La heterosexualidad no mata, el poder patriarcal sí II y última parte

heterosexualidad
El poder patriarcal, sus gestos, sus expresiones, sus implicaciones y sus costumbres, es lo que mata, la heterosexualidad no.

El poder patriarcal, sus gestos, sus expresiones, sus implicaciones y sus costumbres que se hicieron regla en las relaciones entre mujeres y entre hombres hasta ser la única forma conocida de relacionarse en la que siempre uno subyuga al otro, de manera directa o mediante el control emocional, bajo la explotación amorosa o la subyugación violenta, eso es lo que llega a matar, la heterosexualidad no.

Cuando una persona, sea hombre o mujer es amada y se sabe amada por los gestos y expresiones de la otra persona, ella puede determinar qué hace con ese sentimiento, se sabe con un poder sobre la otra persona y puede y está en oportunidad de decidir si ese poder sirve y alcanza para ser solidarios o egoístas, ser empáticos o indiferentes, procurar y cuidar a la otra persona, desprendernos del yo egoísta y ser capaces de hacer algo por alguien más sin que eso signifique por supuesto extraviarnos a nosotras mismas.

Sin importar quién es el sujeto que detenta el poder sobre otra persona, su identidad genérica no es la causa de la forma como la ejerza sino sus construcciones y proyecciones y la forma como pretende imponer su perspectiva o utilizar las emociones de otras personas a su favor.

Es el uso de los afectos, la explotación amorosa en contra de la propia persona que le manifiesta su amor, ya sea bajo el chantaje, el control, la violencia o simplemente conduciendo hacia situaciones de riesgo como se está manifestando el poder en forma patriarcal.

Y si queda la duda de por qué la asociación entre lo patriarcal y lo negativo de su manifestación, cabe aclarar que no es solamente poner en el centro de todo al “hombre” sino la forma como se ejerce el poder y sus manifestaciones, de tal forma que no solo es que se coloque en el centro de todos los intereses la perspectiva y los intereses de los varones en la sociedad, sino es también la forma como socialmente se ha aprendido a ejercer el control, su verticalidad y el sometimiento que supone una superioridad tácita para quien la manifiesta.

Compleja de entender esta última parte, socialmente hemos convivido hombres y mujeres como una forma de construcción social de la familia en la que es el padre quien decide qué, cómo y cuándo se hace, quien conduce hacia dónde se lleva a la familia y aunque sus decisiones puedan ser peligrosas para hijos, hijas y pareja, así como hemos aceptado que en un país un solo hombre tome las decisiones, o dentro de los sistemas capitalistas se acepten decisiones que ponen en riesgo la vida en el planeta.

La estructura que predomina en el ámbito laboral y que invadió también la esfera familiar y personal es justamente esta noción de relaciones y de ejercicio del poder, no se ha considerado o son pocos los espacios donde se admiten otras posibilidades.

Por esa razón es que cuando hablamos de que es el poder patriarcal y no la identidad de género la que amenaza la vida de las personas, sin ninguna duda podemos afirmar que hay un grave error cuando se achaca a la heterosexualidad y no a la noción del ejercicio del poder vertical y subyugante.

Sin este contexto es imposible entender que incluso las mujeres que ejercen gobierno o también los hombres que ejercen liderazgos puedan llevar a la catástrofe a su núcleo cercano y próximo, sin esta noción no podemos entender que un gobernante ejerza en forma violenta, vertical y subyugante su poder.

El tema está imbricado de connotaciones amplias sobre el poder político y sus expresiones, en lo público y lo privado, somos todas las personas posibles sujetas de ejercicio del poder violento cuando estamos en posibilidad de hacerlo, no hacerlo es lo que marcará la diferencia y mostrará de qué estamos hechos y hechas.

Es pues el amor una de las posiciones de mayor vulnerabilidad en la que se puede estar pero lo que se hace con el amor y lo que se construye sobre éste depende de la entereza y la capacidad de entender que ese poder que nos obsequia la otra persona sobre sí misma no nos da la patente de subyugarle y de la explotación amorosa.

* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y Fundadora del Observatorio de Violencia Social y de Género en Campeche

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