Doble moral, amañando conciencias en Querétaro

Habrá que preguntar a los ecologistas y grupos “humanistas” los verdaderos intereses que tienen detrás del controvertido tema de la tauromaquia, las vialidades y el desarrollo comercial, habitacional e industrial de Querétaro?

El interés de este reducido sector va más allá del cuidado a los recursos naturales del Estado, ¿qué han hecho los ecologistas por mejorar o aumentar la calidad del medio ambiente?, ¿qué están haciendo además de las manifestaciones, bloqueos, críticas y ataques al gobierno?.

Si no fuera por el efectivo, los negocios, concesiones, y hasta puestos políticos que algunos llegan a recibir del gobierno, estarían tan atraídos por la conciencia de los jerarcas?

Son las masas quienes hacen la diferencia, es el ciudadano la respuesta a un verdadero trabajo evolutivo, pero tendría mas resultado enfocarse en hacer campañas que eduquen y despierten la consciencia de la gente, pues hay muchos temas por abordar, como es el reciclado, composta, vivienda autosostenible, alimentación orgánica, etc.,empero esta actividad no reditúan las ganancias que algunos obtienen del erario público.

Y es que hay algunas “asociaciones” que se dicen ecologistas, humanistas, socialistas… pero son depredadores de conciencias a través de la inconformidad, manipuladores con las manos metidas en las arcas del gobierno, manoseando y envenenando con el pesticida de la subversión, dando una doctrina y actuando en otra, de forma paralela.

Es verdad que los grandes cambios han requerido la inconformidad de la sociedad, sin embargo es lamentable que se alienten conflictos para que el beneficio último sea particular, formando así asociaciones mezquinas que deforman las voluntades, acaparan para llenarse los bolsillos, del mismo modo que acusan, acarreando rebaños de personas que compraron el blof de la “causa justa”.

Estos grupos e individuos no pretenden aportar soluciones que equilibren la pobreza social que lastima, la destrucción de la naturaleza, la desigualdad, las enfermedades, los alimentos transgénicos, la despersonalización de los ciudadanos, en su mayoría son chovinistas que lisa y llanamente ignoran la corrupción, pues de ella se benefician.

Presumiblemente incongruentes entre el decir y el hacer, pelean con ahínco porque la tierra se está erogando en avenidas, fraccionamientos, zonas industriales, el comercio… como sí ellos no contribuyeran a esto, como si no fueran consumistas, o cuándo se ha visto a estos súper héroes en transporte público.

Puro verbo hueco, sus casas no cumplen con los servicios ecológicos, como la captación de agua de lluvia, calentadores solares; son compradores de “oportunidades” en las nuevas zonas habitacionales de niveles socioeconómicos altos, cambian de vehículos cada año, andan todo el día sobre las calles y van de shoping a las grandes tiendas departamentales donde despilfarran lo obtenido subversivamente.

Pero si les preguntamos, seguramente justificarán todo.