Nueva York, 26 ene (EFE).- La ciudad de Nueva York planea quitar a los automóviles, en la legislatura que acaba de comenzar, un 25 % del espacio urbano para dárselo a usos públicos entre los que están los carriles de autobús o de bicicletas, nuevos espacios peatonales, zonas verdes o aceras más anchas.

“No nos gusta hablar de ‘cerrar calles’, es lo contrario: abrirlas para el uso peatonal y público”, precisa en entrevista con Efe el comisionado de Transportes Ydanis Rodríguez, nombrado por el nuevo alcalde Eric Adams, quien asumió su mandato el pasado 1 de enero.

Dentro de esos nuevos usos públicos también estará la expansión de las “escuelas abiertas”, una continuación de una idea nacida en la época del confinamiento por el covid y que permitió sacar a las calles o plazas contiguas a las escuelas algunas actividades escolares.

De igual modo, la alcaldía impulsará los “restaurante abiertos” -lo que en los países hispanos se llaman terrazas-, una rareza en Nueva York antes del covid y que la pandemia “animó” a que expandieran su actividad en la calle robando a veces carriles enteros de las calzadas, aunque en ocasiones tengan que recurrir a “burbujas” de plástico climatizadas para permitir a los comensales soportar las gélidas temperaturas del invierno.

El plan, del que falta por perfilar los plazos y el presupuesto, se desarrollará durante todo el mandato de Eric Adams, que como el mismo Rodríguez es un reconocido defensor de la bicicleta y le gusta ser fotografiado subido en su sillín.

“Nuestro objetivo es ir a una ciudad donde no se necesite el carro”, añade Rodríguez, quien sin embargo excluye cualquier medida que penalice el uso del automóvil particular.

MÁS BICICLETAS QUE NUNCA

En un día normal, se registran 530.000 viajes en bicicleta en Nueva York, y cada mes hay 773.000 neoyorquinos que usan su bicicleta varias veces al mes.

Con un incremento anual del 4,7 % en el uso diario de las dos ruedas, se ha duplicado el número de viajes en diez años, entre 2009 y 2019, pero su visibilidad se hizo sobre todo aparente en 2020, cuando la mayoría de locales, escuelas y negocios cerraron en Nueva York y las calles se vaciaron de coches.

Hoy en día hay en la ciudad 1.375 millas (2.212 kilómetros) de carril-bici, pero solo 546 millas están “protegidas” -es decir, separadas con barreras “duras”-, lo que no ha ayudado a evitar la cifra relativamente alta de ciclistas muertos en los últimos años: 28 en 2019, 26 en 2020 y 19 en 2021.

El plan del alcalde es añadir 300 millas más de carriles protegidos, y considerar todas las vías ciclistas como prioritarias para su limpieza (especialmente tras las nevadas), teniendo en cuenta que son “lugares de trabajo” para la creciente comunidad de repartidores de comida, que se desplazan a toda velocidad por estos carriles.

LOS AUTOBUSES MÁS LENTOS DEL PAÍS

Los autobuses de la Gran Manzana son los más lentos de Estados Unidos, según reconoce la municipalidad: con una media de 8 millas por hora (12 km/hora), baja todavía más en horas punta, lo que tal vez explica que el número de usuarios haya caído un 13 % en cuatro años.

La alcaldía trabaja en un plan por mejorar los carriles bus, para doblar el número ya bajo de 150 millas en toda la ciudad, pero sobre todo quiere implantar un sistema de semáforos inteligentes (hay 14.000 cruces con semáforos en la ciudad) que permitan a los autobuses pasar con preferencia sobre los coches.

La alcaldía tiene claro que el autobús es el único medio público de transporte disponible en los barrios periféricos (y más pobres) a los que casi no llega el metro, por ello mejorar el servicio de autobús es esencial para elevar el nivel de vida de esos barrios y fijar a su población en ellos, evitando el éxodo de esos barrios, como recuerda el comisionado.

LA PEATONALIZACIÓN AVANZA MÁS LENTA

Dentro de los planes del alcalde también está avanzar en la peatonalización de las calles, sin cifras concretas en una ciudad y un país donde queda todo por hacer en comparación a modelos europeos: en Nueva York, la única zona peatonal (y no por completo) es la que rodea a Times Square, algo que se impuso con gran oposición de los comerciantes.

Todos los planes del alcalde tienen como fin último mejorar la calidad del aire: durante el confinamiento, la desaparición del coche de las calles neoyorquinas se tradujo en una caída del 23 % de la contaminación del aire de micropartículas, y por ello si se reducen de forma sostenida el tráfico rodado, la municipalidad calcula que se llegará a un 34 % de caída.