Destacó Celedonio Serrano Martínez en múltiples ámbitos intelectuales

México, 2 Mar. (Notimex).- De envidiable sencillez, el poeta e investigador mexicano Celedonio Serrano Martínez, de quien se cumple mañana el centenario de su nacimiento, destacó como profesor progresista, catedrático de literatura y escritor.

A él se debe la tesis sobre el corrido mexicano autóctono, en la que asegura que este género musical tuvo su origen en México y no en los cantares españoles.

De acuerdo con sus biógrafos, Serrano Martínez, originario de Tlalchapa, Guerrero, se graduó de maestro en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, gracias al apoyo del profesor Raúl Isidro Burgos, ya que sus padres, de origen humilde, no tuvieron los recursos económicos para apoyar sus estudios.

A temprana edad se interesó por los cantares populares, que eran interpretados por trovadores que versaban sonetos transmitidos de generación a generación.

Con el tiempo sería esta manifestación musical y cultural su pasión, pues en ellos se abordaban hechos cotidianos de la población, como canciones de amor, corridos por desavenencias conyugales y otros más que se dirigían a los amigos que fallecían.

Atraído por el corrido mexicano, se dio a la tarea de visitar diversos estados del país para hacer una amplia investigación sobre el tema; recorrió pueblos y rancherías, y al igual que hoy pasa con muchas manifestaciones populares típicas de México, el poeta manifestaba una profunda decepción por el descuido de las autoridades ante tal producción musical.

En su tesis planteó que el auge del corrido en México se suscitó en la Revolución y que tiene como esencia conservar en la memoria del pueblo la información de los hechos. Además, afirmaba que el corrido no es derivado del romance español, con lo que echó por tierra las afirmaciones hispanófilas de intelectuales como Alí Chumacero y Gabriel Saldivar, quienes aseguraban lo contrario.

Con su investigación obtuvo el grado de maestro en Lengua y Literatura Española por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y posteriormente con la misma institución publicó un libro con sus aportaciones.

Serrano Martínez no detuvo su labor como intelectual con esta investigación, pues publicó más de una decena de obras, entre ellas, “El Coyote, corrido de la Revolución” (1951), considerada una joya de la literatura latinoamericana.

El volumen fue editado dos años después con prólogo de Jaime Torres Bodet y grabados de Gabriel Fernández Ledesma y Francisco Moreno Capdevila.

Otras creaciones literarias del escritor mexicano son “Romancero del balsas” (1942); “Voces del campo” (1953); “La bola suriana” (1989); “Altamirano: Breve asomo a su vida y a su obra” (1952); “Nuevo diálogo de la lengua” (1957); “El cazador y sus perros” (1959); “El corrido mexicano no deriva del romance español” (1963); “Conjunto Juan Reynoso. Música tradicional de la región de Tierra Caliente” (1980) y “El empautado” (1980).

Además de su labor como escritor se desempeñó como Director de la Escuela Rural de Coyuca de Catalán, de 1940 a 1942; supervisor de Enseñanza Normal en la materia de Lengua y Literatura, entre 1947 y 1948, y docente en la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa y en la Escuela Nacional de Maestros.

Igualmente, miembro del Consejo Técnico de la Dirección General de Enseñanza Normal y del Comité Organizador de la Junta Nacional de Educación Normal, del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, y del Comité Mexicano pro Artesanías y Artes populares, así como de la Academia Nacional de la Cultura del Sistema Nacional de Trabajadores de la Educación, cita el portal de Internet “enciclopediagro.org”.

Publicó artículos y poemas en el “Anuario” de la Sociedad Folclórica de México; en las revistas “Vórtice” y “América”, y las editadas por la Dirección General de Enseñanza Normal; así como en diversos medios de circulación nacional.

En octubre de 1988 el gobernador de Guerrero, José Francisco Ruiz Massieu, le entregó el Premio Civil al Mérito Literario “Juan Ruiz de Alarcón”.

Su intensa y multifacética actividad sólo la detuvo su muerte, registrada el 21 de enero de 2001, en la Ciudad de México; sus cenizas se encuentran en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Jardín del Arte de Tixtla, Guerrero.