“Las taradas” son las defensoras de Derechos Humanos de las mujeres, según la presidenta municipal de Hermosillo. Para ella, las defensoras viven con una “tara”. FOTO: CIMAC NOTICIAS.

“Las taradas” son las defensoras de Derechos Humanos de las mujeres, según la presidenta municipal de Hermosillo. Para ella, las defensoras viven con una “tara”.

En el pasado decirle “tarada” a una persona, significaba una ofensa verbal para insultar a alguien que nos había agredido, o con la que no estábamos de acuerdo en algún tema.

Poco a poco, y con el avance del reconocimiento a los Derechos Humanos en la legislación, producto de la firma de tratados internacionales, el avance en la claridad médica indica que padecer una “tara” es como vivir con alguna discapacidad y eso se respeta, porque el mundo es de todas y todos, seamos o no discapacitados.

La “tara” es un nombre femenino, dice el diccionario. El vocablo se refiere a un defecto físico de una persona, especialmente el que es grave y hereditario.

Otra acepción de “tara” es la que la define como un defecto de una cosa manufacturada, especialmente el que no pasa de ser una leve imperfección que disminuye el valor del objeto.

Pero también en Chile y Perú, la “tara” se refiere a una planta arbustiva de flores amarillas y frutos en legumbres esponjosas y oblongas de la que se obtiene una sustancia que se emplea para teñir.

En Venezuela por “tara” se entiende que es un insecto de cuerpo muy largo y estrecho de hasta nueve centímetros de longitud, color verde o amarillento, con las patas delanteras largas y robustas, provistas de fuertes espolones y espinas, entre los cuales quedan atrapados los insectos de que se alimenta; cuando está en reposo, une las patas delanteras en una actitud que recuerda a una figura orante; la hembra suele devorar al macho tras la cópula.

Y también en Venezuela, se conoce como “tara” al nombre común con que se denomina a distintas especies de mariposas.

De todas estas definiciones que encontramos en el diccionario, es tal vez la última con la que nos identificamos las feministas, defensoras de Derechos Humanos de las mujeres, a quienes la presidenta municipal de Hermosillo, Celida López Cárdenas calificó de “taradas”.

Esta no es la primera vez que la alcaldesa se refiere a algún sector de la ciudadanía con algún calificativo para denostar el objetivo o acción de ese grupo.

Su intención parecería utilizar un lenguaje “popular” al incluir en sus discursos frases como “para que no me chinguen”, “hay que arreglar las cosas en casa por las buenas, no a chingadazos”, “si te tomas una caguama a diario o solo pisteas en fin de semana, pues estás jodido”, y otros.

Pero este 29 de marzo su narrativa fue de antología. Su discurso ante jóvenes a los que pretendía influenciar para buscar la intención del voto a su favor en las próximas elecciones, pues pretende repetir su trienio al frente del municipio de Hermosillo, se salió de lo “popular”, y pasó al terreno de lo misógino e ilegal.

Abogada de profesión, Celida López no midió las consecuencias de su arenga, pues incurrió en varios dichos que podrían configurar no sólo violaciones a Derechos Humanos, sino en promoción de odio hacia las feministas que se han manifestado en Hermosillo, particularmente por aborto legal.

Al ser un tema con el que no está de acuerdo, su convicción religiosa que ha expresado en múltiples ocasiones, la ha cegado para poder ubicarse en la posición de alcaldesa de todas y todos, y posicionarse como servidora del “señor” (Dios).

Su religiosidad la ha llevado a agradecer primero que a nadie a los ministerios religiosos que la apoyaron en su campaña proselitista, al momento de recibir su constancia de mayoría de votos al ganar la elección en 2018.

Al tomar protesta como alcaldesa, agradeció antes que a ningún otro invitado, al arzobispo de Hermosillo, presente entre otros. De igual forma, en algún momento cuando le solicitaron por primera vez que el palacio de gobierno municipal se iluminara con los colores del arcoíris durante el mes de junio se negó.

Arguyó que no lo podía autorizar, como se lo habían solicitado colectivos LGBTTTIQ+ porque eso estaba fuera de sus convicciones, así como la práctica del aborto legal. Finalmente accedió, cuando se lo pidieron otros colectivos, y el palacio se iluminó en el año de la pandemia (2020), visto solo en fotografías por la sociedad pues la ciudad se encontraba en confinamiento total.

En la historia de Hermosillo quedará su imagen pintando con brocha gorda las paredes de la catedral que habían sido lienzo para que las manifestantes del 8 de marzo del 2020 expresaran sus consignas, particularmente “las niñas no se tocan”, aludiendo a la pederastia clerical ampliamente documentada en México.

Para las “taradas” ni una palabra, ni un pronunciamiento, ni un mensaje, ni una llamada para averiguar lo que sí es de su incumbencia como presidenta municipal, saber cómo estaban las defensoras que habían sido agredidas en la marcha, por un hombre armado con un bat.

Ninguna muestra de solidaridad con las jóvenes a quienes ese día les quebraron vidrios de sus carros, con las otras a las que les robaron, con otras más a las que acosaron a familiares cercanos, a quienes también frente a sus propios domicilios les vandalizaron sus vehículos estacionados.

Nada hacia las que tuvieron que salir desplazadas hacia otras ciudades a partir del 8 de marzo, en que les profirieron amenazas, y les montaron guardias en vehículos desconocidos frente a sus viviendas.

Desde ahí Celida marcó distancia de las luchas legítimas de las mujeres, sobre todo las jóvenes de pañuelo verde, color de la esperanza que tienen en que sus derechos sean plenamente reconocidos.

En cambio, estrechó su apoyo total, así lo declaró al finalizar la marcha, a la Iglesia católica, incluso ayudó a pintar las paredes con sus propias manos. Declaró en contra de las manifestantes, y nada dijo de las agresiones que sufrieron éstas.

El lunes pasado su discurso salió del alma, de su corazón. Su odio hacia las defensoras de la vida y libertad de las mujeres no le permitió moderar sus palabras y poner límites. Y si los puso, éstos siguieron los carriles religiosos, no los legales que corresponden dada su investidura.

Ahora que busca su reelección, Celida seguramente pagará los costos de su ligereza al referirse a un movimiento que, aunque ella no lo sepa, la llevó a donde está. El feminismo ha sentado a mujeres en curules, en sillas presidenciales municipales, en gobiernos estatales, pero la mayoría de quienes los han ocupado no han emanado del propio movimiento feminista.

Tal vez la actuación de Celida López Cárdenas sirva para emprender desde ahora, una campaña para que ni una mujer misógina más sea llevada al poder por los movimientos feministas. Hoy las “taradas” están pidiendo sanción para la alcaldesa y todo hace indicar que pronto se convertirá en un clamor generalizado.

Petición abierta por el colectivo “Las Taradas” para solicitar sanción a la presidenta municipal de Hermosillo por sus dichos violentos contra las manifestantes por aborto legal.