En enero de 1992, quinientos expertos gubernamentales y no gubernamentales en agua se reunieron en Dublín, Irlanda, en la “Conferencia Internacional sobre Agua y Medio Ambiente”. FOTO: CIMAC NOTICIAS.

En enero de 1992, quinientos expertos gubernamentales y no gubernamentales en agua se reunieron en Dublín, Irlanda, en la “Conferencia Internacional sobre Agua y Medio Ambiente” para discutir el futuro de la gobernanza global del agua en un clima cambiante.

Los principios rectores que surgieron de esta Conferencia reconocieron el papel esencial de las mujeres en la gestión del agua. El principio 3 de la Declaración de Dublín establece que “las mujeres desempeñan un papel central en el suministro, la gestión y la protección del agua” y, por lo tanto, se deben adoptar políticas positivas no sólo para abordar las necesidades específicas de las mujeres con respecto al agua, sino también para empoderarlas para participar “a todos los niveles en los programas de recursos hídricos, incluida la toma de decisiones y la implementación”.

Esta declaración, lejos de ser una medida de sentido común, es el resultado de esfuerzos de gestión milenarios. En muchos países, mujeres y hombres tienen roles diferenciados, relacionados con el uso y la gestión del agua. Debido a estos diferentes roles y la forma en que se evalúan, las mujeres a menudo quedan fuera del proceso de toma de decisiones cuando se discuten los problemas del agua.

Además, las necesidades de agua de las mujeres a menudo reciben una prioridad menor que las de los hombres. Esto no sólo supone una dificultad adicional para las mujeres, sino que también inhibe el establecimiento de políticas y prácticas de gestión del agua verdaderamente eficaces y sostenibles.

Los hombres suelen estar fuera de casa, mientras que las mujeres son quienes realmente usan y administran el agua de manera cotidiana. A lo largo de los años, los comités de agua corriente dejan de cobrar los pagos, administrar el dinero o administrar el mismo nivel de usuarios. En un conocido caso en Malawi (para salvar el proyecto), el gobierno reclutó mujeres en los comités de agua corriente y las capacitó. Una vez que las mujeres se fueron convirtiendo en la mayoría de la membresía, ellas pagaron las facturas del agua de manera más confiable, mantuvieron reuniones regulares con altas tasas de asistencia y rediseñaron los grifos comunales para que fueran más fáciles de usar.

El resultado fue que casi 24 mil familias de bajos ingresos en Malawi obtuvieron acceso a fuentes de agua confiables. Esta historia no es única: Mohamed Yunus ya demostró la capacidad de agencia femenina en la ya larga trayectoria del Grameen Bank, que presta micro-créditos sólo a mujeres en Bangladesh. Y un creciente cuerpo de evidencia muestra que los proyectos de agua pueden volverse más efectivos cuando las mujeres participan.

Sin embargo, pocas ocupan puestos de toma de decisiones en el campo de la gestión del agua en muchas culturas, aunque ellas son las principales proveedoras de agua. Mujeres y niñas suelen ser las que recogen el agua que utiliza una familia para beber, cocinar, limpiar y bañarse. También proporcionan agua de riego para cultivos en crecimiento.

Gran parte de su día se dedica exclusivamente a la recolección de agua para las necesidades de la familia. De hecho, en algunos países, las mujeres y los niños dedican hasta ocho horas al día a esta tarea. También son gestoras de agua con experiencia. Debido a que la tarea del suministro y uso del agua recae sobre ellas, deben conocer la ubicación y confiabilidad del agua, la cantidad, la calidad y cómo controlar adecuadamente su uso.

Los escasos recursos hídricos las obligan a convertirse en expertas en reciclaje de agua, riego y técnicas adecuadas de almacenamiento. Todos estos factores hacen que la participación de las mujeres sea una parte clave de los programas de gestión del agua de una región.

En nuestro contexto, un estudio anota que el noreste de México presentaba ya una clara escasez del recurso agua desde 2017. Es una de las zonas que concentran el mayor porcentaje de la población de México y que generan la mayor aportación económica al producto interno bruto (PIB) nacional, pero con síndrome de pobreza crónica en sus territorios.

Y así como la pobreza, la escasez de agua afecta de forma diferente a las mujeres y a los hombres debido a la división sexual y social del trabajo. En este contexto, las mujeres han sido solucionadoras de problemas y preservadoras de la vida en lo cotidiano. Durante toda su vida se ocupan de garantizar la reproducción familiar en el espacio doméstico, donde se crea plusvalía y riqueza económica a través de la economía del cuidado.

En relación con el agua, las campesinas garantizan este recurso para el sostenimiento de la vida familiar y comunitaria, pero debido a que lo obtienen por lo general a través de medios precarios, invierten una cantidad considerable de tiempo y trabajo físico. Sin embargo, su participación en la formulación de políticas que determinan el acceso y el saneamiento del agua es mínima, o bien, cuando llegan a hacerlo, se las ubica en posiciones subalternas con escaso poder de acción y de decisión.

Aunado a esto, desde las propias percepciones y prácticas de las mujeres, las limitaciones para tener representatividad, participar y tomar decisiones en el Comité del Agua están asociadas con la ausencia de espacios de autoorganización y gestión que impiden la organización formal de redes, así como el desarrollo de habilidades comunicativas y de solución de problemas que faciliten la potenciación y el (auto) reconocimiento.

Frente a esta marginación, en específico en lo que respecta a la escasez del agua, se observó que las mujeres y los hombres de la localidad resisten y construyen estrategias y redes para la supervivencia familiar y comunitaria, actuando de forma organizada y con un sentido de solidaridad.

En resumen, es indiscutible la demostración de las capacidades que tienen las mujeres para la gestión y el saneamiento del agua en nuestro contexto mexicano. Pero su representación y participación comunitaria en las instituciones que hacen gestión del recurso es todavía limitada, tal vez porque tradicionalmente los derechos de uso del agua están asociados de forma directa con la tenencia de la tierra, cuya posesión siempre ha sido dominante a favor del género masculino.

Sin embargo, el avance logrado por las mujeres en Buñuelos, Coahuila, y otras comunidades del noreste mexicano, en la gestión integral del agua, pone en evidencia que si bien la escasez del recurso hídrico es apremiante, la creciente agencia y capacidades de las gestoras del agua dan luz a modelos sostenibles de gestión del agua.

*Doctora en Administración y Gestión de Políticas de Desarrollo por la Universidad de Manchester. Es profesora-investigadora de El Colef, adscrita al Departamento de Estudios de Administración Pública.