Deiman, una empresa familiar mexicana con mucho sabor

Deiman
¿Quién no ha comido una paleta de hielo sabor grosella? inigualable e inconfundible; a los más viejos los traslada a su infancia. NOTIMEX

México, 17 Jun (Notimex).- ¿Quién no ha comido una paleta de hielo sabor grosella? inigualable e inconfundible; a los más viejos los traslada a su infancia, a los de mediana edad les trae algún recuerdo y a los pequeños, simplemente les encanta.

Deiman -una empresa familiar creadora de ese delicioso sabor y de muchos otros como pistache, almendra, café, cajeta, cereza, chocolate, piña colada y tamarindo, entre otros- está por cumplir 79 años, a pesar de la competencia de compañías trasnacionales.

Esta empresa, cuyo lema es “Color y Sabor en Alimentos”, inició sus operaciones el 7 de noviembre de 1938 en el garaje de la casa de su fundador, el ingeniero químico Francisco Medina González, quien vivía con su esposa Cristina en la calle Laguna de Tamiagua, colonia Anáhuac, en esta capital.

“Toda esa generación -primera- que estudió en la Facultad de Ingeniería química de la UNAM, se fue al sector eléctrico o del petróleo, pero el abuelo se fue a fabricar colorantes, y representaba a una empresa inglesa”, narró José Alberto Medina, nieto de Don Francisco y tercera generación a cargo de la empresa.

Luego se dieron dos fenómenos: en 1938 estalló la Segunda Guerra Mundial y se inventó el nylon, los colorantes que se vendían en ese momento eran para la ropa, y mi abuelo tuvo que cambiar de giro e incursó en el mundo de los alimentos, recordó.

Apoyado por sus hermanos Andrés, Mariano y Manuel, don Francisco ingresó de lleno a la industria de los alimentos; uno de ellos viajó a Holanda para capacitarse en el rubro de los sabores y desarrolló el talento de replicar en la memoria olores y sabores de frutas, incluso de inventar nuevas sensaciones y poder plasmarlas en un producto.

Deiman, el nombre de la empresa, no es casual ni extranjero sino es el apellido de la familia Medina sin orden, que poco a poco fue creciendo, haciéndose de más clientela y expandiéndose por la República Mexicana, a la vez que la familia también fue aumentando.

En 1970, la segunda generación familiar liderada por el hijo de Don Francisco, José Alberto, dos hermanos y dos hermanas, tomó las riendas de la empresa.

Este hecho coincide con el cambio de domicilio de Deiman, que deja de operar en la casa de los abuelos y se traslada a una zona industrial en Azcapotzalco, en la industrial San Antonio, cerca de la refinería 18 de marzo que cerró y ahora se encuentra el Parque Bicentenario.

En esa época contaba con 50 empleados, con gente externa, aunque por su carácter familiar, los trabajadores duran toda la vida, se les trata de manera familiar, hay absoluta integración y quienes salen, llevan escuela en la industria de los alimentos y algunos ponen sus propios negocios o trabajan en la competencia.

Como administrador de empresas, José Alberto -director de la compañía en ese entonces- aprovechó sus conocimientos para formalizar el negocio y cumpliera con todas sus obligaciones de la ley, sin perder el carácter de empresa familiar.

“Sólo una hermana participó como accionista por un tiempo, el hermano mayor se dedicó a otra empresa, sólo quedaron dos hermanas y dos primos”, comentó el nieto de Don Francisco, José Alberto Medina, quien encabeza la tercera generación de la empresa familiar.

“Mi entrada es un poco extraña, porque soy abogado, estaba como asesor legal de la empresa, siempre estuve involucrado, de niño mis veranos eran ir a trabajar a la empresa”, recordó.

El jefe de mantenimiento “tenía la ilusión de que yo fuera carpintero, porque él era carpintero, pero no se me dio; lavaba ollas, como era pequeño podía meterme para darles mantenimiento adentro, limpiaba, pintaba, era un buen soldador”.

El 12 de diciembre de 2012 y tras ir convenciendo poco a poco a la segunda generación de dejar el espacio a los que seguían, José Alberto Medina asume la dirección de la empresa familiar.

En esta tercera etapa aún participan familiares que son accionistas y primos involucrados en algunas partes operativas o en ventas.

“Es muy complicado, nos ha costado mucho trabajo ir y venir, no es una historia lineal sino que hemos tenido retrocesos, pero realmente lo que más nos ha sostenido son los clientes”, señaló.

“Mi papa enfrentó problemas con sus hermanos, primos, si hubo épocas difíciles, tensas, porque los ves en la oficina, pero también en las reuniones familiares, eventos”.

“Yo también, siendo abogado, enfrenté algunos pleitos internos de la familia, que son desgastantes, tristes, pero al fin de cuentas, la empresa salió bien librada, las familias también, no se le quitó nada a nadie, siempre fue un tema muy delicado, ahora es una empresa institucional, aunque sigue siendo familiar”, subrayó.

Ahora existe un consejo de administración independiente, y “tratamos de que la empresa permanezca a pesar de las personas, así como mantener e incrementar las fuentes de trabajo”.

Hoy, a 79 años de haber sido fundada, Deiman, con 300 trabajadores, comercializa cuatro mil sabores en todo el país, así como en Estados Unidos, Sudamérica y España, con la capacidad de igualar, con calidad, cualquier tipo de sabor.

“Llevamos el sabor de México recuperando la memoria histórica a través de la comida”, puntualizó.