Más de la mitad de su vida peregrinando al Tepeyac

María Isabel Baltazar de Santiago, tiene 81 años y no siente el cansancio, su fe por la Virgen de Guadalupe la animan y le alientan.

María Isabel
Su rostro refleja el paso de los años, su andar ya es lento, pero su fue por la Santísima Virgen de Guadalupe es inquebrantable.

San Juan del Río, 16 Julio 17.- Su rostro refleja el paso de los años, su andar ya es lento, pero su fue por la Santísima Virgen de Guadalupe es inquebrantable. La señora María Isabel Baltazar de Santiago, es originaria de Tolimán y asegura que por más de 40 años ha participado en la peregrinación a la Basílica de Guadalupe para visitar a la Virgencita Morena y agradecer los años que ha dado de vida.

María Isabel, tiene 81 años de edad, pero no desmaya para alimentar su fe católica por la Santísima Virgen de Guadalupe, con la esperanza de tener un año más de vida sana y con las bendiciones de obtener lo indispensable para vivir.

La historia de esta mujer peregrina comenzó hace 40 años, cuando de manera personal y convencida por su Fe a la Morenita, emprendió su caminata hacía la Basílica para agradecerle ante su altar cada una de las bendiciones que ha tenido a lo largo de su vida.

Aunque nunca se casó y jamás tuvo hijos, la octogenaria siempre es acompañada por las mujeres de su comunidad, que año con año la motivan a continuar luchando y disfrutando de su vida, pues de esa maneras las fieles de la zona ven un aliciente para realizar su caminata.

“Yo vengo a pedirle a la Santísima Virgen por mi Salud, yo no soy casada, se siente bonito motivarlas a que peregrinen, es muy lindo, también, he ido a San Juan de los Lagos, yo nada más le pido a Dios que me cuide, yo siempre les digo que se siente muy bonito”.

Isabel narra que hace más de cuatro décadas, que durante el año realizada un ahorro significativo para participar en la peregrinación, ya que manifiesta que con ello, Dios y la Virgen de Guadalupe la acompañarán hasta el día de su muerte.

A sus 81 años de edad, manifestó que seguirá realizando la peregrinación para enseñarles a las nuevas generaciones la devoción y Fe que debe tener la Iglesia católica, pues a lo largo de la vida, las personas sufren transformaciones que las hacen reflexionar y cambiar para acercarse a la Familia de Dios.

“Cada año ahorro mis centavitos para poder venir, es poquito, pero lo hago por convicción y Fe, cada año”, señaló satisfecha de haber avanzado ya un largo trecho hacía el Tepeyac.