Imágenes cedidas por Filmin de la película "Boiling Point".

Madrid, 29 dic (EFE).- Si dos de las visitas más temidas para un restaurante, la de un crítico gastronómico y la de un inspector de sanidad, se concentran en una concurrida noche navideña, el frenético ritmo de trabajo se convierte en asfixiante, tal como plasma “Boiling Point”.

Rodada en un único plano secuencia, “Boiling Point” en su versión original está protagonizada por Stephen Graham (“The Virtues”, “Line of Duty”) en el papel de Andy Jones, jefe de cocina de un lujoso restaurante de Londres que se enfrenta a uno de los servicios más complicados de su carrera mientras intenta mantener a flote la relación con su hijo, una muestra de la difícil conciliación en el sector.

Y es que la película, que nace de un corto estrenado en 2018 y que en su versión de hora y media está nominada en once categorías a los British Independent Spirit Awards y es firme candidata a los Bafta del próximo año, destaca Filmin, está dirigida por Philip Barantini, que durante 12 años trabajó en las cocinas de varios restaurantes.

Igual que el malogrado cocinero Anthony Bourdain afiló sus cuchillos para abrir la puerta trasera de los restaurantes en sus libros “Confesiones de un chef” y “Crudo”, Barantini mete las cámaras en una cena de máximo estrés dando al espectador una panorámica completa del intríngulis de un equipo de cocina y sala y de su clientela.

Un problema del que dejó constancia Bourdain, el alcoholismo y el consumo de drogas para soportar el endiablado ritmo de trabajo, también aparecen en “Boiling Point”; lo mismo que la situación de los ‘stagiaires’ -personal en prácticas que enriquece su curriculum formándose en los mejores restaurantes posibles- y de quienes están en la ‘pica’, normalmente inmigrantes encargados de limpiar con todo el cuidado del mundo las delicadas vajillas.

Además de los problemas personales y laborales de los trabajadores, queda reflejada en el largometraje la variopinta fauna de comensales, entre los que no faltan el más impertinente, el que persigue el ‘selfie’ con el cocinero famoso, el que amenaza con críticas negativas en redes sociales y la que sufre una de las temidas alergias alimentarias.

“Una pesadilla en la cocina antes de Navidad que probablemente aumentará tu empatía hacia cocineros y camareros”, resume la plataforma de entretenimiento, porque se suman problemas salariales y personales y las inesperadas visitas de un inspector de sanidad, de una crítica gastronómica y de un mediático cocinero.

Explica Barantini que rodar en plano secuencia “no era un capricho” porque “en un servicio de cocina no hay pausas, ni cortes, ni la posibilidad de dar un salto en el tiempo; un servicio es una toma y más vale que lo des todo en todos y cada uno de los segundos”.

El corto primigenio le unió tanto a Graham que ambos comparten representante desde entonces y el director delegó en el actor la elección del reparto de la película, según declaraciones recogidas por Filmin: “Tiene sentido porque el jefe de cocina suele escoger a su equipo y era importante emular esa experiencia; y cuando Stephen Graham sugiere un actor o actriz, no es necesario cuestionarlo porque su gusto es impecable”.

Graham reclutó, entre otros, a Vinett Robinson, Alice Feetham, Hannah Walters, Jason Flemyng y Malachi Kirby, equipo que consigue recrear la alta tensión interna que mantiene un lujoso restaurante y que suele quedar ajena a sus comensales.