Cristal lleva cinco años siendo madre de una niña. Cuando tenía 19 años, este embarazo inesperado se cruzó con sus planes para entrar a la universidad. PIXABAY.

Veracruz, México, mayo (SEMlac/Testigo Púrpura).- Cristal lleva cinco años siendo madre de una niña. Cuando tenía 19 años, este embarazo inesperado se cruzó con sus planes para entrar a la universidad y la incertidumbre de su futura carrera profesional. Ahora, los temores implican más la seguridad e integridad de su hija que la suya, por los altos índices de violencia contra las mujeres que hay actualmente en el país.

Desde que inició su proceso para convertirse en madre, el miedo ha sido una constante en su vida. Desde guardar el secreto de su embarazo -esperando que los síntomas fueran ya imposibles de ocultar-, hasta pensar todos los días en cómo proteger a su hija de la inseguridad y violencia de la que México no se ha podido deslindar.

Aunque el delito de feminicidio se encuentra a la baja (disminución de un 34,8 por ciento en marzo de 2022, según cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública), el incremento de noticias sobre desapariciones y delitos de feminicidio en el país evidencian otra realidad para las mujeres mexicanas.

Este aumento en la difusión de crímenes contra la mujer ha hecho que el Día de las Madres cobre otros sentidos que hace décadas eran impensables.

Ahora, sentimientos como la consternación, el enojo y el miedo forman parte de la rutina diaria de millones de madres como Cristal, que cada mañana se despide de su hija sin la certeza de volver de su trabajo, sin saber si hoy o mañana podría ser parte de la estadística.

Su miedo, presente a la par de los meses de gestación, era alimentado constantemente por su pareja y padre de su hija, quien se mostraba preocupado por el sexo del bebé.

“Me decía ‘oye, pero es que con las niñas tenemos que ser más cuidadosos. Si es niña hay que tener ciertas precauciones’. Yo en ese entonces no tenía tan clara esta situación, hasta que ella nació”, recordó Cristal sobre ese período.

Ser madre es enfrentarse a miedos tan serios como comunes en el contexto actual de violencia perpetrada en el país, sean sus hijos hombres o mujeres.

Ser madre de una mujer acrecienta aún más ese temor, por la brecha de género, por los peligros de los que tanto nos advierten y por los que poco se educa y por los casos de violencia y feminicidios que azoran diariamente la tranquilidad de millones de madres e hijas.

Nos enseñan a crecer con temores
“Tienes que tener cuidado, no la tienes que dejar con nadie, no importa que tengas que ir al baño; no puedes ser descuidada”, son algunos de los consejos que aún resuenan en las preocupaciones de Cristal por ser madre de una mujer.

Situaciones de acoso o abuso normalizadas durante generaciones han construido poco a poco estos consejos que parecen más advertencia que recomendación.

México es el primer lugar a nivel mundial en abuso sexual a menores de edad, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El 90 por ciento de esas violaciones se da en el entorno familiar e incluso al interior de los hogares, lugares en los que debería estar garantizada la integridad de los menores.

Lorena Redondo, psicóloga especialista en psicología comunitaria, en perspectiva de género y en sustentabilidad humana, coincide con este dato: quienes principalmente cometen este tipo de abusos y agresiones son personas de la familia o allegados.

“Hasta el día de hoy sigue habiendo un subregistro por el miedo a denunciar, porque a niños y niñas se les amenaza y culpabiliza”, destacó la especialista.

Además, advirtió que el impacto de los índices de violencia en el país afecta de manera significativa en el comportamiento de niños y niñas, así como en las medidas que padres y madres tienen para su protección.

“Las generaciones más jóvenes nacieron ya en un mundo violento, en un país con problemas de delincuencia, de narcotráfico, un país reconocido a nivel mundial por sus índices de violencia en contra de la mujer y de feminicidios”, agregó.

Casos como el de Debanhi Escobar, que después de 13 días desaparecida fue hallada sin vida por elementos de la Fiscalía de Nuevo León, taladra la vulnerabilidad de millones de jóvenes y madres que temen la misma cosa: desaparecer y que no existan consecuencias para los culpables.

“Ya no contamos con una vida tranquila, no sabemos si al salir al trabajo o a la escuela vayamos a regresar a casa. Este constante miedo y estrés claro que afectará en una sobreprotección que es entendible hasta cierto punto”; mencionó la especialista.

Un sinuoso camino para hijas y madres
Durante el primer trimestre de 2022 han ocurrido cerca de 30 feminicidios en Veracruz, en los cuales la justicia brilla por su ausencia -a pesar de las dos alertas de género que tiene el estado por violencia contra las mujeres-, pues durante 2021 de las 69 carpetas de investigación por feminicidio, sólo a 12 se les dictó sentencia.

La hija de Cristal tiene apenas cinco años, mismos que para su madre han significado una lucha contra las frustraciones de los mandatos de género, contra la inequidad y los temores de su crecimiento en un Veracruz violento donde impera la impunidad.

Esto, aunado al alto porcentaje de abusos a menores de edad, principalmente a niñas, propicia que el miedo inherente a ser menor y ser mujer prevalezca cuando se llega a la adolescencia e incluso a la adultez.

Cristal considera que los altos índices de violencia convirtieron al país en un lugar que no es el ideal para crecer ni vivir, mucho menos siendo mujer.

Ella, por su parte, hace lo suyo aconsejando y previniendo con medidas que, para la edad de su hija, considera que son obligatorias y necesarias: saber siempre su ubicación, saber con quién está, no permitir que extraños platiquen con ella y la recomendación de nunca hacer algo que ella no quiera.

“Mi medida más que nada es y será explicarle los riesgos que siempre habrá en lugar de prohibirle algo, porque si no siento que puede llegar a tener desconfianza de decirme las cosas”, mencionó la joven de 24 años.

No obstante, la especialista mencionó que si bien es importante acatar ciertas medidas e incluso restricciones (sobre todo en adolescentes que apenas están conociendo la libertad), estas deben ser siempre coherentes y sanas para su desarrollo con otras personas:

“Es un tema polémico porque estamos observando que no tenemos ya en este país la posibilidad de salir a la calle ni hacer nuestra vida, normal como ir a estudiar sin miedo, ir a tomar un café, es normal que lo procuren las madres, pero eso no significa que ya no deban ir a la escuela ni salir nunca de la casa”.

Muchas veces ciertas restricciones pueden detonar en frustración y enojo por parte de las y los adolescentes. Por ello, Redondo hizo algunas recomendaciones para sobrellevar el miedo:

Ser siempre claros al platicar sobre los peligros que puede haber fuera del hogar.
No entrar en pánico por el incremento en la difusión de estos casos.
Poner límites y horas de llegada coherentes.
No prohibir salidas ni oportunidades para distraerse; esto podría resultar en desconfianza.
Determinar contactos seguros, como teléfonos de padres y madres o amistades de confianza en caso de no obtener respuesta.
Poner atención en los detalles: si sale, saber su vestimenta y tener presentes sus señas particulares.
“Es normal la preocupación y se entiende, pero esto también es parte de su crecimiento y sus ganas de conocer el mundo, no solo a través de los ojos de sus padres”, agregó la especialista.

Ser madre joven en México
En 2019, el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES), indicó que la brecha de desigualdad para el género femenino aumenta cuando son madres, y esto Cristal lo secunda como víctima de ciertos estigmas de ser madre joven.

“Actualmente en mi trabajo hay personas que no me toman en serio o que creen que no soy apta para estar en el puesto en el que estoy por el simple hecho de ser mamá y ser joven”, manifestó.

Cuestiones como los años de experiencia en el rubro, los posibles cambios de planes y comentarios hirientes sobre la situación de Cristal han llegado a afectarle anímicamente y a no sentirse a gusto en su actual trabajo.

En la Ciudad de México, una de cada tres quejas recibidas por la Comisión para Prevenir y Erradicar la Discriminación en la capital son por despido injustificado por embarazo; una de las causas más frecuente de discriminación.

Aunque actualmente ella no esté embarazada, recordó que en la época en la que asistía a la universidad, sus amigos y compañeros no entendían y hasta le recriminaban que no pudiera acompañarlos a algún lugar después del horario de clases.

INMUJERES, en un intento por romper los estigmas ligados a la maternidad, anunció un plan de desarrollo 2019-2024 en el que habrá más políticas públicas, programas y acciones para aumentar las oportunidades de este sector de la población.

Para Cristal, falta aún mucho para reconocer que la maternidad puede ser ejercida en todas sus formas, sin distinción de edad y a la par de un trabajo formal en el que pueda compaginar el amor y el cuidado de una madre por su hija en crecimiento.

Redondo reiteró que el rol de la maternidad no debería implicar la anulación de una misma por dar y servir a otros, y puntualizó:

“Creo que la mejor manera de ejercer una maternidad sana es cuando esa mamá está sana, cuando procura su bienestar, se atiende a sí misma; es algo básico y necesario para sus hijas, porque ellas de alguna manera están aprendiendo a ser madres”.

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