Ya lo decía la semana pasada, tras el triunfo de la paridad lo que viene es la construcción de la agenda legislativa por los Derechos Humanos de las mujeres. FOTO: CIMAC NOTICIAS.

Ya lo decía la semana pasada, tras el triunfo de la paridad lo que viene es la construcción de la agenda legislativa por los Derechos Humanos de las mujeres.

Hay que recordar que los avances legales que en esta en materia que hemos logrado las mexicanas, han pasado por los congresos así como los grandes atorones. Esta es una de las instancias fundamentales que tenemos la ciudadanía para construir nuevos escenarios legales.

En medida que las feministas han llegado al espacio legislativo es que hemos podido caminar más rápido para garantizar nuestros derechos. Ellas han sido piezas clave en cada uno de los avances logrados.

Por ello es importante que las legisladoras que llegan en septiembre a la Cámara de Diputados se reconozcan beneficiarias directas de las luchas de las mujeres para poder dimensionar su compromiso con estos derechos.

En todas las legislaturas se ha contado con mujeres afines o comprometidas con la agenda feminista, tanto las que llegaron ya siendo feministas como las que en el camino parlamentario se fueron convenciendo. Legisladoras que enfrentaban realmente la minoría numérica y que tuvieron que desarrollar y poner en práctica sus mejores recursos políticos para lograr avanzar. Hay que reconocer que gracias a ello y al diálogo con las feministas y sus organizaciones, es que tenemos el abanico legal para garantizar la vida e integridad y los derechos de las mexicanas.

Contar con 248 diputadas, más allá de los partidos, da a las mujeres la fuerza de los votos que se necesitan para avanzar. Las legisladoras tienen tres votos menos que Morena, que cuenta con 251 curules, y que es la fracción mayoritaria.

Hacer funcionar esa mayoría numérica implica un pacto político entre las legisladoras en dos sentidos: el primero, ningún retroceso en lo ganado en derechos para las mujeres y las niñas; y el segundo, avanzar no sólo en leyes sino en los recursos necesarios para hacer de ese abanico legal una realidad para todas las mujeres y las niñas.

Me parece fundamental pasar a revisión del congreso los programas que se dice, están encaminados para cambiar la condición de desigualdad de las mujeres y niñas.

Las diputadas que llegan recibirán una agenda con por lo menos 300 leyes pendientes por desahogar, de las cuales sólo 150 tienen que ver con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

De qué se tratan y cuál es el estado que guardan, es una tarea que ya tienen que empezar a investigar para ganarle tiempo al tiempo. Tres años se pasan rapidísimo, así que el tiempo que no se aproveche se pierde.

Hacia dónde se encaminarán los recursos del próximo presupuesto, es otra de las tareas fundamentales que tendrán que enfrentar pues desde la llegada del actual gobierno el mayor recurso que se entrega es a los programas prioritarios del presidente y que se hacen pasar por apoyos para las mujeres, porque numéricamente tiene, en ocasiones, más beneficiarias que hombres beneficiarios.

Pero esta no es la intención de los presupuestos para el adelanto de las mujeres, los recursos deben abonar a transformar las condiciones estructurales de marginación y desigualdad que por siglos viven, vivimos las mujeres.

Es fundamental separar del presupuesto los recursos que se entregan a los programas prioritarios del gobierno federal de aquellos que realmente sean a favor de la autonomía de las mujeres.

Hasta ahora el anexo 13, (128 mil 092 mdp) como se le conoce a la partida presupuestal para la igualdad de las mujeres, se ha convertido en el camino para garantizar los recursos a los programas del gobierno federal a costa de las mujeres, pues de acuerdo con diversos análisis que se han hecho sobre esta partida, 71 por ciento de los recursos destinados a este rubro se van a 8 de los programas del gobierno de Andrés Manuel, que son las becas para jóvenes, adultos mayores, etcétera.

Lograr un pacto político entre las mujeres, señala Marcela Lagarde, implica romper el mandato patriarcal de la enemistad y la competencia entre nosotras.

El número ya lo tenemos, ahora se hace más que necesario la construcción de la estrategia política feminista para seguir avanzando.