Esperas interminables y cuarentenas bajo la estrecha vigilancia de aparatos electrónicos son algunas de las experiencias que aguardan a los participantes. FOTO: EFE/Juan Ignacio Roncoroni.

Tokio, 21 jul (EFE).- Laberintos burocráticos, esperas interminables en aeropuertos y cuarentenas bajo la estrecha vigilancia de aparatos electrónicos son algunas de las experiencias que aguardan a los participantes en los Juegos Olímpicos de Tokio, desde atletas a periodistas.

Este escenario, tan distópico como propio de la era de la pandemia, es el que han ideado los anfitriones japoneses de la cita deportiva para “garantizar la seguridad de todos sus participantes y de la ciudadanía nipona”, según el relato oficial.

Como el protagonista de “El Castillo”, de Franz Kafka, todos aquellos que se aventuran a viajar a Japón para los Juegos -un país que mantiene sus fronteras blindadas desde hace meses- se enfrentan a un sistema implacable, alienante y surrealista por momentos, y cuya eficacia para prevenir contagios está siendo cuestionada.

“ERROR DEL SISTEMA”

Los organizadores recurrieron a una idea que a priori parecía buena para tratar de frenar los contagios y aislar los que se produjeran: organizar unos Juegos en un formato burbuja, donde todos los participantes extranjeros serían monitorizados a su llegada a Japón y durante su estancia en la zona olímpica.

Los problemas llegaron a la hora de implementar esas medidas de control previo y de vigilancia.

En primer lugar, los anfitriones diseñaron un sistema para notificar “planes de actividades” para todos los participantes, desde atletas hasta periodistas o miembros de comités y federaciones, en los que debían detallar todos sus movimientos previstos durante los Juegos con al menos un mes de antelación.

La dificultad de notificar con tanta antelación planes de entrenamientos deportivos o de coberturas mediáticas para unas competiciones cuyo devenir se desconoce, unido a las pobres explicaciones y nula ayuda técnica ofrecida por la organización, terminaron por convertir esta estrategia en un auténtico caos.

El resultado es que muchos deportistas o medios acreditados viajan a Japón sin haber recibido el visto bueno de las autoridades niponas a su “plan de actividades”, lo que desemboca en un tedioso proceso de controles fronterizos que se alarga durante al menos cuatro horas a su llegada a territorio nipón.

“OCHA” Y “COCOA”, PALABRAS DE MODA EN LOS JJOO

Entre las palabras japonesas más empleadas por los participantes foráneos en los Juegos no están “konnichiwa”, “arigatou” o “sayonara”, sino dos términos que se refieren a bebidas: “ocha” (té) y “cocoa” (cacao).

Ambas palabras fueron extrañamente elegidas para designar dos aplicaciones para móviles diseñadas para, respectivamente, detectar si alguna persona con la que el usuario se ha cruzado ha estado contagiada de coronavirus, y para introducir de forma diaria datos de salud, además de para registrar los movimientos vía GPS.

Los problemas, de nuevo, llegaron al llevar a la práctica unas ideas que podían parecer bien encaminadas.

La “app” Cocoa llevaba meses funcionando en Japón plagada de fallos técnicos y brechas de seguridad y rodeada de dudas sobre su utilidad, ya que su eficacia depende de que los usuarios lleven siempre la conexión Bluetooth activada y de su buena voluntad para registrar si han resultado infectados. Pese a todo ello, los organizadores decidieron usarla para los Juegos.

En cuanto a Ocha, su vinculación con los antes citados “planes de actividad” y las dificultades para registrarse a través de una web por separado, entre otros problemas, la han convertido en un enorme quebradero de cabeza tanto para sus usuarios como para los organizadores.

CUARENTENAS DUDOSAS

Esta suma de despropósitos ha desembocado en confusión generalizada e incumplimientos frecuentes de las normativas entre los participantes en Tokio 2020, quienes en teoría tienen prohibido abandonar sus alojamientos en los tres primeros días de llegar a Japón salvo para labores “esenciales para los Juegos”.

Muchos reporteros se ven forzados a abandonar sus hoteles para entregar los test de saliva diarios obligatorios durante los tres primeros días, precisamente el mismo plazo en el que se supone que no deberían salir de sus alojamientos, y sin que la organización les ofreciera ninguna alternativa.

Los organizadores, por su parte, admiten haberse visto sobrepasados por la gestión de unos protocolos de seguridad sanitaria diseñados por ellos mismos e imposibles de aplicar en la práctica.

En una rueda de prensa celebrada en la víspera, el presidente del comité organizador, Toshiro Muto, admitió que se están produciendo “dificultades técnicas”, después de que una periodista británica afirmara que reporteros de su país han sido puestos en aislamiento obligatorio sin recibir alimentos ni ninguna explicación, tras detectarse un positivo en un contacto cercano.

Pese a los protocolos de seguridad sanitaria, se han detectado 75 contagios de covid-19 de participantes en los Juegos a su llegada a Japón o durante su estancia dentro de la burbuja desde principios de mes y hasta este miércoles, a dos días de la inauguración de unos Juegos que prometen ser los más extraños hasta la fecha.