El brasileño Italo Ferreira se convirtió este martes en el primer campeón olímpico de surf al imponerse en las revueltas aguas de Tsurigasaki. FOTO: EFE/EPA/NIC BOTHMA.

Ichinomiya (Japón), 27 jul (EFE).- El brasileño Italo Ferreira se convirtió este martes en el primer campeón olímpico de surf al imponerse en las revueltas aguas de Tsurigasaki, donde se coronó entre olas de cerca de tres metros generadas por el paso de un tifón.

El octavo tifón de la temporada en el Pacífico, el Nepartak, se presentaba como la última gran amenaza que se cernía sobre los Juegos de Tokio, al dirigirse este martes hacia Tokio y otras zonas centrales del país y desatando vientos de hasta 70 kilómetros por hora y posibles lluvias torrenciales.

Pero el frente trajo consigo las mejores condiciones posibles para el surf en la playa de Tsurigasaki, la sede de la prueba olímpica al este de Tokio, lo que llevó a los organizadores a adelantar a última hora a este martes las semifinales y las finales del nuevo deporte incluido en el programa olímpico.

IGARASHI IMPIDE UNA FINAL BRASILEÑA

Kanoa Igarashi, de nacionalidad japonesa pero nacido en California (EE.UU.), fue la gran sorpresa de la jornada al derrotar al número uno mundial, el también brasileño Gabriel Medina, en una espectacular semifinal que bien podría haber sido la prueba de medalla.

El nipón de 23 años dibujó un doble giro aéreo y un perfecto aterrizaje sobre una ola que se disponía a engullirle, en una maniobra que le valió 9,33 puntos.

Y eso que Medina había empezado apabullando, como acostumbra, exhibiendo potencia y acrobacias en su primera ola, lo que no le dio para alcanzar a su rival. La semifinal terminó con un apretado resultado de 17 puntos para el nipón y 16,67 para el brasileño.

Ferreira, número dos del ránking World Surf League y último campeón mundial, se citó con Igarashi por el oro tras deshacerse del australiano Wright Owen (bronce) en la otra semifina, y después de haber rozado la máxima puntiación (9,73) en la ronda previa.

DRAMA EN EL AGUA

La final llevaba apenas unos segundos transcurridos cuando Ferreira, en su primer turno, cayó desde el borde de una ola a una altura considerable y desapareció bajo un muro de agua, quedando su tabla partida en dos.

“Fue un momento duro, pero sabía que quedaban 30 minutos y un montón de oportunidades, así que solo traté de resetear su mente e intentarlo de nuevo”, afirmó Ferreira, quien también admitió “haber arriesgado mucho” en esa maniobra, en la que intentaba saltar sobre la ola.

“Llegué a Japón pensando que habría olas pequeñas, de un metro y medio o dos como mucho, que era lo que habíamos visto en las semanas anteriores, y trajimos equipamiento pensando en esas condiciones”, explicó.

El brasileño logró recomponerse y “aprovechar las muchas oportunidades” que presentaban las agitadas aguas de Tsurigasaki y en otro de sus intentos danzó sobre la cresta de una ola rompiente, que le valió un 7,77 y fue ya inalcanzable para Igarashi.

Ferreira salió a hombros del mar, celebrando con todo su equipo el primer oro olímpico para Brasil en lo que va de Juegos. Todo lo contrario que su compatriota Medina, quien abandonó la playa cabizbajo y sin querer halar con los medios.

MOORE MANTIENE EL TRONO

En la final femenina, la estadounidense Carissa Moore cumplió con las expectativas y se hizo con el primer oro en su categoría, sin dejar apenas opciones a la sudafricana Bianca Buitendag.

Moore logró una puntuación de 14,94 frente a los 8,46 de su rival, e hizo valer también en los Juegos de Tokio el número uno que ocupa en el ránking mundial.

La hawaiana superó los 7 puntos en dos de sus intentos en la final gracias a la plasticidad y fluidez en todas sus maniobras, a pesar de las olas de menor tamaño pero también impredecibles y azotadas por viento lateral que tocaron en la final femenina.

La joven nipona Amuro Tsuzuki, que se presentaba como gran esperanza de los anfitriones, logró el bronce después de haber caído frente a Moore en una disputada semifinal (8,33 frente a 7,43).

La playa de Tsurigasaki, que hasta estos Juegos era un destino solo conocido para los amantes del surf en Japón, presentaba un desangelado aspecto para acoger la primera prueba de medalla de surf en unos Juegos, salvo por la presencia de medios y trabajadores de la organización.

Tokio 2020 montó una zona para el público con pantallas gigantes y carpas, pero el estallido de la pandemia y la decisión de no permitir espectadores en las competiciones, ni siquiera en espacios abiertos como este, dejó todas esas instalaciones vacías.