Tras la pandemia, el aumento de las mujeres empleadas que había registrado México entre 2018 y 2020 se estancó, y el trabajo del hogar no remunerado aumentó. CIMAC NOTICIAS.

Ciudad de México.- Tras la pandemia, el aumento de las mujeres empleadas que había registrado México entre 2018 y 2020 se estancó, y el trabajo del hogar no remunerado aumentó, de acuerdo con datos analizados por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), quien recomendó fortalecer las transferencias monetarias destinadas al cuidado de niñas y niños, y consolidar el Sistema Nacional de Cuidados.

El Coneval detalló en un informe de marzo de 2022, difundido en su boletín de abril, que cinco meses después de haberse iniciado la pandemia, en el periodo de agosto a noviembre de 2020, el empleo de las mujeres retrocedió en 2.8 puntos porcentuales (pp), a la par que el trabajo doméstico como ocupación exclusiva aumentó en 2.1 pp.

Si bien el descenso de la empleabilidad de los hombres fue mayor (en 3.9 pp), su ocupación exclusiva en el trabajo de casa aumentó tan sólo 1.2 pp. Así, en 2020, 1.2 millones de hombres reportaron que los quehaceres domésticos fueron su ocupación primaria, mientras que en las mujeres esta cifra ascendió a 18.4 millones.

“De esta forma, los avances sostenidos en el incremento del porcentaje de mujeres empleadas observado durante la pre-pandemia se vieron estancados, y la división sexual del trabajo se reforzó”, detalló el organismo.

De acuerdo con el Coneval, para las mujeres en pobreza, el empleo y el trabajo del hogar son las principales ocupaciones; no obstante, antes de la pandemia, en 2018, se observaba un porcentaje mayor de mujeres empleadas (47.1 por ciento) que de las dedicadas exclusivamente al trabajo de casa (44.5 por ciento). En 2020 esto se revirtió, ya que el empleo descendió en 2.3 pp. y el trabajo del hogar aumentó en 1.3 pp, así, el porcentaje de las mujeres con trabajo exclusivamente del hogar (45.8 por ciento) fue ligeramente mayor que el de empleadas (44.8 por ciento)

Para las mujeres que no están en situación de pobreza, el empleo, que es su principal actividad, retrocedió en 2.9 pp al pasar de 56.2 a 53. 2 por ciento, mientras que el trabajo del hogar, que es la segunda ocupación más común, aumentó en 2.3 pp al pasar de 32.0 a 34.3 por ciento.

Mientras, para los hombres en y fuera de la pobreza, el empleo ha sido la única actividad que figura como su principal ocupación. En 2018, 81.1 por ciento de los hombres en situación de pobreza estuvo empleado, para 2020 la contracción fue de 3.5 pp, ubicándose en 77.6 por ciento. El porcentaje que reporta el trabajo doméstico como su ocupación primaria creció a tan sólo 3.4 por ciento.

Frente a esta desigualdad, el Coneval recomendó fortalecer las transferencias monetarias para el cuidado de las niñas y los niños en el hogar, así como crear otras estrategias que otorguen servicios directos de cuidado a la niñez, personas adultas mayores y con discapacidad, y consolidar el proyecto federal del Sistema Nacional de Cuidados.

De acuerdo con el Consejo el monto total de las transferencias monetarias provenientes de los programas sociales tuvo un aumento mayor en los hombres que en las mujeres. “Ante la brecha histórica de género en cuanto a ingresos, es imperativo reforzar la perspectiva de género en las estrategias gubernamentales, aún más en contextos como el de la actual pandemia”, señaló el organismo.

Este llamado viene de que en su análisis, observó que históricamente las mujeres presentan mayor dependencia de las fuentes indirectas de ingresos, que se componen principalmente de transferencias monetarias del gobierno. De 2016 a 2020, 30 por ciento del total de los ingresos de las mujeres en situación de pobreza provinieron de esta fuente, mientras que en los hombres en situación de pobreza fue de tan solo 7 por ciento.

No obstante, las transferencias monetarias, que se incrementaron durante la pandemia, originaron que la participación de las fuentes indirectas en el total de ingresos aumentara 1.7 pp. en los hombres en pobreza y en 0.7 pp. para las mujeres en la misma situación; para las mujeres y hombres sin pobreza, los incrementos fueron de 0.9 pp. y 1.2 pp, respectivamente, de acuerdo con el Coneval.

En términos monetarios, el monto total de las fuentes indirectas de 2018 a 2020 (que incluye los primeros cinco meses de pandemia) aumentó 38 por ciento para los hombres en pobreza y 33 por ciento para aquellos fuera de pobreza, mientras que los incrementos en las mujeres fueron de 6 por ciento en situación de pobreza y 10 por ciento en ausencia de esta.

En el mercado laboral, el Coneval detalló que también se agudizaron algunas brechas de género durante la pandemia, ya que la ocupación sin pago aumentó más en las mujeres, las ocupaciones feminizadas presentaron mayores pérdidas de empleos, y en las mujeres se observó una tendencia de elegir, más que los hombres, jornadas de trabajo más reducidas.

Además, tanto la incidencia de la pobreza extrema como de la moderada presentaron una disminución de 2016 a 2018 en las mujeres y los hombres, tendencia que se revirtió durante la pandemia.

Para Coneval, las principales causas del aumento de la pobreza en 2020 fueron el incremento de la población con ingresos insuficientes para adquirir la canasta básica de bienes y servicios, y de la que presenta carencia por acceso a los servicios de salud, ya que las personas que declararon tener derecho a los servicios del INSABI ha sido menor a la que reportaba tener acceso al Seguro Popular.