Necesidad llevó a “Kenny Man” a la música comercial

Asdrúbal, el rapero detrás del cantante urbano, trabajaba haciendo mosaicos

Kenny Man
Atrás quedaron los días de que en su natal Panamá, Asdrúbal Alfaro Hurtado veía lejano poder comprar unos tenis de marca. Foto: Twitter.

México, 26 May (Notimex).- Atrás quedaron los días de que en su natal Panamá Asdrúbal Alfaro Hurtado veía lejano poder comprar unos tenis de marca, ahora ni siquiera debe pagar por ellos porque se los obsequian patrocinadores desde que su tema “Ni Gucci ni Prada” lo catapultó al éxito.

“Soy de mamá panameña con ascendencia china y papá tico con ascendencia mexicana, me quedé en Costa Rica desde 1988, antes de que llegara la invasión a Panamá por Antonio Noriega y después regresé en 1996 por una oportunidad de trabajo que le salió a mi papá que hacía mosaico”, recordó.

Interesado en conocer sus orígenes, que distan del lujo que ahora puede darse de usar gafas o reloj de marca, “Kenny Man” compartió a Notimex cómo trabajó ayudando a su papá hasta que los mosaicos fueron remplazados por la baldosa.

“Entonces mi papá se dedicó a otras cosas como la construcción y la pintura, y yo también lo apoyaba mucho. Gracias a Dios nunca viví en la miseria o en la pobreza total pero tampoco en la clase media; comíamos y vivíamos bien pero no con tantos lujos”, relató con sinceridad.

En ese entonces su ropa no era de marca, como la que ahora porta, y hasta que tuvo su primer trabajo, cuando fue mayor de edad, pudo comprar sus primeras zapatillas (zapatos deportivos), de marca, tras lo cual su vida enfrentó un drástico cambio, pues a los 23 años tuvo a su primera hija.

“Ahí tuve que madurar a la fuerza, tuve que dejar la Universidad, me faltaban como dos años todavía, pero no me daba el tiempo; hay mucha gente que se la juega y mis respetos, pero ese momento la situación no me dejaba estudiar y trabajar a la vez”, recapituló.

Asdrúbal cursaba la carrera de dibujo automatizado, porque le gustaba dibujar, pero desconocía que fuera algo “tan cuadrado” y hasta aburrido, como lo automatizado; no obstante, si no hubiera sido cantante seguiría con el dibujo.

“Me costó mucho y al final no pude terminar; pensé lo termino más adelante y al final no lo logré, pero no todo es eso. Creo que estamos muy educados en la forma de que necesitamos un título para sentir que somos alguien en la vida y no es así; el que es pintor, el que es soldador o escultor, puede ser alguien en la vida con su talento”.

Para sacar adelante a su familia regresó a la construcción, donde trabajó como albañil, aunque en realidad era como un “handyman” porque también realizaba labores de electricidad, aire acondicionado y pintura, aunque en su tiempo libre podía enfocarse a su pasión musical.

“La música de rap no daba mucho dinero en Panamá, realmente era como un hobbie; vivía de mi trabajo y la música rap me daba distracción y diversión por el momento, y eran muy pocas las veces que cobraba por hacer música”, recordó el cantante.

De la construcción al taller de chapistería

Asdrúbal, conocido como “Kenny Man” cuyo nombre significa “hombre ingenioso” pues canny en inglés significa astuto, reconoció que siempre tuvo la esperanza de conseguir un trabajo mejor, y aunque incluso pasó por un call center, banco y bodega, el salario no le alcanzaba, menos cuando su familia creció.

“Me endeudaba demasiado pidiendo prestado, no tenía muchas cosas en mi casa, y entonces tuve que dar mi brazo a torcer y hacer la música que en un momento critique o no me gustaba, que era la música comercial, que la sentía muy vacía”.

Aunque decidió hacer música comercial la encaminó a su manera, es decir con algún tipo de historia o mensaje, como hizo con “Ni Gucci ni Prada” sobre un amor desinteresado, que escribió cuando trabajaba en un taller de chapistería que, explicó, es el equivalente a un taller de hojalatería y pintura para los carros.

Aunque respetaba mucho ese trabajo su compañero artista Mr. Saik le dijo que le veía mucho talento para estar metido ahí, ganando entre 15 a 20 dólares por día (entre 285 y 380 pesos) como relató.

“Él me dijo que saliera de ahí, que renunciara, que me iba a ayudar en mi carrera, y así lo hizo, fueron seis meses de prueba en las que me recomendó: trata de no guerrear con nadie, no tires más puya, deja ya el rabo de lado por un momento y hazme un disco que funcione”, contó.

Fue así que grabaron en el estudio dicho tema, del que hace poco lanzó un remix al lado del cantante colombiano Sebastián Yatra, y que considera le sigue abriendo muchas puertas; sin embargo, reconoció que tendrá que poner más empeño para no volverse un artista de solo un éxito.

Opinó que “Ni Gucci ni Prada” ha tenido un efecto domino o avalancha, y sigue creciendo, prueba de ello es que ya tiene más de un año, aquí en México alrededor de cuatro meses e incluso muchos países donde todavía lo llaman solo por esa canción.

“Entonces pensé: ¡necesito hacer una canción más fuerte que ésta! pero si me pongo esa mentalidad de competir contra mí mismo me va a causar mucho desorden mental así que prefiero fluir, cuando hice esta no la hice pensando en pegar y me firmaron cuando la canción ya estaba hecha”, relató.

Sobre su look extravagante y con lujos, indicó que en realidad él se sigue vistiendo urbano, aunque por asesoría de su manager y la gente de su equipo tratan que no sea “tan calle” por el tipo de música que canta, pero él afirma que trata de mantener la mezcla de ambos: hip hop con lo urbano.

“No soy una persona ambiciosa negativamente, que quiera tener el mejor carro o la mejor casa, eso es bueno y no se lo critico a nadie, pero siento que hay muchas prioridades por hacer en mi vida, la fama la tuve muy repentina, en un año logré lo que estoy logrando. Necesito solamente mantener los pies sobre la tierra”, dijo.

Entre esos pendientes está seguir ayudando a “su viejo” (padre) así como mejorar su casa. Incluso confesó que no tiene carro, pero para él los lujos es ver a sus hijos contentos con un par de juguetes, así como él lo es jugando con una consola con videojuegos que antes no se podía comprar.

Actualmente su hija Kennybeth tiene 9 años y le gusta mucho la música electrónica, mientras que su hijo de tres años Kenny disfruta del rap y el más pequeño, Kenneth, de ocho meses, apenas escucha a su papá en la tele o la radio y lo reconoce.