“Estaría padre saber cuál agenda feminista, la interseccional o la de la derecha clasista, transexcluyente y cargada de teorías de la conspiración”. FOTO: CIMAC NOTICIAS.

Hace unos días me compartieron un Tweet que refiriéndose a una servidora, textualmente dice: “Estaría padre saber cuál agenda feminista, la interseccional o la de la derecha clasista, transexcluyente y cargada de teorías de la conspiración”.

Y de qué tamaño es la ignorancia de la ideología queer que sólo su agenda, incluso la de la interseccionalidad es la correcta cuando el feminismo radical abolicionista usa la interseccionalidad como un enfoque que subraya que el sexo, la etnia, la clase o la orientación sexual, como otras categorías, están interrelacionadas. La categoría interseccionalidad explica, por ejemplo, cómo el racismo y el sexismo interactúan creando múltiples niveles de injusticia social, es decir, una doble discriminación.

El enfoque interseccional permite analizar la suma del racismo y del sexismo o de la misoginia y el clasismo. Es el estudio de las identidades sociales solapadas y sus respectivos sistemas de opresióndominación o discriminación. La teoría sugiere y examina cómo varias categorías biológicas, sociales y culturales como el sexo, la etnia, la clase, la discapacidad, la orientación sexual, la religión, la casta, la edad, la nacionalidad y otros ejes de identidad, interaccionan en múltiples y a menudo simultáneos niveles.

La teoría propone que se debe pensar en cada elemento o rasgo de una persona como unido de manera intrínseca con todos los demás elementos, para poder comprender de forma completa la situación de violencia y discriminación. Este marco puede usarse para comprender cómo ocurre la injusticia sistemática y la desigualdad social desde una base multidimensional. El término fue introducido formalmente en las ciencias sociales por la jurista afrodescendiente Kimberlé Crenshaw en 1989 y permite ver la interacción e intersección de los distintos sistemas de opresión y sus consecuencias para los derechos humanos de las mujeres.

No están inventando ninguna teoría nueva, esa teoría de la interseccionalidad es mucho más antigua que el queerismo, y sin embargo la usan para descalificarnos y calumniarnos como de derecha, como si su agenda fuera la feminista y cómo va a ser la feminista, si se sostiene en tres pilares, la identidad de género, el supuesto “trabajo sexual” (para nosotras prostitución) y la subrogación (para nosotras vientres de alquiler).

Justo los mismos tres pilares que nuclean y sostienen la ideología del feminismo radical abolicionista, que tampoco es nuevo, pero que sostiene que debe abolirse la identidad de género o el género, la prostitución y los vientres de alquiler.

Usamos la interseccionalidad para analizar el contexto de violencia, discriminación y exclusión social que provoca para las mujeres la pobreza, ser niñas o adultas mayores, la falta de oportunidades, tener una discapacidad, la raza, la etnia, la diversidad sexual, etc.

Y quienes profesan la doctrina queer se empeñan en llamarnos transexcluyentes, porque no comulgamos con su doctrina, y porque levantamos la voz para reivindicar que sólo las mujeres menstruamos, gestamos, lactamos, etcétera. Por el contrario, ellos sí nos pueden lanzar una serie de epítetos e insultos, pero cuando argumentamos que las disforias son subjetivas y carecen de sustento científico, se nos tacha de ser de derecha clasista.

De verdad, con la mano en la cintura descalifican, insultan, nos dicen mujeres cis, el hoyo de enfrente, úteros o vaginas con patas. Se anula la biología y otras ciencias, por criterios subjetivos, irreales, que tienden a montarse en los derechos ganados por el movimiento feminista.

Y es cierto, las personas que se identifican como parte de la diversidad sexual, sufren toda clase de violencia y discriminación, pero quienes históricamente hemos sido más violentadas y discriminadas somos las mujeres y las niñas, y su teoría se ha constituido en un arma que el patriarcado está usando contra el feminismo, se ha convertido en el caballo de troya que nos disputa el Artículo 4º. Constitucional, los espacios que les corresponden a las mujeres por la paridad, las leyes de igualdad y discriminación y la ley para garantizar a las mujeres el derecho a una vida libre de violencia.

Se nos disputan los espacios exclusivos para mujeres, como los baños, los refugios para mujeres violentadas, las cárceles y hasta los conventos. Se trastocan las estadísticas y justo hoy leía la historia de Horacia Eduarda que en Argentina cambió su DNI invocando la Ley de Identidad de Género, porque tiene denuncias de su expareja y restricciones para ver a su hija y que de esta manera se desligaría de sus complicaciones judiciales y podría reclamar los mismos derechos que la madre de la niña.

Lo que demuestra que ahí no hay disforia de nada, hay abuso, hay descaro, hay engaño y burla al marco jurídico.

Y por el otro lado tenemos a la academia, en la UNAM, la UAM, en El Colegio de México, y en muchas otras instituciones de educación superior, y en las instituciones gubernamentales como el Inmujeres, se han manifestado abiertamente creyentes de la doctrina queer, sin importarles que las feministas radicales abolicionistas también votamos, pagamos impuestos y deben gobernar también para nosotras.

No deben seguir dando tanto presupuesto para las minorías y dejando sin presupuestos la salud y las políticas públicas de protección y asistencia a mujeres víctimas. Exigimos que se reconozca que la trata y la explotación sexual y reproductiva son formas graves de violencia contra las mujeres. Y que los niños y las niñas no se pueden comprar por contrato, mercantilizando la maternidad.

Llamamos a los partidos políticos y a la propia Suprema Corte de Justicia de la Unión a deponer sus postulados queeristas y dejen de usar términos como personas gestantes, personas menstruantes y personas lactantes, todas funciones biológicas exclusivas de las mujeres. Por cierto, características biológicas que no se corrigen ni con cirugías, ni con hormonización.

Las mexicanas representamos 52.7 de la población de nuestro país y 53 por ciento del padrón electoral, por eso exigimos que se abra el debate, que se nos consulte con conocimiento previo si estamos de acuerdo con esta doctrina.

Y por supuesto, tampoco estamos de acuerdo en que se pretenda hormonizar a las niñas y niños porque en la histeria de la postmodernidad su madre o su padre decidan que tienen disforia de género. No, con las niñas y los niños NO.

Muchos años luchamos para salir de la invisibilización en que se tenía encerradas a las mujeres y sus necesidades en el masculino, y hoy que hemos avanzado, la doctrina queer nos quiere encerrar en la invisibilización del lenguaje incluyente. Es más, ya hay iniciativas donde se pretende quitar de las actas de nacimiento el sexo. No lo permitamos, levantemos la voz, organicémonos, luchemos porque no se nos vuelva a invisibilizar.