Buenos Aires, 12 nov (EFE).- La huella que Diego Maradona dejó en la historia del fútbol es eterna. Como también lo son los lugares que vieron forjar su leyenda en su Argentina natal: particulares templos maradonianos que atraen cada vez a más devotos del legendario exfutbolista, de cuya impactante muerte se cumple este mes un año.

“La gente viene y se emociona hasta las lágrimas, es muy fuerte la visita”, explica a Efe César Pérez, curador de “La Casa de D10S”, la primera vivienda propia del ‘Pelusa’, en el barrio de La Paternal de Buenos Aires y cerca del club de sus orígenes, Argentinos Juniors, cuyo estadio hoy lleva su nombre.

Ahí vivió Diego con sus padres y hermanos entre 1978 y 1980.

Inmueble que, coincidiendo con su 18 cumpleaños, le entregó el club al renovar su primer contrato: “Obviamente que la casa valía dos o tres veces más que la prima que él podía ganar en ese momento, pero ya Diego era un diamante en bruto y había que cuidarlo”, recuerda Pérez.

UN SANTUARIO

La vivienda fue recuperada en 2008 por la Junta de Estudios Históricos de los Barrios de La Paternal y Villa General Mitre a través de su presidente, Alberto Miguel Pérez -padre de César-, quien ya en 1978, como secretario general de Argentinos Juniors, había firmado el contrato de Maradona con el club.

Y en 2016 abrió como museo. Se conservan algunos objetos de cuando vivía ahí ‘el Diez’ y otros imitan el ambiente de la época, colocados entre multitud de tesoros relacionados con él, con fotos suyas ubicadas en los espacios donde fueron tomadas.

Cuando Diego se mudó, algunos de los muebles los dio a vecinos y, al recuperarse la casa -cuenta Pérez- hubo personas que se acercaron con algunas de esas cosas para incluirlas en la restauración.

Unas 6.000 personas de diferentes países han recorrido hasta ahora la casa, quizá la última vivienda, según el curador, donde el astro estuvo contenido emocionalmente junto a su familia: “Después pasa a vivir a Villa Devoto un tiempito cortito y (luego) pasa al Barcelona”.

“Tenemos un santuario en la planta alta y muchos napolitanos han entrado arrodillados persignándose y la emoción los invade. Es inexplicable lo que siente un napolitano por Diego”, destaca sobre los fanáticos que forjó Maradona en su etapa jugando en Nápoles.

Tras mudarse, el inmueble fue cambiando de dueños y llegó a ser una fábrica de carteras. Pero el barrio quedaría por siempre marcado por la estela del ‘Dios’ del fútbol.

EL ORIGEN

Maradona nació en el Hospital Evita de Lanús el 30 de octubre de 1960, cerca de Villa Fiorito, barrio a 40 kilómetros del centro de Buenos Aires donde transcurrió su infancia.

En una modesta casa de la calle Azamor vivían sus padres y cuatro hermanas mayores cuando él nació. Una “casita con mucha chapa y madera y algunos ladrillos”, escribió el ídolo en “Yo soy el Diego de la gente”, su biografía oficial.

“Llovía más adentro que afuera, pero yo tengo un recuerdo maravilloso igual. Porque era lo que mis viejos me podían dar y para mí estaba bien”, agregó.

El mes pasado, el Gobierno argentino la declaró Lugar Histórico Nacional.

Mención aparte merecen las “siete canchitas” ubicadas a la vuelta de la casa, donde Maradona comenzó a forjarse como futbolista hasta que en 1969 le ofrecieron hacer una prueba para Los Cebollitas, el equipo infantil de Argentinos Juniors.

OTROS RINCONES

Tras dejar Fiorito, cuando iba a debutar en primera división en 1976, y antes de afincarse en La Paternal, Argentinos alquiló a los Maradona un apartamento en el barrio porteño de Villa del Parque, donde tenían como vecinos a los Villafañe. Ahí Diego conoció a Claudia, con quien se casó en 1989 con una exuberante celebración en el estadio Luna Park.

E indudable icono maradoniano es la Bombonera, donde en 1977 debutó en la selección argentina y cuatro años después como jugador de Boca Juniors.

Intensa historia cuyo final se escribe en el cementerio privado de Bella Vista, donde desde el 26 de noviembre de 2020 descansa junto a sus padres. En las inmediaciones, murales en las calles homenajean a su más ilustre inquilino.