Pandemia: ¡A reinventarse la vida!

19 de Abril de 2021
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mujer-covid-unfpa-org
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México, abril (SEMlac).- El domingo 4 de abril fui a tomar la primera dosis de la vacuna contra el covid-19 en el Deportivo Santa Cruz Meyehualco, en Iztapalapa. La escena, adultos mayores, mujeres y hombres llegando en taxis, autos particulares, a pie, a la entrada, parecía como la escena cotidiana cuando ibas y dejabas a tus hijos en la primaria y te esperabas a que entraran. Pero, en esta ocasión, eran las y los hijos y hasta nietas y nietos los que iban a dejar a sus progenitores y ellos se apilaban en la banqueta, al lado contrario de la entrada, a esperar que salieras al término de la vacunación.

Me dio gusto, sí, apasionada por el tema del envejecimiento exitoso, digno, saludable, en un país que envejece rápidamente y, por supuesto, no estamos preparados para la atención de personas incapacitadas por enfermedades crónicas degenerativas y sin políticas públicas suficientes y eficientes para atender a la población de mayor edad. Sí, me dio gusto ver a las hijas e hijos preocupándose por sus madres y padres.

Los papeles se invirtieron y la realidad cotidiana cambió. ¿Qué nos pasó? Una pandemia nos llegó y nos cambió hasta el modito de andar. Se hicieron realidad las películas de ciencia-ficción apocalípticas, de virus que arrasan a la humanidad y que ahora vemos que de ficción no tienen nada, porque como la película setentera Cuando el destino nos alcance, ya nos alcanzó y no estábamos ni preparados ni conscientes, incluso algunos siguen en el inconsciente.

Al respecto, la pandemia nos enseña que no conoces bien a las personas y esto viene a cuento porque cuando fui a pagar el mantenimiento de mi edificio, le pregunto a mi vecino que ¿dónde le toca la vacuna? ¡Oh! Sorpresa. - No me voy a vacunar, no creo en eso-. Hasta ahí lo dejé, no hice más comentario y a mi hija, le dije que decepción, pensé que era una persona más responsable, de hecho, es una persona que lleva muy bien la administración en forma eficiente y siempre toma buenas decisiones en cuanto a requerimientos del edificio. Pero como dice el dicho: Caras vemos, corazones no sabemos.

Aquí estoy, 66 años cumplidos y en unos meses serán 67. Lo chistoso, me preguntaron la edad cuando llené el formato de la vacunación y dije 64 y de ahí no me sacaron. Ya en casa saqué cuentas y vi que no, eran 66, bueno menos uno, dice mi hija que ese año nos lo robaron.

Y aquí estamos, en el encierro yo, que soy la mamá y la adulta mayor, y Pilar, mi hija, en el trabajo diario, seis días a la semana, sólo el domingo descansa y va por la despensa para que yo no salga para nada y si lo hago hay que avisarle, ¡No quiere sorpresas!

A la espera de que la cotidianeidad cambie, luego pienso en las cosas que voy a hacer cuando pase lo de la pandemia, pero mi hija, me saca del error. ¡Ay mamá!, creo que tendremos que acostumbrarnos a vivir así algún tiempo.

¿Cómo estamos?
A un año de la pandemia y a nueve meses de sobrevivir el Covid-19, siete días que cambiaron mi vida, ¡Estamos! No soy pesimista, al contrario ¡la libré! y por lo mismo es un plus estar aquí.

Lo que es cierto es que nos acostumbramos, como a todo, a vivir a diario con la muerte y la enfermedad. A estas alturas perdimos a alguien cercano, muy muy cercano o conocido, o familiar de alguien que nos importa, y por lo mismo compartimos el dolor, pero es ya casi tan automático, que el dolor se queda en el alma, y no nos damos cuenta o no queremos pensarlo.

Aprendimos a vivir la nueva realidad, que afortunadamente ya la frase no la repiten las esferas oficiales de la Cuarta Transformación, que junto con la pandemia es otra carga pesada que padecemos. ¡Nunca!, ¡jamás! ni en las peores pesadillas hubiera creído el retraso tan grande económico, social, cultural que estamos viviendo.

No me sorprende un ejecutivo que sedujo a miles hasta llegar al fanatismo, pero lo que no me explico a la gente que pensabas o admirabas esté a disposición de las ocurrencias de este Rey Sol, pero, en fin.

En este contexto, me alegra que la situación haya acelerado el apropiarse de las nuevas tecnologías de las personas mayores que como yo, vivimos el surgimiento de la televisión, la radio, después el internet, y que nos atrevemos a incursionar en las nuevas tecnologías porque estamos vivas y activas. La edad no es pretexto para quedarte rezagada.

Extraño las reuniones presenciales, por lo menos cada mes, en la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, que convocaba a adultos mayores a asistir a conferencias por expertos en todo para iluminarnos y seguir vigentes. El café y las galletas en el intermedio, la plática sabrosa y hasta ahora me pongo a pensar ¡qué pensarían! las y los jóvenes estudiantes que veían invadidas sus jardineras y cafetería por estas personas mayores tan ansiosas de conocimientos y nuevas experiencias.

Hay que reconocer que las y los practicantes de servicio social de los grupos 1905 y 1907 nos mantuvieron, los últimos meses del 2020, activos virtualmente por zoom con encuentros intergeneracionales Apptivándote en casa que sustituyeron los encuentros presenciales. Nos veíamos, nos saludábamos y nos escuchábamos. Ellos ya terminaron sus semestres y la verdad estamos en espera de los nuevos grupos para interactuar.

Mi otra pasión es la que me mantiene activa, soy reportera y me publican, aprendo todos los días, mi home office, que luego me pone en aprietos, cuando son reuniones por Zoom que estoy cómodamente en pijama y me doy cuenta que no es Facebook Live y ¡en la torre!, a cambiarse rápidamente y la pintada. Mi hija, cuando está, sólo se ríe. Y también que va a pensar la jefa y amiga Sara Lovera siempre tan coqueta y bien puesta, ¿cómo la reportera de SEMlac en esa facha?

Esa es otra situación que celebro, las amigas conectadas en grupos de chat, tan impensable vivir sin el chat y sin ellas. A veces no hacen falta las palabras, los emoticones y gifts de buenos deseos, luego lo son todo.

En las noticias, un experto en epidemiología me abrió los ojos, mencionó que cada vacuna por lo menos tiene vigencia seis meses, después va a ser costumbre vacunarse cada año, como se hace con la vacuna de la influenza Virus H1N1. Que desde el 2009 me la ponía todos los años en los puestos de vacunación de las estaciones del Metro. Este año fue la excepción porque no salí ya de casa, pues estaba en la larga recuperación del covid-19.

En espera de la segunda dosis de vacunación y con la esperanza que las muertes ya paren, sólo pienso en cuántos años nos podremos volver a reunir sin miedo a contagiarnos. A tomar el café con las amigas de los círculos de envejecimiento, las del selecto grupo de SEMlac en México, todas mujeres excepcionales, a escuchar una conferencia en vivo. Las reuniones presenciales, palabras actuales "presencial" y "virtual" que hay que anotar en la redacción de las notas, para conocer el contexto.

Todos los días doy Gracias a Dios, a la Vida, a los doctores y al personal médico que me atendieron y a las hermosas mujeres encabezadas por Sara, fueron el apoyo para mi hija en los momentos que estuve a punto de irme de este mundo real. Con el ánimo muy en alto de adaptarnos a los nuevos tiempos, porque una cosa me queda bien clara, la vida como la conocimos hasta el 2019 ya no es ni será, aprendemos a aprovechar cada minuto de vida, y a reinventarnos cada día.

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