Buenos Aires, 8 mar (EFE).- En el Día Internacional de la Mujer, las ambientalistas convocaron a tener presente que las catástrofes naturales producto del impacto climático, además de ser un problema transversal, afectan en mayor medida a las mujeres a nivel económico y social por verse relegadas a las tareas de cuidado de otras personas.

La fundadora de la organización socioambiental Jóvenes por el Clima Argentina (JOCA), Mercedes Pombo, le dijo a Efe que “el cambio climático profundiza todas las desigualdades preexistentes y ahonda en la desigualdad de género”.

“El cambio climático exacerba esas diferencias porque todas sus consecuencias, ya sean incendios, inundaciones, sequías, generan vulnerabilidad y donde hay que ir a buscar alimentos o agua potable son mujeres las encargadas de esas tareas”, agregó.

Respecto a la aplicación efectiva de los derechos de las mujeres, Pombo consideró que es esencial el reconocimiento de las tareas de cuidado.

“Es necesario entender que las consecuencias socioambientales implican una gran diferencia en materia de tareas de cuidado de forma económica por el fenómeno de la feminización de la pobreza, que es un reclamo histórico del movimiento feminista”, especificó.

La organización humanitaria Oxfam informó en 2020 que el 1 % más rico de la población mundial emitió, entre 1990 y 2015, tres veces más emisiones de carbono que el 50 % más pobre.

Pombo indicó que en el activismo feminista y ambiental cobra importancia el concepto de “interseccionalidad”, un enfoque en donde el sexo, el género, la etnia o la clase social están interrelacionadas, interactúan y crean distintos niveles de injusticia social.

Esta teoría introducida en 1989 en las ciencias sociales por la abogada estadounidense y directora ejecutiva del foro de políticas afroamericanas, Kimberlé Crenshaw, denota cómo los distintos sistemas de opresión traen consecuencias para los derechos humanos de las mujeres.

En este aspecto, la joven activista destacó las voces de las trabajadoras más vulnerables: como el rol que cumplen las cartoneras, personas que se dedican a reciclar para sobrevivir, en Argentina.

“Acá hay una perspectiva de género fundamental, ya que son las cartoneras quienes vienen concientizando hace mucho tiempo con su trabajo y forma de vida. Es donde surge de manera más genuina esta interseccionalidad que existe entre feminismo y ambiente”, explicó.

“Los que menos contribuyeron a la hora de generar esta crisis son los que menos herramientas tienen”, cerró.

ACTIVISMO AMBIENTAL FEMINISTA

Por otra parte, la joven activista y estudiante de filosofía puso de ejemplo a la organización “Madres de Ituzaingó” o las asambleístas de Famatina, grupos de mujeres que van al “frente de batalla” y han protagonizado luchas para garantizar la justicia ambiental en el país suramericano.

Las Madres de Ituzaingó, de la provincia de Córdoba, han protestado, denunciado y llevado a juicio a dos productores sojeros y un piloto de avión por fumigar con agrotóxicos un campo en cercanías del barrio Ituzaingó Anexo donde viven 5.000 habitantes, de los cuales murieron 142 a causa de cáncer.

A pesar de que en 2012 la Justicia falló a favor de las Madres y consideró a la fumigación como un delito, los acusados fueron condenados con penas excarcelables, ya en el segundo juicio durante el 2020 se sobreseyó al único imputado.

Mientras que en la ciudad de Famatina, rica en minerales como el oro, en el norte de la provincia de La Rioja, un grupo de mujeres organizó a sus conciudadanos en asambleas desde 2004 para protestar en contra de los proyectos de megaminería que intentaron instalarse en la región, han logrado echar a diversas compañías, entre ellas la canadiense Barrick Gold.

La argentina Mercedes Pombo posa durante una entrevista con Efe, el 2 de marzo de 2022, en la Plaza del Congreso en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni.

LA COVID-19 EN EL MEDIO

Para Pombo, la pandemia “vino aparejada a un aumento en las tareas del hogar absorbidas por mujeres obligadas a hacer teletrabajo y cuidar de las infancias”.

“En los barrios también, eran femineidades las que levantaban ollas populares y cumplían esa función de contención social frente a esa catástrofe”, relató.

De acuerdo con datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en 2020 como resultado por la crisis de la covid-19 unas 47 millones de mujeres y niñas cayeron por debajo de la línea de pobreza.

Para 2021 previeron que por cada 100 hombres de 25 a 34 años de edad que viven en la pobreza extrema hubo 118 mujeres y esperan que para 2030 este número aumente a 121 por cada 100 varones.

La ambientalista consideró que las nuevas generaciones tendrán que ser parte de la transformación ecologista o ser protagonistas de las consecuencias y llamó a no inmovilizarse frente al dilema.

“La escala del problema genera parálisis y desde ese punto de vista la comunidad científica dice que estamos a tiempo con un objetivo muy concreto a cumplir: limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados, ya que pasado el punto de no retorno será muy difícil de llevar a adelante”, advirtió.