Abandonó sueño de ir a EU; ahora da refugio a migrantes

Tapachula, 21 nov 13 (Cimacnoticias).- Karla Mercedes, una migrante guatemalteca, abandonó el “sueño americano” por la seguridad de un trabajo en México, aunque no es bien remunerado garantiza la sobrevivencia de ella y su hijo ante los peligros de secuestro, violación o trata de personas que acechan a las mujeres migrantes.

Tapachula, Chiapas, es la segunda ciudad de importancia a nivel estatal; su proximidad con Guatemala permite que el vecino país se relacione directamente con el municipio y es paso obligatorio para el tránsito migratorio.

De acuerdo con cifras de la Secretaría para el Desarrollo de la Frontera Sur y Enlace para la Cooperación Internacional (SDFSyECI), hasta diciembre de 2011 entre 40 y 60 mil personas cruzaron al año el estado de Chiapas, sobre todo en la zona Costa y el Soconusco.

En Tapachula hay albergues que brindan ayuda a las personas en tránsito migratorio, principalmente comida, primeros auxilios y un espacio donde pernoctar.

Karla Mercedes, de 39 años, decidió ir en busca de sus hermanos que viven en Estados Unidos. Al llegar a esta ciudad fronteriza buscó asilo en el albergue “Jesús, el buen pastor”; ahí conoció a Olga Sánchez, quien desde su llegada le dio todo tipo de ayuda.

El albergue fue sólo un descanso. Karla se sentía lista para continuar su paso, pero las experiencias de otros migrantes no fueron tan alentadoras y comenzó a dudar.

“Escuchaba muchos comentarios: les robaban sus pertenencias, les quitaban su dinero, los Zetas (cártel del narcotráfico) violaban a las mujeres… me dio mucho miedo y no quise viajar sin documentos”, relató.

Mercedes solicitó más tiempo de asilo en el albergue; comúnmente las y los migrantes son recibidos y auxiliados durante cinco días o hasta por un mes, máximo seis cuando presentan alguna discapacidad física o lo que dure su rehabilitación.

Así fue como empezó a realizar actividades de servicio para otras personas migrantes: hace curaciones, hornea pan para venderlo y cuida de las personas adultas mayores.

Karla tuvo un hijo en el albergue y Olga la sigue apoyando para que viva ahí con él. “La confianza se la va ganando una, en el trabajar honestamente”, comentó Mercedes. Ahora es la encargada del albergue desde 2012, casi a los dos años de haber llegado a México.

“Jesús, el buen pastor” es un albergue mixto, tiene espacios y camas suficientes para mujeres y hombres, aunque en su mayoría son varones.

Karla explicó que las mujeres que generalmente llegan a este sitio provienen de Honduras y El Salvador. Ahora hay cinco mujeres, todas con un mismo objetivo sin distinción de edad: salir de la pobreza y ayudar a sus familias.

Aseguró que se siente muy feliz de vivir en el albergue ayudando a otras personas migrantes y en Tapachula, donde regularizó su situación migratoria en 2011 con la asesoría de Olga.

“El ‘sueño americano’ lo pintan de muchas maneras, pero una lo puedo conseguir en donde una esté; les aconsejo a la mujeres que emigran que se valoren mucho y que traten de quedarse en donde estén. La oportunidad se puede dar en donde quiera, incluso en su propio país”, expresó.

Al preguntarle si aún considera la posibilidad de ir a EU, Karla dijo: “Sólo anhelo un permiso para visitar a mis hermanos; yo vivo feliz aquí en Tapachula; que mi hijo quiera estudiar una maestría o un doctorado. Me veo viejita y aquí en el albergue ayudando; me gusta mi trabajo y ayudar a todas las personas que vienen para que tengan un espacio donde estar bien”.

Pero no todo es fácil. Hoy el albergue debe unos 70 mil pesos a la Comisión Federal de Electricidad por el suministro de energía desde hace cinco años.

El adeudo no ha podido ser negociado o condonado por las autoridades, ya que las y los defensores de migrantes no saben a quién dirigirse. Este albergue es el único en su tipo en Tapachula, que además atiende a migrantes con mutilaciones o enfermedades crónicas.