La oxitocina vuelve más tolerantes a los leones, salvo cuando hay comida

30 de Marzo de 2022
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Redacción Ciencia, 30 mar (EFE).- La ferocidad que caracteriza a los leones se reduce cuando inhalan oxitocina, una hormona que logra que estos animales estén dispuestos a ser más tolerantes con sus congéneres, excepto cuando llega la hora de la comida.

Los leones son altamente territoriales y no les gusta hacer nuevos amigos, pero con la reducción paulatina de sus hábitats muchos tienen que vivir en reservas o en cautividad, lo que les obliga a compartir espacio con otros leones.

La oxitocina, también conocida como “hormona del amor”, puede hacer que los encuentros entre leones sean menos peligrosos, según un estudio que publica iScience, realizado en la reserva de fauna salvaje de Dinokeng, en Sudáfrica.

Para que la hormona surta efecto lo mejor es pulverizarla directamente en la nariz del animal, pues así viaja por el nervio trigémino y el olfativo directamente hasta el cerebro, de otra manera la barrera hematoencefálica podría filtrarla, precisó la autora principal de la investigación, Jessica Burkhart.

Pulverizar un líquido en la nariz de un león despierto puede ser una labor peligrosa, pero el equipo lo hizo a través de una valla mientras les daban de comer y se servían de un frasco similar a los antiguos frascos de perfume.

Científicos de la Universidad de Minnesota (EE.UU) se dedicaron a ello durante los veranos de 2018 y 2019 con 23 felinos y observaron que eran más tolerantes con otros leones en su espacio y mostraban menos vigilancia hacia los intrusos.

“Puedes ver que sus rasgos se suavizan inmediatamente, pasan de estar arrugados y agresivos a este comportamiento totalmente tranquilo", dijo Burkhart, que aseguró que los animales “se relajan totalmente".

Los leones del estudio tienen un juguete favorito de calabaza, que sirvió para pedir el nivel de tolerancia social gracias a la oxitocina. La distancia media entre ellos se redujo de unos siete metros sin tratamiento a unos 3,5 metros tras la administración de la hormona.

Sin embargo, la hormona del amor también tiene límites y, en este caso, fue la comida: cuando había carne de por medio, los grandes felinos no mostraron una mayor tolerancia entre ellos.

En cualquier caso, lo que sí hicieron fue disminuir significativamente su vigilancia hacia posibles intrusos, y nunca rugieron en respuesta a los rugidos grabados de leones desconocidos, cosa que siempre hicieron los felinos no tratados.

Los autores consideran que este tipo de tratamiento puede ser especialmente útil a medida que las ciudades africanas se expanden e invaden el territorio de los leones, lo que ha hecho que muchos hayan sido trasladados a reservas privadas y obliga a que se mezclen con otras manadas.

Burkhar señaló que actualmente trabajan en la introducción de animales que han sido rescatados de circos o zonas de ultramar o de guerra que ahora viven en santuarios.

La esperanza, según la científica, es que esto se traslade a los animales reubicados en la naturaleza, “ayudándoles a inclinarse por su nuevo entorno social para que sean más curiosos y menos temerosos, lo que llevará a una vinculación más exitosa".