Olafur Eliasson ofrece en Madrid una serie de instrumentos de navegación para los difíciles tiempos que nos ha tocado vivir. FOTO: EFE/ Zipi.

Madrid (EFE).- Metió el sol en la Tate, instaló una cascada en los Jardines de Versalles y diseminó trozos de iceberg al centro de Londres. Ahora, Olafur Eliasson ofrece en Madrid una serie de instrumentos de navegación para los difíciles tiempos que nos ha tocado vivir: “Estamos asistiendo al fin de la modernidad”, asegura.

“Navegación Situada”, que se puede ver desde hoy y hasta el 3 de abril en la Galería Elvira González de Madrid, es en apariencia sencilla, pero es una compleja propuesta ideada por el famoso artista islandés-danés para que el espectador profundice en los sentidos de presencia y de pertenencia, su conexión con el mundo y las personas que le rodean.

Olafur Eliasson se presenta desde Dinamarca dando la espalda al monitor del ordenador que retransmite su rueda de prensa para saludar en dirección a donde se supone que está Madrid y su nueva exposición.

Su objetivo es, como su propuesta, resituar al espectador, que se replantee las verdades que da por sentado: él no está en la pantalla de televisión, sino a la derecha, a varios cientos de kilómetros, sentado en su estudio.

Eliasson construyó cuatro peculiares brújulas para la muestra de Madrid, se trata de flechas, que, suspendidas en el aire y acompañadas por un imán, apuntan al norte. Él tiene la suya en su despacho en Dinamarca, así, explica, sabe en qué dirección está su familia en Islandia, dónde están los estudiantes de México a los que a veces da clase o sus amigos en España.

“Las pantallas por las que nos comunicados son de dos dimensiones, nuestro cuerpo, las calles y la sociedad en la que vivimos es de tres dimensiones, igual que el cambio climático”, explica el artista.

“Hemos creado una situación para el planeta en la que nuestro propio futuro está en peligro, hemos apostado por cosas equivocadas -señala-, simplemente no lo sabíamos, no hace falta reprochar nada, pero necesitamos darnos la vuelta y mirar hacia adelante”.

Eliasson, une de los artistas más reconocidos de la actualidad, que expuso en los principales museos del mundo como la Tate o el MoMA, cree que el ser humano está asistiendo “al fin de la modernidad, al fin del Renacimiento”, y que los convulsos tiempos que vivimos darán paso a “una nueva organización, todavía por crear”.

La naturaleza siempre fue fuente de inspiración de Eliasson. Un tronco rescatado de la Corriente del Golfo, que tarda aproximadamente 15 años en viajar desde el norte de Rusia a Florida, le sirve de soporte para una serie de cristales coloreados con residuos de lava, como si de las velas de un barco se tratara.

La pieza ‘Lava residue’ juega con la luz y el color, sello personal de Eliasson. De igual modo, en ‘The missing left brain’, la pieza más impactante de la muestra, juguetea con las lentes y un cañón de luz para invitar a reflexionar sobre la hiperpresencia de la lente en la sociedad actual.

“Todos llevamos una en el bolsillo, en nuestro teléfono”, comenta. Hace dos siglos, cuando se inventaron por primera vez, solo las usaba la ciencia, hoy en día, todo el conocimiento pasa a través de ellas. “Ahora todos somos el narrador”, añade.

Las experiencias y acceso al conocimiento está mediatizado, ya no es de primera mano, reflexiona el artista, que se muestra crítico con la industria de la realidad virtual: “Te pones un casco y ves una película sobre delfines en un ‘resort’ en Bali, es toda una industria tratando de hacer negocio con algo que es evidentemente falso”.

El artista habla con orgullo de las siete acuarelas de gran formato que ocupan la sala más grande de “Navegación Situada”. “No soy muy técnico, no estoy en el cómo, sino en el porqué”, explica.

Las estampas invitan a la contemplación. El artista trasladó sus juegos de luces a la acuarela, con suaves tonos de verde, azul y amarillo, y espacios sin pintar que destacan por encima de las coloreadas.

Esa “ausencia de narrativa” también dice cosas, y en ocasiones más alto y claro que el papel intervenido, del mismo modo que no moverse, es un tipo de movimiento, detalla.

“Tendemos a pensar que cuando viajamos, somos nosotros los que nos movemos y todo lo demás está estático, cuando no es así”, asegura.