La llegada del gobierno Talibán en Afganistán ha generado una enorme preocupación por los Derechos Humanos de las afganas y se ha tornado una emergencia global, y no es para menos, ante el riesgo de que las mujeres pierdan todo lo ganado frente al fundamentalismo islámico.

Esta preocupación que se ha mostrado por lo que ocurre en aquel país nos tiene que llevar a mirar hacia adentro del nuestro porque la defensa de los Derechos Humanos de las mujeres en el exterior, pasa por el compromiso en el interior.

Hay que voltear a nuestro alrededor y mirar lo que nos está pasando, porque acá también se libran batallas que buscan salvar la vida de mujeres y niñas.

Eso no quiere decir que no mostremos nuestra solidaridad internacional, ni que el Estado mexicano no active la Política Exterior Feminista que tanto se ha presumido, sin lograr mostrarla plenamente. Sin lugar a dudas es necesario y urgente dar apoyo a las mujeres y niñas que han solicitado asilo, pero también es urgente construir instrumentos desde el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que garanticen la protección de mujeres y niñas en Afganistán, que permita la vigilancia del respeto a sus Derechos Humanos, así como la libertad de expresión y la tarea de las periodistas tanto como corresponsales de medios internacionales como las propias locales. Ésta es una tarea que tiene que caminar a la par de la emergencia.

Y para poder tener legitimidad en la exigencia internacional hay que poner el ejemplo en casa.

Por eso hay que voltear a México, y escuchar lo que el martes señaló el Subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas. Me pregunto cuántas mujeres y niñas violentadas, asesinadas, necesita nuestra sociedad mexicana para frenar la destrucción que se está viviendo.

Hace dos días Chihuahua se convirtió en la entidad número 20 con Alerta de Violencia de Género, en una ceremonia con la representación de alto nivel que no se había visto en ninguna otra declaratoria. Estuvieron presentes las instituciones internacional, federal, estatal, la academia y la sociedad civil.

Me parece que es repuesta a lo que significa Chihuahua en la historia de nuestro país, porque ahí se dio el campanazo de alerta de la violencia feminicida que impera en nuestro México. Es en los 90 que la defensora Esther Chávez levanta la voz para llamar la atención sobre el exterminio de las mujeres en Ciudad Juárez.

Los datos que dio el subsecretario Encinas, el martes pasado, revelan el terror con el que las mujeres y niñas viven en nuestro país.

65 por ciento de las violencias contra mujeres y niñas se da dentro de los hogares, los agresores son los hombres de su familia.

El dato nos tiene que cimbrar y sacar de la comodidad a la sociedad para preguntarnos ¿Bajo qué ejes se están construyendo familias en nuestro país, qué aprendizajes están recibiendo esas niñas y niños en hogares tan violentos donde se desprecian sus Derechos Humanos?

130 mil carpetas por violencia familiar hay en México, 75 por ciento de las víctimas son niñas menores de 15 años.

Lo que nos grita la cifra es el dolor con el que están creciendo las niñas en México, el abuso que están viviendo donde tendrían que ser cuidadas. Estos son los hogares generadores y reproductores de la violencia contra mujeres y niñas que sigue alimentando la permisividad de la sociedad. Si toleramos la violencia en casa la toleramos afuera y al revés.

Nuestros hogares son lugares inseguros para mujeres y niñas hace muchos años, la diferencia hoy es que el silencio y el ocultamiento se rompió, y tenemos que acompañar la denuncia de las víctimas con acciones desde la sociedad, para sancionar cualquier acto violento contra mujeres y niñas, en lo público y en lo privado.

Todas y todos conocemos de estos hogares, pero no nos metemos bajo la premisa de ser problemas particulares, esa más bien es la justificación para no asumir verdaderamente una postura contundente de respeto a la vida e integridad de mujeres y niñas.

Parte de la alarma internacional por la llegada del gobierno Talibán son los casamientos de niñas con hombres mayores de edad, incluso que podrían ser sus abuelos, aquí están ocurriendo 9 mil nacimientos de niñas menores de 14 años resultados de violaciones o matrimonios arreglados con hombres que les triplica la edad.

La agenda del respeto a los Derechos Humanos de las mujeres en el exterior pasa por lo local, por nuestras familias, nuestra colonia, nuestra ciudad, nuestros medios de comunicación y nuestro país.

Las autoridades deben garantizar que las leyes se cumplan, porque cuando no se actúa se deja crecer el horror, como hoy lo estamos viviendo. Una pieza clave sin duda es la impunidad que, si bien es el castigo penal, también implica el castigo social.

Defender los Derechos Humanos de las mujeres afganas es tan prioritario como el de las mexicanas.