Vista de varios productos típicos a la venta en un mercado popular del barrio de Al Midan, en Damasco, el 20 de abril de 2022, durante el mes sagrado musulmán de Ramadán. EFE/Rania Zanoun.

Damasco, 27 abr (EFE).- En las estrechas callejuelas del mercado damasceno de Al Jazmatiya, el aroma empalagoso de los dulces típicos de Ramadán se entremezcla con las notas afrutadas de bebidas de temporada hechas a base de tamarindo o regaliz, todavía reinas del mes sagrado musulmán pese a la precariedad en Siria.

Algunos vendedores hacen gala de los valores del importante mes ofreciendo sus productos, sin esperar nada a cambio, a personas con poco poder adquisitivo: “Quien lo desee que no dude en llevarse lo que quiera” y “El Ramadán es un mes generoso”, gritan desde sus puestos en el céntrico bazar capitalino.

Este año, son todavía más las familias que necesitan de la generosidad característica del periodo para poder disfrutar de algún bocado o sorbo especial, mientras que muchas están optando por preparar los brebajes típicos en sus casas en vez de comprarlas en el mercado para ahorrar algo de dinero.

“Antes el cliente compraba dos o más botellas, pero hoy se lleva solo una para su familia. La diferencia de precio es grande porque el coste es alto, y por eso hemos subido el precio”, explicó a Efe un vendedor de jugos de Ramadán en el popular bazar capitalino Al Jazmatiya.

A pesar de todo, la amplia selección de bebidas tradicionales del mes sagrado se mantiene como uno de los imprescindibles en las mesas sirias, siendo el gran favorito el “Al Jalab”, un brebaje rojo también popular en otros países del Levante y elaborado con dátiles, agua de rosas, melaza de uva, piñones o pasas.

OTRAS VARIEDADES

El “qamarudín” también ostenta un lugar especial en el paladar de los sirios, pues se cree que fueron las llanuras de Guta, a las afueras de Damasco, las que le vieron nacer y muchos consideran que en ellas se cultivan todavía los albaricoques más adecuados para su elaboración.

EFE/Rania Zanoun.

El espeso néctar anaranjado, con agua de rosas o de azahar y trozos de albaricoque fresco o seco, se sirve frío y tiene la reputación de ayudar a prevenir los dolores de cabeza y la deshidratación que a veces acompañan a las largas horas de ayuno diurno.

“La de regaliz es una de las bebidas más populares de Ramadán (…) Es una hierba seca que se pone en una gasa, se le añade bicarbonato y la dejamos varias horas para fermentar”, indicó a Efe el vendedor Abu Omar sobre otro de los brebajes más demandados en esta época.

Tampoco puede faltar en ningún mercado que se precie el zumo de tamarindo o “Tamr Hendi”, hecho a base de la fruta del árbol de mismo nombre.

Para obtener el mejor resultado, el fruto tropical es puesto en remojo y posteriormente triturado, antes de mezclarlo con azúcar y, a veces, con zumo de limón.

INDISPENSABLE PESE A LA PRECARIEDAD

Como casi todo en el país árabe, los elixires de Ramadán se han encarecido tras casi once años de guerra, varias rondas de sanciones internacionales y, más recientemente, el conflicto entre Ucrania y Rusia, importante aliado del que Siria dependía comercialmente en gran medida.

Según los últimos datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA), alrededor del 55 % de la población del país sufre inseguridad alimentaria aguda, incluidos dos millones de personas que residen en campamentos y que dependen totalmente de la ayuda humanitaria para subsistir.

Además, la inflación alimentaria interanual alcanza ya el 313 % en la nación, por lo que no es de extrañar que las bebidas más codiciadas ronden casi los 5 dólares por litro.

Vendedores consultados por Efe culpan a la subida de los precios del combustible y otros gastos relacionados con el transporte, además del encarecimiento de las propias materias primas como la pasta de albaricoque, imprescindible en la preparación del famoso “qamarudín”

Um Fawaz, una consumidora de 65 años, reconoció a Efe que este año se conforma con los más asequibles refrescos de regaliz y rara vez adquiere zumo de tamarindo debido a su elevado precio, aunque para ella lo importante es mantener la tradición porque el mes del ayuno “pierde su sabor” sin sus bebidas típicas.