Alebrijes de San Antonio Arrazola, fantasías talladas en madera

Alebrijes de San Antonio Arrazola. NOTIMEX

San Antonio Arrazola, Oax., 18 Jul 15 (Notimex).- La elaboración de un alebrije de madera, de aproximadamente 15 centímetros de altura, toma al artesano Román Miguel Morales por lo menos unas cuatro horas de su tiempo y sin considerar su decoración.

En su taller trabaja diez horas al día, o más si es que corre con suerte y llegan muchos “gringos” a comprarle.

Desde hace 20 años se dedica al arte de crear alebrijes tallados en madera y decorados con pintura vinílica. Lo hizo por necesidad y por el gusto de echar a volar su imaginación.

Los alebrijes son seres fantásticos conformados por diversos elementos fisonómicos de animales. Hace más de 80 años, el artesano Manuel Jiménez (1919-2005) creó las primeras piezas en su natal San Antonio Arrazola.

“Al principio se les llamaba animales irreales tallados en madera, pero después el mismo turismo comenzó a denominarlos como alebrijes, aunque primero se les conoció de papel cartón hechos por Pedro Linares en los años 30.

“Los de él y su familia, son básicamente dragones fantásticos y nosotros abarcamos todo tipo de animales”, explicó Román Miguel a Notimex.

Las tortugas fueron los primeros seres que talló en madera de copal y conforme fue agarrando práctica, se aventuró con otros animales. Hoy en día, lo mismo hace perros que dragones de tamaño diminuto o hasta de un metro de altura.

Sus herramientas son un machete para cortar la madera. Para darle forma, tan sólo requiere de cuchillos de cocina de diferentes tamaños y bien afilados.

Aunque algunas piezas se parezcan a otras, todas son únicas porque vienen de la imaginación de cada artesano. “No recurrimos a manuales, no tenemos moldes ni usamos máquinas para hacerlos. Cada una es elaborada a mano y con absoluta precisión”, resaltó.

“A veces veo un perro pasar y me inspiro en él, pero le pongo orejas de gato, cola de dragón, patas de oso y cuerpo deforme, así lo convierto en mi propio ser fantástico”, indicó el artesano mexicano, quien antes de iniciar su trabajo deja secar la madera por lo menos unos cuatro días bajo el sol, según la humedad del clima.

“Se hace así para poder lijarla y curarla, ya que el copal tiende mucho a la polilla. Procuramos tapar los agujeros e imperfecciones resanando la madera para obtener también un color final”, explicó.

Una vez lograda la figura, se prosigue a la decoración con pintura vinílica. Esta tarea la realizan principalmente las mujeres de San Antonio Arrazola porque asegura, ellas tienen mejor precisión en los trazos, mejor vista y saben combinar los colores.

“Utilizamos pinceles muy delgados y plumas para marcar las líneas. Nosotras no cortamos la madera porque el machete es exclusivo de los hombres”, comentó Josefina Morales, cuya especialidad son las iguanas y los dragones.

Su trabajo, dijo, es totalmente rudimentario, “porque aunque existen escuelas en las que se enseña la técnica para crear alebrijes, nosotros los hacemos de la manera antigua, lo mismo que el panadero con su pan, sin utilizar máquinas que saquen las piezas iguales”.

Las figuras que elaboran en el taller tienen un costo de entre 40 pesos como los separadores de libros o llaveros, hasta mil 600 pesos las más grandes. Sin embargo, también procuran las miniaturas que incluso llegan a valer unos 400 pesos debido a la precisión de su tallado y decoración.

“El turismo mexicano valora nuestro trabajo. Aquí llegan provenientes de varios estados del país, pero siempre buscan la pieza más económica o la más grande; mientras que el extranjero, básicamente el gringo, pregunta por la de mejor calidad y hasta revisa los trazos con lupa”.

Hay otros clientes, menciona, que llegan solicitando al animal con la mejor vibra, “pues tienen la creencia de que absorben las malas energías de los lugares. Aunque yo pienso que son bonitos para decorar el hogar o la oficina, no me mal viajo pensando en otras cosas”.

Hace 23 años que Josefina Morales se desempeña como decoradora de figuras de animales talladas en madera para convertirlas en alebrijes. Comenzó porque su esposo se dedica a lo mismo y a la fecha es la actividad que realizan para mantener a su familia.

Con el tiempo, se convirtió en el oficio prioritario en San Antonio Arrazola, donde el 90 por ciento de sus habitantes lo lleva a cabo. Sin embargo, tras el atentado en 2001 a las Torres Gemelas en Nueva York, les ha ido más o menos en las ventas.

“El turismo bajó muchísimo porque Estados Unidos entró en crisis económica. A esto se sumó la inseguridad que hay en Oaxaca, la gente sintió miedo y dejó de venir. Hay semanas en las que no vendemos ni un peso y hay otras que sale al menos para comer”.

Y es que la creación de alebrijes dejó de ser un trabajo local, pues opina que se ha convertido en una industria muy comercial y grandes marcas apoyan su proliferación, pero sin brindar apoyo o pagar el precio justo a los artesanos oaxaqueños.

“Nosotros somos un taller independiente, pero frente a nosotros está una gran empresa que tiene convenios con las agencias de turismo, quienes les llevan gente y cierran la puerta para que no salgan a conocer el pueblo y no adquieran mercancía de otras personas, sólo las de ellos.

“Son acaparadores porque ahí ponen a la venta piezas de entre 15 a 20 mil pesos, quizá de 50 mil pesos. Los tamaños varían y la finura también, pero es una exageración porque no cuestan eso, pero no hay de otra. Ante la falta de apoyo de las autoridades, nosotros tenemos que rascarnos con nuestras propias uñas”, concluyó.