menos recursos.

La FAO, la OPS, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), y el Programa Mundial de Alimentos (WFP), exhortaron, en un comunicado, a aplicar políticas públicas que combatan la desigualdad y promuevan sistemas alimentarios saludables y sostenibles.