Viena, 21 may (EFE).- La invasión rusa de Ucrania no se debió a la expansión de la OTAN sino a la ambición del líder ruso, Vladímir Putin, de controlar todo el espacio postsoviético. Un conflicto con elementos de “guerra colonial” en el que Rusia no admite la autonomía de una Ucrania independiente.

Estas son algunas de las ideas que Serhii Plokhy -el historiador ucraniano más reconocido internacionalmente- explica en Viena a Efe sobre la guerra que desangra a su país y que dañará “durante generaciones” las relaciones entre Ucrania y Rusia, las dos repúblicas más importantes de la extinta URSS.

Ucrania tuvo un papel fundamental tanto en el funcionamiento de la Unión Soviética como en su disolución en 1991, por lo que las ambiciones de Putin pasan por someter a ese país.

EL LEGADO DE PUTIN

“Putin piensa en su legado y quiere revivir el Imperio Ruso. Ucrania, como espacio geopolítico, cultural e histórico, forma parte de esa idea”, explica Plokhy (Nizhni Nóvgorod, 1957), profesor de la universidad de Harvard (EEUU).

“Putin repite que los ucranianos y los rusos son un mismo pueblo, lo que significa que Ucrania no existe como una nación diferente”, agrega el autor de “The last empire: The final days of the Soviet Union”, que se encuentra en Viena como investigador invitado por el Instituto de Ciencias Humanas (IWM).

“Putin está obsesionado con la historia, con la extensión de las fronteras rusas como parte de su legado, con el sueño de una ‘Gran Rusia'”, indica.

La guerra -afirma- ha unido como nunca a la población ucraniana, que se ha opuesto de forma decidida a la invasión, incluidas las regiones rusófonas del este y del sur.

Para Plokhy, la identidad ucraniana se basa en la lealtad a instituciones comunes por encima de la lengua -rusa o ucraniana- y de otras filiaciones como la religión.

La existencia de una amenaza externa unificó al país y también se desvaneció -después de 2014- la esperanza de cualquier mejora económica o de otro tipo bajo tutela rusa.

“Nadie tiene ya ninguna ilusión sobre lo que Rusia puede traer, nadie quiere convertirse en otro Donbás”, resume sobre la pésima situación económica y social en las dos autoproclamadas repúblicas soberanas reconocidas sólo por Rusia.

La destrucción de ciudades ucranianas con grandes poblaciones rusófonas, como Mariupol y Jarkov, ha aumentado el rechazo a Rusia, no sólo político sino también cultural, con algunos renunciando incluso a emplear el ruso pese a ser su lengua materna.

“La guerra no ha sido otra cosa que un fiasco para los intereses rusos”, sostiene el historiador.

EL ORIGEN

Plokhy recuerda que la actual guerra empezó ya en 2014, cuando Rusia se apropió de Crimea, “la primera anexión de territorio europeo por otro Estados desde la II Guerra Mundial”.

Para el historiador la débil reacción de los países europeos, convencidos de que esa anexión contentaría a Putin, alentó a Moscú.

El presidente ruso justificó la anexión como la corrección de un error histórico: la transferencia de la península a Ucrania por parte del líder soviético Nikita Jrushchov cuando ambos países eran repúblicas de la URSS.

La anexión se produjo un mes después de que el entonces presidente prorruso de Ucrania, Víktor Yanukóvich, fuera derrocado tras meses de protestas por el rechazo a firmar un prometido acuerdo de asociación con la Unión Europea, algo que, según Plokhy, fue el origen del conflicto.

“En 2014 todo comenzó como parte de la competencia entre dos proyectos integracionistas. Y para Rusia era fundamental que Ucrania, como la segunda república soviética más grande, formara parte de su proyecto de la Unión Euroasiática”, expone.

Para Plokhy, la OTAN nunca ha sido una amenaza para el régimen de Putin, sino una excusa necesaria para Moscú. “La amenaza para el régimen nunca vino del exterior, sino de dentro, de su propia población”, sostiene.

MITOS Y PROPAGANDA

El Kremlin caracterizó a las autoridades que reemplazaron a Yanukóvich como “fascistas” y “nazis”, vinculando explícitamente la anexión y el apoyo a las milicias prorrusas de Donbás a la victoria de la URSS sobre el Tercer Reich, sacralizada en la Rusia moderna.

“Es pura propaganda y se basa en la propaganda soviética de la II Guerra Mundial, que asoció a los ucranianos con la Alemania nazi. Esa propaganda se usa una y otra vez porque el mito más poderoso del régimen ruso es el de la gran victoria contra los nazis”, resume.

El uso de la historia para justificar la agresividad rusa hacia Ucrania ha sido continuo desde 2014. “La historia ha sido un campo de batalla desde el comienzo”, afirma.

EL RUMBO DE LA GUERRA

Plokhy se muestra optimista sobre el futuro de Ucrania a largo plazo, pero muy preocupado por el presente, por la muerte y la destrucción que deja una guerra a la que no se le vislumbra un fin.

A su juicio, que Ucrania haya detenido la “guerra relámpago” con la que Rusia pretendía tomar la capital del país y hacerse con el control ya es “una victoria”.

Pero el historiador recuerda que Rusia cuenta con enormes recursos y que la UE y Occidente no deben caer en divisiones y mantener la presión sobre el Kremlin.

“La seguridad de Putin depende del nivel de tolerancia del pueblo ruso. Si la guerra es demasiado costosa para el pueblo ruso, también será demasiado costosa para Putin”, concluye.