El caso del líder opositor mexicano Ricardo Anaya, revive el fantasma de la persecución contra la oposición en México. FOTO: EFE/Miguel Sierra.

Ciudad de México, 24 ago (EFE).- El caso del líder opositor mexicano Ricardo Anaya, que afronta una posible pena de hasta 30 años de cárcel por enriquecimiento ilícito, revive el fantasma de la persecución contra la oposición en México, pero también las acusaciones de corrupción de políticos del pasado.

El presidente Andrés Manuel López Obrador negó este martes que persiga a sus opositores después de que Anaya, que ahora está en un autoexilio, lo acusó de querer encarcelarlo para que no compita en las próximas elecciones presidenciales de 2024.

“No hay persecución para nadie, no es mi fuerte la venganza. Lo de este señor Ricardo Anaya, lo que tiene que hacer es enfrentar el proceso y, si es inocente, presentar las pruebas y defenderse con la verdad, pero no echarme la culpa a mí y decir ‘ya me voy’”, manifestó en su rueda de prensa.

¿HAY PERSECUCIÓN?

La polémica ha llegado a la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Washington, donde la coalición opositora Va por México denunció este lunes el “uso faccioso, doloso de las instituciones para perseguir y amedrentar a los opositores”.

“Se ha dedicado a perseguir a todos los líderes políticos de la oposición que considera una amenaza para la continuidad de su proyecto”, afirma la denuncia de los partidos de la Revolución Democrática (PRD), el Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN), donde milita Anaya.

Aun así, en México no existe persecución como en los regímenes autoritarios, considera el consultor político Édgar Ortiz Arellano, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“No hay evidencia empírica que demuestre que hay ese tipo de persecución política, lo que sí hay es un ataque constante del presidente, especialmente en las conferencias mañaneras, a todos aquellos que son sus opositores, en ese sentido sí hay una campaña constante”, explica Ortiz Arellano a Efe.

El experto señala que “es inédito porque en los últimos 30 años no se había visto que un presidente se quejara de sus opositores de manera tan abierta”.

Pero también opina que Anaya ha caído “en un lugar común” como cualquier político acusado de corrupción.

Apenas este mes, recuerda, los diputados oficialistas Saúl Huerta, acusado de abuso sexual de menores de edad, y Mauricio Toledo, investigado por corrupción, también argumentaron que eran víctimas de persecución para evitar su desafuero en el Congreso.

ACUSACIONES DE ANTAÑO

López Obrador ha justificado que el proceso responde a denuncias de su propio partido, al exhibir acusaciones de 2018 de los exsenadores del PAN Ernesto Cordero y Javier Lozano por el presunto enriquecimiento ilícito de Anaya.

El caso también cobra relevancia porque Emilio Lozoya, exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex) de 2012 a 2016 y principal implicado en México de la trama de corrupción de Odebrecht, señaló a Anaya como uno de los receptores de los sobornos para aprobar la reforma energética de 2013.

“Anaya, víctima, acusándome a mí. Está como para decirle: ¿Y yo por qué? Yo no te mandé a que hicieras esas cosas. ¿No te diste cuenta?, ¿pensabas que no iba a suceder nada?”, manifestó el presidente este martes.

El líder derechista ha insistido en que la “Fiscalía de López Obrador” busca encarcelarlo por 30 años.

“Menos mal que no hay persecución política y que no es tu fuerte la venganza, Andrés Manuel, si no, imagínate”, dijo en un video este lunes.

Anaya ha recibido el apoyo de su partido en el Senado, pero otros opositores, como el PRD, han toma distancia porque “no les corresponde la defensa o condena de Anaya”.

La denuncia del exjefe de Pemex, quien se ha acogido al criterio de oportunidad para evitar la cárcel, también incluye a otros legisladores del PAN, al expresidente Enrique Peña Nieto (2012-2018) y al exsecretario de Hacienda y excanciller Luis Videgaray.

Por ello, el consultor Ortiz Arellano señala que el problema que afronta la oposición es que “muchos de sus líderes son susceptibles de afrontar acusaciones de corrupción”, por lo que la opinión pública dudará de la “persecución política”.

“Necesitamos una oposición de mayor calidad, la realidad es que el presidente y su partido han avanzado electoralmente en el país, a pesar de muchos errores que han cometido”, expresa.