Las muertes siempre son dolorosas, y lo son mucho más cuando quienes parten son trascendentes. FOTO: CIMAC NOTICIAS.

“Somos un México de muchos rostros y de pocas voces.

Las mujeres tenemos demasiado mérito y poco reconocimiento,

grandes historias y pocas uniones,

gran potencial en liderazgos políticos y pobre representación en el Estado y la comunidad”

Martha Sanchéz Nestor, 2011

Las muertes siempre son dolorosas, y lo son mucho más cuando quienes parten son trascendentes. El 30 de julio murió, desgraciadamente, una de las mujeres indígenas más emblemáticas de nuestro país y a nivel global, la lideresa amuzga, Martha Sánchez Néstor. Su muerte, como la de las personas imprescindibles, siempre deja enseñanzas.

La partida prematura de Martha Sánchez por COVID nos recuerda nuevamente lo que es la desigualdad y los terribles efectos en la vida de las personas, pero sobre todo, cuando estas personas se enfrentan a situaciones límites como la pandemia, ahí la desigualdad mata.

Murió en el Hospital de Ometepec, donde la falta de capacidad e insumos impidieron salvarle la vida, irónicamente en el hospital por el cual Martha luchó para que contara con todos los requerimientos necesarios para salvar la vida de las mujeres embarazadas.

Ella nació, en Xochistlahuaca, Municipio de Guerrero, donde 90 por ciento de la población vive entre la pobreza extrema y la pobreza, donde el promedio de escolaridad de las personas mayores de 15 años es de apenas tercero de primaria, con todas las carencias en salud que implica una población con un alto índice de marginación.

Donde las mujeres se mueren por complicaciones en el parto, por no contar con un automóvil que las traslade a un hospital ante la emergencia, muertes que son prevenibles como la de Martha.

Donde contraer COVID cuando no se tiene acceso a médicos, pruebas, medicamentos, oxígeno, etcétera, puede ser una condena casi insuperable.

Su muerte nos enfrenta a la desigualdad de acceso a los derechos que miles de mujeres indígenas anónimas viven cada día. Mujeres por las que Martha Sánchez Néstor luchó por 26 años.

Su partida también coloca en el centro el enorme racismo que se mantiene en nuestro país, donde ser indígena sigue siendo un estigma que cierra puertas, como en la política, o en los medios de comunicación.

Tuve la suerte de conocerla y entrevistarla. Una mujer con claridad política, con identidad orgullosamente indígena, abriendo camino para sus hermanas mujeres. Insumisa por convicción, pues aprendió muy joven que la sumisión quita la voluntad, y la suya es inquebrantable.

En este país las mujeres indígenas siguen teniendo los más grandes rezagos sociales, mayor analfabetismo, más hambre, más violencia, más pobreza, más muerte materna, más de todas las desigualdades lacerantes que las sujetan a la ausencia del goce de Derechos Humanos.

El legado de Martha Sánchez no debe ser sólo guardar su memoria, sino lograr la transformación que buscó a lo largo de su vida, desde que la conciencia de la desigualdad y la injusticia se hizo presente en ella. Su voz no se apaga, su exigencia vivirá mientras la desigualdad siga cosida a la vida de las mujeres y niñas indígenas.

Por ello me uno a la propuesta de nuestra maestra de la vida, Marcela Lagarde y de los Ríos, para que el Instituto Nacional de las Mujeres, cree un premio que lleve su nombre para las mujeres indígenas.

Es probable que muchos no la conocieran, lamentablemente, pues conocer su historia es entrar a la desigualdad, al racismo, al sexismo, al clasismo y todos los diques de la exclusión. Pero también es adentrarse a la transformación de una mujer que le dio vuelta a la exclusión y se abrió paso para ser ciudadana plena y construyó la ruta para que otras también lo fueran.