El periodista polaco Wojciech Jagielski ve con asombro cómo una vez más la historia del país asiático se repite. FOTO: EFE/ Moncho Torres.

Nueva Delhi, 24 sep (EFE).- El periodista polaco Wojciech Jagielski, que cubrió Afganistán durante una década entre 1992 y 2001, ve con asombro cómo una vez más la historia del país asiático se repite, con el regreso de los talibanes al poder, sin que aparentemente se haya aprendido nada de los errores del pasado.

Jagielski (1960) hace un repaso en su libro de referencia “Una oración por la lluvia. Historias de Afganistán” (Debate, 2008) de los hechos más relevantes del último medio siglo en el país, como el inicio de la ocupación soviética en 1979, la aparición de los talibanes durante la guerra civil o su llega al poder en 1996.

Este libro es la crónica de un reportero que pasa de entrevistar en las montañas al líder guerrillero Ahmad Shah Massoud, conocido como “el león de Panjshir”, a interactuar con talibanes o la población civil en un Kabul destruido por los bombardeos.

Pero el periodista no ha perdido el contacto con el país, como demuestra en una entrevista virtual con Efe, mostrando un profundo conocimiento del Afganistán de antes y de ahora.

PREGUNTA: Es increíble cómo la historia de Afganistán se repite, una y otra vez.

RESPUESTA: La historia debería enseñarnos algo, pero no aprendemos nada, no solo nosotros, los afganos no están aprendiendo. Han estado en guerra durante casi 50 años (…) Deberíamos aprender al menos las lecciones de los rusos. Cometimos los mismos errores, al final sucedió casi lo mismo.

(Tras miles de muertos en sus filas los soviéticos abandonaron Afganistán en 1989, desatándose una guerra civil que enfrentó a los diferentes señores de la guerra del país. En 1994, el surgimiento del movimiento talibán fue visto con alivio frente a la violencia y el caos, y en septiembre de 1996 los talibanes entraron en Kabul sin apenas resistencia, manteniéndose en el poder hasta la ocupación estadounidense en 2001.

Dos décadas después, el pasado 15 de agosto, los talibanes recuperaron la capital y poco antes de la medianoche del 31 de agosto, las últimas tropas estadounidenses abandonaron el país).

P: ¿Cómo se explica que la ofensiva de los talibanes pudiera ser tan rápida, sin apenas oposición de las tropas afganas? En casi dos semanas, desde principios de agosto, cayeron 33 de las 34 capitales provinciales.

R: La principal razón por la que se rindieron, por la que no se enfrentaron a los talibanes fue el acuerdo entre Estados Unidos y los talibanes firmado en febrero de 2020 (en Doha, que marcó la retirada de las tropas estadounidenses del país). Fue ese acuerdo (…) el que mostró al Ejército afgano que los políticos habían fracasado y que los estadounidenses vendieron Afganistán. ¿Había alguna razón para luchar?

Además cuando los talibanes firmaron ese acuerdo sabían que podían prepararse para la ofensiva. Empezaron a ocupar las zonas rurales, nada espectacular, y no nos importó. Luego fueron los distritos, y aún no nos importaba (…) En mayo tenían casi todos los distritos, y fue suficiente para que todo se derrumbara.

(Jagielski enumera también otros puntos, como creer que las tropas afganas eran 300.000 cuando en realidad su número era similar al de los talibanes, de unos 100.000, que los estadounidenses no confiaran nunca en las tropas afganas o el intento fallido de crear un Ejército nacional en un país de grandes divisiones tribales).

P: Vuelvo a pensar en lo que pasó en 1996 y ahora, en cómo entraron en Kabul los talibanes sin luchar.

R: Es el mismo caso. La primera vez que estuve en Afganistán fue en 1992, cuando los muyahidín entraron en Kabul. Una vez más se debió al colapso del Gobierno, al colapso del Ejército y no se libró una gran batalla por Kabul. En 1996 fue Ahmad Shah Massoud quien estaba a cargo de Kabul y cuando se dio cuenta de que no tenía ninguna posibilidad en la batalla con los talibanes, decidió retirarse de Kabul a (la provincia de) Panjshir, dejando a los talibanes entrar en la ciudad sin luchar.

Los afganos luchan así, son pragmáticos. (…) “Es una estupidez luchar contra enemigos más fuertes. Es mejor retirarse y esperar que la situación cambie”, me decían.

P: ¿Y qué opina de los talibanes? ¿Han cambiado algo desde los años 90?

R: Es una ironía y también una alegoría para nosotros. Anunciaron el nuevo Gobierno (el pasado 7 de septiembre) y son exactamente los mismos que estuvieron a cargo de Afganistán hace 20 años.

No cambiaron, son igual de pragmáticos, pero ahora tienen más que ofrecer y los necesitamos más de lo que los necesitábamos hace 20 años. Pero sería ingenuo, o estúpido de nuestra parte, esperar que pongan a mujeres en el Gobierno. (…) ¿De verdad esperan que los talibanes pongan mujeres en el Gobierno cuando fueron ellos quienes ganaron la guerra, no Occidente? Y hay que recordar una cosa: nunca dijeron que no permitirían que las niñas vayan a la escuela o las mujeres trabajen, lo que dicen es que es pecado si se mezclan hombres y mujeres fuera de casa.

P: Tal vez aprendieron algo, y si quieren mantener el poder cederán en asuntos que antes eran impensables.

R: Lo peor para Afganistán sería otra guerra civil. Es lo peor, peor incluso que el peor gobierno talibán. Creo que los talibanes en el pasado no se dieron cuenta de lo complejo que es el mundo, pensaban en el Corán, la sharía, que todo está escrito (…) La nueva generación sabe bastante bien cómo está organizado el mundo, no son tan simplistas como sus padres y se trata de una oportunidad para no cometer sus errores. Sería otra ironía que hubieran sido ellos los que aprendieron de sus errores, y no nosotros, los listos.