"Trabajar aquí es algo increíblemente apasionante", confiesa a Efe Svetlana Usóltseva, portavoz de la Fábrica Aeronáutica de Ulán-Udé (U-UAZ). FOTO: EFE/ Fernando Salcines.

Ulán-Udé (Rusia), 26 jul (EFE).- “Trabajar aquí es algo increíblemente apasionante”, confiesa a Efe Svetlana Usóltseva, portavoz de la Fábrica Aeronáutica de Ulán-Udé (U-UAZ), empresa que durante 83 años ha puesto en el mapa a esta pequeña ciudad siberiana y ha elevado su nombre hasta el cielo.

“De niña miraba siempre los aviones y helicópteros y no imaginaba que llegaría aquí”, dice, al destacar la importancia de esta empresa para la ciudad, capital de la república de Buriatia, al sur del Baikal y a poco menos de 300 kilómetros al norte de la frontera con Mongolia.

UNA GRAN EMPRESA EN UNA DIMINUTA CIUDAD

Y es que esta fábrica, ubicada en Ulán-Udé, urbe que no llega al medio millón de habitantes, es una de las más significativas de su tipo en el país. No solo ha ofrecido empleos a los udinienses, sino que ha sido el motor impulsor de la economía regional.

U-UAZ fue fundada en 1939 y en 83 años ha fabricado más de 9.000 aeronaves entre aviones y helicópteros -tanto militares como civiles- para el mercado ruso y el internacional.

Actualmente el 40 % de su producción tiene como destino clientes extranjeros, sobre todo de la región de Asia y el Pacífico.

UNA PRODUCCIÓN DIVERSA Y FLEXIBLE

Aunque pertenece al grupo empresarial “Helicópteros de Rusia” desde 2007 y se ha especializado en este tipo de aeronaves, se distingue porque también ha fabricado aviones, lo cual la hace única en Rusia.

Durante la Segunda Guerra Mundial produjo piezas para los bombarderos Pe-2 y los cazas La-5 y La-7, de sus talleres han salido desde cazas MiG-27, aviones de asalto Su-25 y aviones de pasajeros An-24B, hasta toda una pléyade de modelos de helicópteros entre los que destacan los Mi y los Ka.

En la actualidad la empresa produce helicópteros de la serie Mi-8/17, entre los que figuran los modelos civiles Mi-8AMT y Mi-171, y los militares Mi-8AMTSh y Mi-171Sh. Pero la apuesta del momento es la variante modernizada Mi-171A2, un modelo clave de clase media.

Todo gracias a una producción flexible de ciclo completo y a la vez capaz de operar en estrecha cooperación con otras fábricas integrantes de “Helicópteros de Rusia”.

LA MAGIA DE ARMAR UN HELICÓPTERO

En los gigantescos talleres de la fábrica, en la que actualmente trabajan más de 5.500 personas, se producen todas las partes y componentes de las futuras aeronaves en un proceso que compagina las altas tecnologías con el trabajo manual y que tiene como prioridad la calidad.

Se trata no solo de tornos digitales de alta precisión, capaces de trabajar en cinco ejes, sino también de complejos talleres de ensamblaje y hasta naves de almacenamiento computarizadas.

Los obreros velan por las indicaciones que muestran los monitores de estos sofisticados equipos, algunos de ellos, moles metálicas de varios metros de altura.

LA FÁBRICA MÁS INTERESANTE

Pero más allá del moderno equipamiento e instalaciones de la fábrica, esta debe sus logros a las generaciones de habitantes de Ulán-Udé que han trabajado aquí y han sabido crear un colectivo unido que se ha convertido en una escuela de especialistas y maestros.

“Nuestra fábrica es la más interesante de toda la industria aeronáutica del país, porque tiene una historia muy rica”, comenta a Efe Leonid Belij, exdirector de la fábrica y actualmente subdirector general de “Helicópteros de Rusia”.

Belij califica la empresa como “entrañable” y recuerda que de 1939 hasta la fecha la fábrica ha producido aeronaves de “todas las oficinas de diseño aeronáutico salvo los helicópteros de Túpolev”.

“En mis documentos laborales solo figuro como empleado de U-UAZ, que dirigí durante varios años”, añade con orgullo.

DINASTÍAS DE ESPECIALISTAS

“Cuando llegué a U-UAZ me asombró mucho el sentido de comunidad especial” del colectivo, dice por su parte Ulsótseva, al destacar que los empleados conforman una especie de familia, en la que todos se conocen, y muchos, desde la infancia o la escuela.

Recuerda que cuando se fundó la fábrica, las autoridades soviéticas enviaron a Ulán-Udé a ingenieros aeronáuticos de todo el país, y que gracias a ello en ocho décadas “se conformaron dinastías enteras de especialistas que profesan una especie de amor romántico hacia el cielo, con apego y devoción”.

“Ahora ha entrado a trabajar a la fábrica mucha gente nueva, como yo, pero de algún modo todos caemos bajo la influencia de este encanto, un espacio en el que todo el mundo se conoce”, sonríe, convencida que tiene el trabajo de su vida.