En los últimos dos años, la mexicana Olivia Barrita ha aprendido a convivir con el dolor que continuamente le provoca la artritis reumatoide. FOTO: EFE/Alex Cruz.

México, 2 mar (EFE).- En los últimos dos años, la mexicana Olivia Barrita ha aprendido a convivir con el dolor que continuamente le provoca la artritis reumatoide, una enfermedad inflamatoria, crónica e incurable que le ha cambiado la vida.

“Fue de repente que me empezaron a doler las manos. Soy secretaria y tengo que estar escribiendo, y primero me dolió una muñeca pero no le hice mucho caso”, dice este martes Barrita, de 42 años, a Efe.

Sin embargo, rememora, días después ya no podía mover las manos, por lo que acudió a un doctor, y, después de varios estudios, fue diagnosticada de artritis reumatoide, una enfermedad que ya conocía porque la padece su madre.

“Pero no pensaba que me iba a dar a mí, ni tan joven”, afirma.

La artritis reumatoide, explica el reumatólogo César Pacheco, es una enfermedad autoinmune e inflamatoria que en Latinoamérica afecta a entre 6 y 8 mujeres por cada varón, y aparece entre los 40 y los 50 años de edad.

Según cifras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en la región existen 34 millones de personas con discapacidad permanente y 140 millones con discapacidad temporal a causa de las enfermedades reumáticas.

Pacheco señala que existen más de 100 tipos diferentes de artritis, pero la reumatoide es de las más comunes.

Y quizá, dice Barrita, la más dolorosa. “Lo más difícil es que muchas veces los doctores son insensibles ante los pacientes”, afirma.

A ella la atienden en un hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde el tratamiento ha consistido en paracetamol, que a veces le ayuda a calmar el dolor.

“Es lo único que me han recetado, solo me dijeron que era una enfermedad hereditaria y ya no hubo más preguntas ni respuestas que pudieran darme”, lamenta.

Olivia refiere que saber el diagnóstico le llevó a “desarrollar una leve depresión”. “Uno puede llegar a sentirse mal emocionalmente también, y muchas veces eso no se atiende”, apunta.

SÍNTOMAS DIVERSOS
Pacheco, quien también es presidente del Colegio Mexicano de Reumatología, detalla que esta enfermedad provoca diferentes síntomas, aunque el que más predomina es el dolor.

“Hay pacientes que pueden iniciar con fatiga, fiebre, disminución del apetito”, refiere.

Sin embargo, con el paso de las semanas, el dolor en las articulaciones, especialmente en las manos, es inminente.

“Eventualmente esas articulaciones se inflaman y limitan el movimiento”, apunta.

El problema, dice el especialista, es que en Latinoamérica el diagnóstico de la enfermedad suele retrasarse entre tres y cuatro años. En gran medida, debido al complejo sistema de salud que tienen los países y a los pocos especialistas que hay en el tema.

“La disponibilidad de reumatólogos es insuficiente”, afirma.

Aunque Barrita ha aprendido a sobrellevar la enfermedad en estos casi dos años, asegura que su manera de verla la ha ayudado: “Trato de pensar que no estoy enferma y seguir con mi vida”.

Del mismo modo, explica, trata de llevar una dieta saludable y de hacer ejercicio.

Mientras que César Pacheco, por su parte, resalta la importancia de controlar el peso y dejar el tabaquismo, pues ambos son factores de riesgo.