La crisis por el golpe de Estado en Birmania ha entrado en una nueva fase por el recrudecimiento de los combates entre el Ejército y nuevas milicias civiles. FOTO: EFE/EPA/STRINGER.

Bangkok, 28 jun (EFE).- La crisis por el golpe de Estado en Birmania (Myanmar) ha entrado en una nueva fase por el recrudecimiento de los combates entre el Ejército y nuevas milicias civiles que han dejado centenares de muertos y decenas de miles de desplazados.

Armados principalmente con escopetas de caza y armas y explosivos caseros, estas milicias han causado numerosas bajas entre el Ejército birmano, conocido como el Tatmadaw, que a su vez ha perpetrado ataques y bombardeos contra los rebeldes y también civiles.

En un informe publicado este lunes, la oenegé Crisis Group señaló que las fuerzas de seguridad han recurrido a artillería pesada y agresiones con helicóptero “en ataques indiscriminados contra zonas pobladas” en varias zonas del país como la occidental ciudad de Mindat.

Estas acciones de represalia han obligado a al menos 230.000 personas, incluidos ancianos y menores, a refugiarse en bosques, mientras los militares han sido acusados de bloquear el suministro de ayuda humanitaria, según la ONU.

“El Ejército debe cumplir con sus obligaciones internacionales de respetar el uso proporcional de la fuerza, distinguir entre combatientes y civiles y permitir el acceso humanitario sin obstáculos a los desplazados”, apunta Crisis Group en el informe “Apuntando al Tatmadaw: la nueva resistencia armada al golpe de Estado de Myanmar”.

“Las milicias, por su parte, no deberían utilizar los abusos del Tatmadaw como excusa para cometer los suyos”, remarca la ONG, especializada en los análisis de conflictos.

REPRESIÓN BRUTAL

Tras casi cinco meses desde el golpe militar del pasado 1 de febrero, que terminó con la incipiente y joven democracia en Birmania, el Ejército no ha logrado controlar todo el país a pesar de la brutal represión contra la oposición al mando castrense.

Al menos 883 personas han perdido la vida a raíz de la violencia desatada por las fuerzas de seguridad, que han disparado a matar contra los civiles pacíficos, según cifras de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos.

Algunos de los manifestantes han optado por la lucha armada contra el Ejército, cansados de los pocos avances de las protestas pacíficas, mientras que se han abierto o recrudecido a lo largo del país los enfrentamientos entre los militares y algunas guerrillas étnicas que llevan décadas alzadas en armas.

Una de las primeras milicias formadas tras el golpe fue el Grupo de Seguridad Tamu en la región occidental de Sagaing, mientras que más tarde entraron en escena la Fuerza de Defensa de Chinland en el estado Chin (oeste) y la Fuerza de Defensa de las Nacionalidades Karenni en el estado Kayah (este), entre otros.

Según Crisis Group, algunos de estos manifestantes convertidos en milicianos se han entrenado con las guerrillas y, aunque usan sobre todo armas caseras, también se han armado con rifles de asalto M-16 y AK-47.

El opositor Gobierno de Unidad Nacional, formado por políticos y activistas contrarios a la junta militar, creó en mayo la Fuerza para la Defensa Civil con el objetivo de aunar en un futuro a las diversas guerrillas étnicas y milicias y conformar en el futuro un ejército federal.

Sin embargo, no ha conseguido crear un mando único ni tiene control sobre todas las fuerzas de defensa, aunque compartan el objetivo contra la junta militar encabezada por Min Aung Hlaing, quien ha encontrado apoyo diplomático y militar en China y Rusia.

SABOTAJE CONTRA LA JUNTA

Aunque continúa la resistencia pacífica contra la junta, en los últimos meses se han producido actos de sabotaje y otros tipos de violencia contra las autoridades.

“Además de las milicias organizadas, redes de civiles han respondido a la violencia brutal del régimen con ataques asimétricos contra el Gobierno y otros objetivos en Rangún, Mandalay y otros lugares, incluidos explosivos improvisados, incendios provocados y matando a funcionarios y supuestos informantes del régimen”, según el análisis de Crisis Group.

Algunos de los ataques con explosivos e incendios han sido dirigidos contra oficinas del Gobierno, hogares de policías y militares, bancos y hasta escuelas en un intento de boicotear la escolarización bajó el régimen militar.

El Gobierno de Unidad Nacional ha negado su implicación en estos actos y el pasado 26 de mayo anunció una serie de principios éticos para las fuerzas de resistencia en las que prohibía los ataques contra centros educativos, sanitarios y otros objetivos civiles.

Los militares golpistas justifican la sublevación por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que arrasó el partido liderado por la nobel de la paz Aung San Suu Kyi, como ya hiciera en 2015, y que fueron considerados legítimos por los observadores internacionales.