Papa pide pasar de la lógica del egoísmo a la hospitalidad

Asunción, 12 Jul 15 (Notimex).- El Papa Francisco instó hoy a los cristianos a pasar de la lógica del egoísmo, la clausura, la lucha, la división y la superioridad a la lógica de la vida, de la gratuidad, del amor.

Durante el sermón de una misa multitudinaria que celebró en el campo grande Ña Guazu, a las afueras de la capital paraguaya, el pontífice aclaró que “el cristiano es aquel que ha aprendido a hospedar, a alojar”.

Recordó que Jesús envió a sus apóstoles a vivir la hospitalidad, porque les ordenó permanecer donde les dieran alojamiento y a aprender una de las características fundamentales de la comunidad creyente.

“Jesús no los envía como poderosos, como dueños, jefes, cargados de leyes, normas; por el contrario, les muestra que el camino del cristiano es simplemente transformar el corazón”, indicó.

“Aprender a vivir de otra manera, con otra ley, bajo otra norma. Es pasar de la lógica del egoísmo, de la clausura, de la lucha, de la división, de la superioridad, a la lógica de la vida, de la gratuidad, del amor. De la lógica del dominio, del aplastar, manipular, a la lógica del acoger, recibir, cuidar”, agregó.

Estableció que dos lógicas están en juego, dos maneras de afrontar la vida y la misión.

“¿Cuántas veces pensamos la misión en base a proyectos o programas. Cuantas veces imaginamos la evangelización en torno a miles de estrategias, tácticas, maniobras, artimañas, buscando que las personas se conviertan en base a nuestros argumentos?”, insistió.

“Hoy el señor nos los dice muy claramente: en la lógica del evangelio no se convence con los argumentos, con las estrategias, con las tácticas, sino aprendiendo a alojar”, apuntó.

Según cifras preliminares, en la celebración participó aproximadamente un millón de personas, entre las cuales destacaron los presidentes de Paraguay, Horacio Cartes y de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner.

De hecho, al final de la celebración la mandataria saludó en un breve encuentro al Papa junto con Cartes y posaron para la foto, delante de un monumental retablo construido magistralmente por el artista paraguayo Delfín Roque Ruiz.

Las imágenes de San Francisco y San Ignacio, así como el techo del retablo fueron construidos con millones de granos de maíz y frijol, cáscaras de coco y otras legumbres, que fueron aportados por agricultores del país.

También el ideograma de los jesuitas, orden a la que perteneció el Papa, fue realizado con la antigua técnica artesanal enseñada justamente por los sacerdotes jesuitas a los indígenas paraguayos en la época de las reducciones.

En su mensaje, el pontífice subrayó que la Iglesia es una “madre de corazón abierto” y es la “casa de la hospitalidad” que sabe acoger, recibir, especialmente a quien tiene necesidad de mayor cuidado, que está en mayor dificultad.

Esta hospitalidad, insistió, debe ser con el hambriento, el sediento, el forastero, el desnudo, el enfermo, el preso, el leproso, el paralítico.

“Hospitalidad con el que no piensa como nosotros, con el que no tiene fe o la ha perdido. Hospitalidad con el perseguido, con el desempleado. Hospitalidad con las culturas diferentes, de las cuales esta tierra es tan rica. Hospitalidad con el pecador”, ponderó.

Constató que no se puede obligar a nadie a recibir y a hospedar, pero consideró también cierto que nadie puede pedir a los cristianos que no reciban y no abracen la vida de sus hermanos que han perdido la esperanza y el gusto por vivir.

“Qué lindo es imaginarnos nuestras parroquias, comunidades, capillas, lugares donde están los cristianos, como verdaderas centros de encuentro entre nosotros y con Dios”, estableció.