En la imagen, fotografía de archivo de ratones de laboratorio utilizados en los experimentos. EFE/Fernando Alvarado.

Barcelona (España), 28 jun (EFE).- Un fármaco antirretroviral común para tratar el VIH, la lamivudina, mejora la capacidad cognitiva en ratones con síndrome de Down, según un estudio que publica hoy la revista Journal of Cellular and Molecular Medicine.

El estudio fue realizado en el Centro de Regulación Genómica (CRG) y el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa, en Barcelona (este de España), que ahora iniciarán un ensayo clínico para probarlo en humanos.

La investigación pone de relieve el potencial de la lamivudina, u otros fármacos capaces de bloquear la misma diana terapéutica, para mejorar el deterioro cognitivo del síndrome de Down, aunque los investigadores admiten que hay que hacer aún estudios clínicos para confirmar que el fármaco provoca un efecto similar en los seres humanos.

El síndrome de Down es una condición causada por la presencia de un cromosoma extra en el genoma humano, que contiene 23 pares de cromosomas, pero, en el caso de las personas con este síndrome, hay una de estas parejas que, en vez de dos, presenta tres copias del cromosoma número 21.

Además de otros problemas, las personas con síndrome de Down también tienen un mayor riesgo de padecer Alzheimer, puesto que el cromosoma 21, que tienen triplicado, contiene los genes de una proteína relevante para esta enfermedad, la proteína precursora amiloide (APP), que se acumula en el cerebro generando agregados proteicos que causan la alteración de la función cerebral.

Estos agregados proteicos son comunes en la mayoría de las personas mayores de 40 años con síndrome de Down, sin que haya hasta ahora un tratamiento preventivo.

Ahora, los resultados de este estudio apuntan a una posible vía de tratamiento con fármacos y sitúan a los retrotransposones como una posible diana terapéutica para el síndrome de Down, según explicó el director del IrsiCaixa, Bonaventura Clotet.

Los retrotransposones son segmentos de ADN que cambian su ubicación dentro del propio genoma creando copias de ARN de sí mismos para salir de la zona del genoma donde están ubicados y convertirse de nuevo en ADN para poder volver a insertarse en el genoma, pero ya en otro lugar.

Dichos segmentos pueden insertarse en áreas específicas del genoma y, por casualidad, posicionarse en regiones promotoras de genes asociadas a enfermedades neurodegenerativas, potenciando su actividad.

Según Clotet, la actividad de estos segmentos de ADN para saltar de un sitio a otro del genoma aumenta con la edad.

“Además, los retrotransposones presentan algunas similitudes con el VIH ya que, al igual que este virus, necesitan pasar de ADN a ARN, y a la inversa, para hacer copias de sí mismos”, desglosó el especialista.

De este modo, los investigadores se plantearon la hipótesis de que el uso de moléculas capaces de inhibir la replicación del VIH –como la enzima transcriptasa inversa– también podría funcionar para bloquear los retrotransposones.

“Tanto el VIH como los retrotransposones necesitan la misma molécula para hacer copias de sí mismos: la enzima transcriptasa inversa”, detalló Clotet.

La comunidad científica había demostrado que la lamivudina, un inhibidor de esta enzima que ya se utiliza contra el VIH, disminuía la activación de los retrotransposones en ratones de edad avanzada, por eso pensaron que su uso también podría ser útil para contrarrestar el deterioro cognitivo asociado al síndrome de Down.

Para demostrarlo, trataron con lamivudina durante cuatro meses ratones con síndrome de Down, mientras que otro grupo se utilizó como control y únicamente recibió agua.

Experimentaron los comportamiento diseñados para comprobar la actividad locomotora, memoria de reconocimiento y ansiedad, y descubrieron que los ratones que recibían lamivudina mostraban mejores capacidades cognitivas.

La investigadora del CRG Mara Dierssen aportó que los resultados del estudio plantean la hipótesis de que los beneficios observados gracias a la lamivudina podrían deberse a su efecto sobre una o más variantes del gen APP.

“Nuestro trabajo pretende apoyar a personas con síndrome de Down y a sus familias ofreciéndoles más opciones para vivir de forma independiente, en particular a los afectados por la enfermedad de Alzheimer en fase inicial”, puntualizó Dierssen.

“Seguimos necesitando tratamientos farmacológicos que ayuden de forma consistente a mejorar las funciones de memoria, atención y lenguaje, o a prevenir el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento en personas con síndrome de Down”, agregó.

Este estudio “es un paso más para cambiar esta situación”, ya que revela que la actividad de los retrotransposones es un mecanismo interesante que hay que estudiar no solo en el envejecimiento, sino también en los trastornos del neurodesarrollo.

El siguiente paso que se plantean los investigadores es iniciar ensayos clínicos con el fármaco en personas con síndrome de Down y enfermedad de Alzheimer.