Hace unos días se llevó a cabo el III Congreso Regional. Mujeres en los contextos de la migración, como parte de los trabajos del XXVI Conferencia Regional sobre Migración. FOTO: CIMAC NOTICIAS.

Hace unos días se llevó a cabo el III Congreso Regional. Mujeres en los contextos de la migración, como parte de los trabajos del XXVI Conferencia Regional sobre Migración. En él participaron representantes de la sociedad civil, organismos internacionales y gubernamentales. El eje central fueron los retos y aportes de las mujeres en los diferentes procesos migratorios.

Aunque la participación de las mujeres en la migración no es nueva, en años recientes ha cambiado la atención que las y los especialistas y los Estados han puesto en la participación de las mujeres en la migración por lo que ahora “se cuenta con mayor información” sobre los retos que enfrentan y cómo participan en los diferentes procesos migratorios.

De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones desde hace más de seis décadas son entre 48 y 50 por ciento de las personas migrantes en el mundo; 50 por ciento de la población refugiada internacional; e históricamente han estado vinculadas a la migración a través del desplazamiento de sus familiares.

Entre enero y agosto de 2021, de acuerdo con la Secretaría de Gobernación, se han registrado 148 mil 903 eventos de detención, 26 por ciento corresponden a mujeres y niñas, mientras que la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados registró que al cierre de agosto el número de mujeres solicitantes de asilo llegó a 30 mil 654, representando 40 por ciento del total de las personas solicitantes de protección.

En el congreso se buscó desterrar las narrativas en las que se han colocado a las mujeres en la migración, como aquellas que salen en busca de sus parejas, que abandonan a sus hijas e hijos, que no cuentan con estudios, que reciben remesas, que normalizan la violencia o quienes vienen a “quitar oportunidades”, para colocar en el centro sus aportes al desarrollo de los países.

Entre las principales causas que empujan a las mujeres a migrar están la persecución y amenazas hacia ellas o sus familias, la violencia en razón de género, la desigualdad y discriminación, la pobreza y el cambio climático. En general, enfrentan un sistema social y económico desigual y discriminatorio que no es natural sino sociocultural que permea todas las etapas de la migración.

Mirar a las mujeres en la migración cruza por analizar cómo la movilidad es una oportunidad para cuestionar los estereotipos de género y fomentar su capacidad en la toma de decisiones. Así como evidenciar su contribución al desarrollo de los países de destino y origen, por lo que romper con el paradigma asistencialista a esta población es fundamental para comenzar a mirar su participación desde un enfoque interseccional.

Otro tema que se colocó en la mesa fue la violencia de género, en sus diferentes tipos y modalidades, no sólo como una de las causas de la migración sino como un componente que las acompaña en todas las etapas, huyen de ella, las asecha a lo largo de su tránsito, las recibe en los países de destino y a su retorno a su país de origen.

Mientras que su incorporación al trabajo formal e informal, en los diferentes procesos migratorios, no sólo representa una doble carga, pues no sólo salen a trabajar también siguen al frente del cuidado de hijas e hijos y de las labores del hogar.

Su acceso a la salud es limitado y en el contexto de la pandemia se agudizó. Casi siempre, ya sea por negligencia o desconocimiento, se niega el servicio o se ancla a una situación migratoria regular o a documentación. La salud emocional simplemente desaparece del mapa. Apostar por garantizar el derecho a la salud cruza por una gestión, administración, capacitación y cambio cultural integral.

Como parte de la sesión se tuvo la participación de mujeres migrantes, mexicanas y extranjeras, que a través de sus testimonios compartieron sus experiencias y retos que han enfrentado en los países de destino en su proceso de integración.

Finalmente, se planteó la urgencia de que los Estados atiendan de manera eficiente los movimientos migratorios, se apueste por brindar oportunidades de empleos dignos y de proyectos autónomos de generación de ingreso; mejorar su salud física y mental; generar programas que les asistan en el cuidado de la familia; garantizar el acceso a la justicia frente a las altas tasas de impunidad; y dejar de ver la migración como una amenaza y brindar un trato digno a todas las mujeres.

México ha reiterado en diferentes espacios que tiene una política exterior feminista, derechohumanista y latinoamericanista, es momento de pasar del discurso a los hechos y darle un giro a su política migratoria y al actuar del Instituto Nacional de Migración.

*Coordinadora de la Clínica Jurídica, Instituto para las Mujeres en la Migración, AC (Imumi)