De la venta por sexo en Bolivia al sindicato de prostitutas en España

Bolivia
El Gobierno Municipal de la ciudad de La Paz, Bolivia, aprobó la creación de un nuevo rubro de control administrativo de actividad económica: la "venta de sexo". Foto: Ilustrativa.

Barcelona, España, 26 Noviembre (SEMlac/LaIndependent).- Hace unos días, en medio de las montañas andinas, a 4.000 metros de altura, el Gobierno Municipal de la ciudad de La Paz, Bolivia, aprobó la creación de un nuevo rubro de control administrativo de actividad económica: la “venta de sexo”.

SEMlac/La Independent entrevistó a María Galindo, conocida activista feminista y parte del movimiento Mujeres Creando, cuya organización participó en dicha novedosa iniciativa y, por ello, se le pidió comparara lo ocurrido en su ciudad con la reciente y polémica creación del sindicato de mujeres en prostitución llamado OTRAS en el Estado Español, recientemente anulado judicialmente.

En una larga entrevista, que reproducimos a continuación aprovechando el formato web, María Galindo explica el éxito de esta nueva normativa de La Paz que repercute en lo que ella denomina “oficinas prostitución autogestionaria” y que reconoce a la prostitución como una actividad económica.

Además, nos da frases que llevan a la reflexión: “La prostitución nos obliga a volver a discutir la relación entre mujeres y trabajo”; tanto en las formas de trabajo como en el matrimonio “no hay un corte, sino una continuidad” con la prostitución; y “es imposible pensar feminismo ni hacer feminismo sin pensar en la prostitución”.

Rechaza las posiciones abolicionistas o regulacionistas “típicas del feminismo europeo”, que parten de una “visión binaria” que refleja “un estancamiento dramático de los feminismos en España”; donde, además, no se debe olvidar “el carácter colonial de la estructuración del universo de la prostitución”; reclama por el respeto a “la soberanía y la autonomía de cada mujer que está en prostitución por decisión propia”; llama a “aportar con un debate, que es imprescindible y urgente” y pide a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que se sume a él.

Explícanos qué ha pasado, ¿cómo es que la alcaldía de La Paz creó el rubro económico “venta de sexo”? Y cuál ha sido la intervención de Mujeres Creando en el proceso.

Fuimos nosotras, Mujeres Creando, junto a una organización de mujeres en estado de prostitución OMESPRO, quienes hace dos años presentamos la iniciativa legislativa ciudadana y la fuimos largamente discutiendo con el Gobierno Municipal.

Me extenderé para explicarlo. La situación era la siguiente: la última normativa del Gobierno Municipal de La Paz data de 1909, cuando los burdeles recibían el nombre de “casas de Tolerancia”, se trataba de una normativa caduca históricamente, que dejaba todo el universo de la prostitución expulsado de la historia. En estos 100 años, Bolivia logró el voto universal, la reforma agraria y más, pero ninguna norma se había atrevido a cambiar el régimen sobre los burdeles y lenocinios.

Nosotras nos venimos organizando en locales autogestionarios pequeños, en grupos de mujeres de cuatro, ocho o 12 mujeres, que se han emancipado de los proxenetas y llevan adelante la prostitución de forma autónoma. Son justamente estos locales los que recibían la mayor presión de parte de la policía, con continuas redadas, extorsiones y formas de abuso, con el pretexto de que serían locales “clandestinos”. Cuando queríamos sacar licencias de funcionamiento, el Gobierno Municipal nos las negaba porque no existía la venta de sexo como actividad económica.

El punto clave era la venta de alcohol y los volúmenes de inversión. Nosotras hemos decidido separar la venta de sexo de la venta de alcohol y, por lo tanto, no nos interesaba acceder a licencias como karaokes, bares u otros que disfracen el rubro de la prostitución en el rubro de venta de alcohol y, además, al contrario de los bares o nightclubs, los locales autogestionarios son “precarios”, suponen inversiones mínimas que no pasan de algunas camas, algún arreglo y mamparas para separar los espacios.

En ese contexto, sin esta norma, el Gobierno Municipal terminaba fomentando de forma indirecta a los proxenetas y dejando la prostitución autogestionaria en el limbo de la clandestinidad. Nos usaban como un escudo con el que la policía y el Ayuntamiento hacían continuos simulacros de lucha contra la trata, arrestando a las compañeras y hostigándolas, inclusive bajo presión de los proxenetas.

Se puede decir que, desde que creamos las llamadas “oficinas” de prostitución autogestionaria, hemos sufrido lo que yo llamaría, sin miedo a equivocarme, “una persecución política continua”. Por eso presentamos la norma.

Lo obtenido ¿es lo que se esperaba o es una parte de los objetivos?
La ley ha sido discutida a detalle con nosotras, punto por punto y, por ahora, que ha sido aprobada en grande, falta en detalle, responde a nuestras demandas. Se ha logrado introducir, por un lado, a la prostitución autogestionaria en la normativa y con posibilidades de reconocimiento municipal. Que una mujer en prostitución pueda sacar, organizándose con otras, licencias de funcionamiento para sus locales sin depender de proxenetas.

Por otro lado, que se reconozca la prostitución como una actividad económica en el Municipio de La Paz. Además, como una actividad económica que no necesariamente está ligada al consumo de alcohol o drogas.

¿Qué quieres decir con poca inversión?
Se ha logrado poner parámetros para la obtención de licencias de funcionamiento que respondan a la realidad de “pobreza” de las mujeres en prostitución, que no tienen grandes capitales para montar locales gigantes.

Estamos hablando de locales con las mínimas condiciones espaciales y, también importante, sin conformar un gueto, ya que no se restringe a una zona específica de la ciudad. Se permite hasta de 10 metros cuadrados, con ventilación y puerta. Es decir, esta ley afecta de forma directa a los proxenetas y a la corrupción municipal y policial que está confabulada con ellos.

Hay quien dirá que esta es una manera de fomentar la prostitución…
Es un argumento que cae por su propio peso. Hoy día, en todas las ciudades del mundo, la prostitución es gigante y La Paz no es la excepción. Quien está en prostitución lo estará de todas maneras, sea como autogestionaria o como sujeta a los intereses y formas de explotación de un proxeneta.

La magnitud de la prostitución tiene una relación directa con el trabajo, con la ausencia de trabajo, con los salarios bajísimos que suponen la mayor parte de los trabajos para mujeres y con las propias condiciones de acoso sexual y chantaje en las que están las mujeres en los trabajos. La prostitución nos obliga a volver a discutir la relación entre mujeres y trabajo.

En nuestra organización tenemos enfermeras, comerciantes, estudiantes universitarias, también desempleadas crónicas, un poco de todo. La mayor parte ha ejercido antes todo tipo de trabajos y la prostitución no es su primer oficio.

Hacemos la comparación entre las formas “prostituyentes” en el mundo laboral de las mujeres: muchas veces tener que pagar el puesto de trabajo con sexo al jefe y cobrar por sexo es ineludible y muy popular entre las compañeras, no hay un corte entre prostitución y otras formas de trabajo, sino una continuidad.

Dentro del mismo feminismo no hay acuerdo sobre el tema, son posiciones encontradas entre las llamadas abolicionistas y las que respaldan la legalización de la prostitución mediante variadas medidas ¿Qué piensas de cada posición?

Personalmente, me agotan mucho las dicotomías que son típicas del feminismo europeo y que tienen que ver con una base de pensamiento binario que se reproduce en muchos campos. Nunca me he adscrito a ninguna de las dos posiciones.

Pero inclusive escribiste un libro junto a Sonia Sánchez y ella tiene, al parecer, una posición clara al respecto.

Soy coautora de uno de los ensayos en castellano más leídos sobre prostitución, que se llama Ninguna mujer nace para puta, escrito a cuatro manos con Sonia Sánchez, quien luego fue cooptada por instituciones abolicionistas y se negó mi autoría y se arrancaron los contenidos de su contexto. La mayor parte de ese libro viene de la experiencia boliviana, que ha sido profunda y dramática. Hasta el titulo salió de nosotras. Sonia se separó de la propia organización y se dedicó a hacer del libro un acto mercantil, sin organización política detrás.

Estoy en esto hace 15 años porque considero que es imposible pensar feminismo ni hacer feminismo sin pensar prostitución. Tampoco es posible comprender el universo complejo de las mujeres sin tener a la prostitución, y concretamente a la “llamada puta”, como el centro de este universo.

Por eso, nosotras, como Mujeres Creando, fomentamos hace muchos años la creación de la primera organización de trabajadoras sexuales en Bolivia, una organización que fue cooptada por los organismos internacionales para embarcarse en el discurso de “derechos” para las trabajadoras sexuales, que en los hechos, en Bolivia, se convirtió en un brazo de defensa de los proxenetas.

Es por ello que Mujeres Creando rompió con ellas para empezar todo de nuevo y por ese camino de rupturas y repensamiento es que llegamos a la creación de una organización de prostitución autogestionaria.

Todo el proceso de reflexión no fue desde la teoría, buscando una suerte de lugar “correcto”, sino desde el debate con ellas, siempre con ellas. OMESPRO es una organización de mujeres en prostitución que ha decidido no hacer militancia pública de la prostitución, porque no quieren pasar por el manoseo de los medios de comunicación, no quieren testimoniar nada para la sociedad y porque no quieren estar sujetas a la crítica moralista de sus familias, de los entornos de sus hijos e hijas, etc. En una sociedad como la nuestra, donde el control social es tan directo, muchas de ellas hasta pueden perder la vivienda con una militancia pública.

Si no es buscar colocarse en un lugar correcto, como dices, ¿dónde te pones?

Lo que nosotras estamos abriendo hace años en el debate en prostitución es algo nuevo, ni abolicionista ni regulacionista, es una reflexión propia. En la ley recién obtenida, no ponemos la prostitución como trabajo, sino como actividad económica, esto me parece interesantísimo para la reflexión.

Nuestras próximas luchas tendrán que ver con extender esta ley a otros municipios del país y entrar en la gran discusión con lo que nosotras llamamos “Estado proxeneta”, porque queremos discutir la relación del Estado con el cuerpo de “la puta”.

En Bolivia existen lo que yo llamo los “leprosarios del siglo XXI”, que son recintos de “salud”, específica y únicamente para la revisión de las mujeres en prostitución, donde se les revisa únicamente sus vaginas, no para curarlas si estuvieran enfermas, sino para habilitarlas o descalificarlas para trabajar. Así, se violan, en estos actos, toda la lista de derechos constitucionales imaginables y se mutila sus cuerpos. Vamos a entrar a discutir estos temas y a cambiarlos, por supuesto.

Tomando en cuenta que no existe una igualdad social, que hay explotación en el sistema, ¿no existe el riesgo de que estas organizaciones de mujeres en situación de prostitución acaben siendo manejadas por los proxenetas, es decir, que se desvirtúen?

Los proxenetas son un poder a partir de que manejan grandes capitales y con esos capitales manejan segmentos de la policía, de migración y de confabulación con poderes territoriales, como las Alcaldías.

La lucha contra esos poderes no es ni más ni menos que la lucha de cualquier sector laboral, como el caso de las maquiladoras que son expropiadas de su trabajo, o como la lucha de las trabajadoras que venden productos para grandes transnacionales sin un contrato laboral, sino con un contrato de deuda, como Yanbal o Esika. Los ejemplos nos sobran y las alianzas entre nosotras son lo que falta.

Las reglas del juego para comer o no comer, para subsistir o no, las ha puesto hoy el neoliberalismo a escala mundial. La prostitución es para las mujeres, en el caso boliviano, una forma de subsistencia tan legítima como cualquier otra de las formas de subsistencia. Al mismo tiempo, como en todas las formas de subsistencia, cuando además te organizas y generas unas condiciones autogestionarias, vas construyendo un conocimiento que hoy es imprescindible para los feminismos. Los conocimientos, los saberes de “la puta”, que solo ella los puede extraer en sus condiciones laborales, son un tesoro.

Deberíamos, por supuesto, además, generar espacios de alianzas y complicidad con “la puta”. Nosotras tenemos miles de grafitis al respecto, pero uno que me gusta mucho es: “todas tenemos cara de puta”. Todas hemos sido llamadas “putas” en diferentes contextos y muchas de nosotras estamos insertas en relaciones prostituyentes, fuera de un contexto estricto de prostitución.

Por eso mismo, aquellas que están en prostitución y que manejan el sexo como una mercancía monetizable tienen mucho que enseñarnos. No tenemos un taller que darles a las “putas”, sino que tenemos un taller que recibir de ellas.

Vale, vamos a otro contexto. En España se ha creado hace poco un sindicato, OTRAS, y esto ha provocado un intenso debate, que incluso acabó en los juzgados. ¿Cómo tendría que resolverse este tema?

La discusión en torno del sindicato y la firma del manifiesto y toda la polémica que ha levantado refleja una visión binaria y un estancamiento dramático de los feminismos en España, pero, más grave que eso, no se respeta la soberanía y la autonomía de cada mujer que está en prostitución por decisión propia, negándole el derecho a organizarse y, por lo tanto, a existir y, por lo tanto, a aportar con un debate que es imprescindible.

Hay que comparar, por ejemplo, prostitución con matrimonio. Sería muy pertinente y a ver si negáramos a las amas de casa organizarse porque no son amas de casa por voluntad propia. Claramente, y discúlpenme si se ofenden, yo veo un empantanamiento en el debate porque responde a un pensamiento binario: estás a favor o estás en contra, y no hay lugar a profundizar ni a repensar nada.

Personalmente creo que el debate de la autogestión en la prostitución es un avance gigante. Es una afectación a todas las condiciones de trabajo en la prostitución. Los proxenetas en Bolivia se oponen a la ley porque, justamente, ahora, cualquier compañera puede romper con ellos y organizarse por cuenta propia. No es fácil ni es una taza de leche, pero es una posibilidad.

En nuestros estatutos, discutidos y asumidos colectivamente, hemos llegado al detalle más concreto, como el sexo con condón, el número de habitaciones que quiere hacer cada compañera, lo decide ella de forma además flexible. Que tiene deudas y necesita estar horas y horas en “La Oficina”, perfecto, que tiene un examen en la universidad y cambia de horario, perfecto.

Cosas muy interesantes que hacen a la vida misma. La prostitución autogestionaria crea para las compañeras, además, algo que ellas mismas se han dado y reclaman: una vida paralela a la prostitución, porque, dentro de relaciones proxenetas, lo que entregan entero es toda su energía, todo su tiempo y toda su vida sin margen para nada más. La separación de la venta de sexo de la venta de alcohol es otra reflexión muy importante que está aportando la prostitución autogestionaria.

¿Encuentras algún paralelismo entre lo ocurrido en La Paz y en España? ¿Cuáles son las diferencias entre ambos contextos para quienes ejercen la prostitución?

Son contextos muy diferentes. Algo que definitivamente complejiza el contexto en España es el carácter colonial de la estructuración del universo de la prostitución. Las compañeras provenientes de África ocupan un lugar diferente que las compañeras provenientes del Este de Europa o las provenientes de Latinoamérica en general. En ningún país la prostitución es una y homogénea, hay muchas capas y complejidades que en España están atravesadas por un carácter colonial.

Muchas de ellas están sujetas a relaciones de trata y tráfico de personas, no como secuestradas sin voluntad, sino como hambrientas sin oportunidad alguna. Es más fácil que ellas entren a España de la mano de un tratante de prostitución que en una patera de la mano de un tratante de mano de obra. Por eso, la discusión sobre prostitución en España es altamente urgente y política.

No es casual, tampoco, que un porcentaje muy alto de las mujeres en prostitución en España sean “extranjeras”, tampoco es menor la presión sexual y el acoso que vive una trabajadora que está fuera de la prostitución, en el oficio que tenga: pensemos en las cosechadoras de Huelva, violadas por los patrones, pero pensemos en las trabajadoras del hogar o asistentes de ancianos que, en un numero gigante, soportan presión o pagan con sexo “su tranquilidad” en el trabajo.

Lo que no se puede hacer es cortar la prostitución como un universo aparte, que está en Marte, hay una continuidad entre matrimonio y prostitución, hay una continuidad entre trabajo fuera de la prostitución y dentro de la prostitución y hay una redefinición de las condiciones laborales para todas las mujeres del sur en un neoliberalismo xenófobo, como el que está instalado en España.

Si te preocupa la trata de personas, tienes que luchar contra la Ley de Extranjería y no impedir que las mujeres en prostitución se organicen. Me parece indignante.

¿Aconsejarías a las alcaldesas de Barcelona y Madrid, que tienen un perfil de izquierda y feminista, que hagan suya la medida adoptada en La Paz?

Cuando estuve en Barcelona, invitada por SUDS y auspiciada por el Gobierno Municipal, ilusamente pedí audiencia con Ada Colau, o cualquier colaboradora, para contarle justamente este proceso que lo considero, sin duda, una llave muy interesante.

Creo que es fundamental, no puedes tener una alcaldesa que se considere feminista en una “ciudad feminista” y que no abra un escenario de debate, de deliberación y propuesta, sobre las cuestiones de la prostitución, que son siempre cuestiones territoriales que les atañen de forma directa e ineludible.

No me explico cómo no se han volcado con debates internacionales y propuestas culturales que nos den un marco para una discusión política de la prostitución. Me parece que hay un gran temor de hacerlo. De hecho, el proceso en el gobierno municipal de La Paz lo hemos abierto con esta ley nosotras, ellos institucionalmente jamás lo hubieran hecho.