Nueva Delhi, 18 may (EFE).- El impacto de la devastadora segunda ola de la pandemia en la India golpea gravemente a los sanitarios, afectados por una presión física y mental en hospitales desbordados, a lo que se suma la muerte por coronavirus de algunos de ellos.

Este martes el país se despertó con la muerte del reconocido médico y divulgador de 62 años KK Aggarwal, expresidente de la Asociación Médica de la India (IMA), que falleció la pasada noche “después de una larga batalla contra la covid-19”, según un comunicado.

Con la muerte del doctor Aggarwal son ya 270 los médicos fallecidos por coronavirus desde que estalló esta segunda ola en abril y más de un millar desde el inicio de la pandemia, según reveló hoy a Efe el presidente de la IMA, el Dr. JA Jayalal.

“Es una locura. La presión es inmensa. No tenemos tiempo para pensar en nuestra salud mental o incluso en nuestra salud física”, relata a Efe Dipshikha Gosh, doctora en una unidad de cuidados intensivos del Hospital Apollo de Calcuta, en el este del país.

Gosh explica que “los médicos están enfermando, y algunos requieren (incluso) de cuidados intensivos en el hospital”.

El centro médico trata a alrededor de 350 pacientes con coronavirus y pese a que “el trabajo es increíblemente estresante”, al menos disponen de una planta propia para generar oxígeno, por lo que no han sufrido escasez como otros hospitales del país.

FALTA DE SUMINISTROS

Un problema que sí ha padecido el hospital de campaña en el corazón de Nueva Delhi en el que trabaja el doctor Rajat Jain, que asegura a Efe que, en los peores momentos, tuvieron incluso que dar “durante un tiempo oxígeno a un paciente y luego a otro”.

“Es un momento difícil en el que te dan ganas de llorar. (…) Estas personas dependen de ti y como no hay oxígeno disponible no puedes hacer nada. En ese momento te sientes impotente”, reconoce Jain, que explica que el centro ha tratado a unos 300 pacientes de coronavirus durante el último mes.

La falta de oxígeno llevó al Gobierno indio a acelerar la producción local y solicitar incluso ayuda internacional, con la respuesta de medio centenar de países, que han enviado hasta hoy 11.321 concentradores de oxígeno, 15.801 bombonas e incluso 19 plantas generadoras de oxígeno, entre otros productos.

Pero mientras los centros y su personal lidian con la escasez de materiales y el colapso hospitalario, varios síntomas van debilitando de manera silenciosa a los sanitarios durante una ola que llegó a registrar más de 400.000 casos de coronavirus diarios.

IMPACTO PSICOLOGICO
Como consecuencia de esta crisis, algunos sanitarios muestran “signos de depresión, mucha desesperanza e impotencia”, explicó a Efe la psicóloga clínica Mimansa Singh del Hospital Fortis en Gurgaon, una ciudad en la periferia de la capital india.

Después de 14 meses de pandemia “pueden estar experimentando un estado de confusión, de agotamiento, se están quemando. Un agotamiento físico y psicológico. Y es por eso que hay mucha desesperanza e indefensión”, detalla Singh, que revela que algunos sanitarios padecen incluso “trastorno de estrés postraumático”.

Ante esta situación, los profesionales levantan un escudo emocional ante lo que está pasando a su alrededor, para no bloquearse y ser capaces así de enfrentarse a los problemas diarios al tratar a los pacientes, concluyó la especialista.

Durante la primera ola de la pandemia, que alcanzó su pico el pasado septiembre con menos de 100.000 casos diarios -nada que ver con el actual tsunami-, un estudio de la Revista Médica india de Cuidados Intensivos reveló que algo más de la mitad del personal sanitario encuestado decía encontrarse agotado.

“Si tuviéramos que repetir el estudio veríamos un aumento ahora respecto a antes, (aunque) será difícil predecir cuánto, porque (la covid) no es nueva para los sanitarios”, argumentó a Efe Atul P. Kulkarni, uno de los autores del informe.

UN MEDICO POR CADA 100.000 HABITANTES
La presión hospitalaria se explica en parte por la falta de médicos en la India, con un doctor cada 100.000 habitantes, unos números insuficientes para sostener un sistema de salud que ha obligado a muchos profesionales a alargar sin descanso sus jornadas.

A esto se suma que es “muy difícil trabajar en un clima cálido y húmedo durante ocho o doce horas (diarias) viendo a un paciente tras otro”, explicó a Efe Sohil Makwana, doctor en un hospital de la región occidental de Gurajat.

Su centro tiene 250 camas y tuvieron que desplegar camas extra, mientras los pacientes esperaban fuera del hospital con “mucho miedo”, afirma el doctor, que detalla que la situación personal, para evitar contagiar a su familia, tampoco es fácil.

“Estoy aislado (…) Llevo en el campus del hospital durante el último año y medio. Casi no salgo a ver a gente. A veces es difícil manejar la situación”, lamenta Makwana.