Según el Coneval, en diciembre se generó un crecimiento de la pobreza extrema por ingresos (canasta alimentaria). FOTO: CIMAC NOTICIAS.

Según el Consejo Nacional para Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en diciembre se generó un crecimiento de la pobreza extrema por ingresos (canasta alimentaria), tanto en el ámbito rural como en el urbano. Con cifras de 5.3 y 4.2 por ciento, respectivamente. Estos incrementos son superiores al de la inflación anual general, el cual es de 3.2. por ciento.

Dicho de otra manera, ha disminuido el poder adquisitivo del ingreso, existe mayor pobreza y mucha de esta pobreza está feminizada, porque son las personas que perciben los ingresos más bajos.

Los productos que más incidieron en el cambio anual de la línea de pobreza por ingresos, tanto en el ámbito rural como el urbano, fueron la canasta alimentaria, vivienda, y servicios de conservación; y, cuidados de la salud.

Para el ámbito rural, los productos que más impactaron al alza en el cambio anual fueron: el frijol, el pollo entero o en piezas, y la pierna, muslo y pechuga con hueso. En el caso del ámbito urbano, los productos con mayor incidencia fueron: el frijol; los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar; y la leche de vaca, pasteurizada, entera o light.

Muy asociado a esta problemática están las cifras sobre el desplome de la economía en 2020, dadas a concer por el Inegi. Son cifras preliminares pero dignas de tomarse en cuenta. Se reporta una caída del PIB para 2020 del orden de 8.5, cifra ligeramente inferior a la mayoría de las previsiones o estimaciones, en especial de los organismos internacionales y las calificadoras. Claro, falta ver las definitivas, pero no serán mejores.

El segundo trimestre del año (ver gráfica), fue especialmente complejo por los efectos de la pandemia de salud, pero sobre todo por la falta o ausencia de politicas públicas que bien podrían haber matizado estos efectos económicos tan graves. Un (-18.3) en PIB total, o la caída de la Industria en un (-25.5) por ciento.

Si la economía no crece es que refleja la falta de empleos, disminución en los ingresos de las familias, menor ingreso per cápita y por supuesto mayor desigualdad con  pobreza;  los ingresos de las finanzas públicas lógicamente también reportan una reducción. Y no hay visos de una reforma fiscal progresiva, que permitan reforzar el rol del Estado, frente a una crisis de dimensiones no vistas.

En palabras de Rolando Cordera, “no ha podido crear los empleos dignos y de calidad que reclama su enorme población joven, tampoco generar y distribuir los llamados bienes públicos, indispensables para garantizar a toda la población una existencia satisfactoria” (La Jornada 31 de enero 2021).

El posible respiro proviene del exterior con el programa de ayuda de 1.9 billones de dólares para Estados Unidos, implica crecimiento de las remesas y de las exportaciones. De nuevo colgados del país vecino, en el cabus de ese tren.

Ausencia de un estado de bienestar y un techo de protección para las mujeres

Es muy probable que la pandemia pase a la historia como la primera vez que la desigualdad se ha incrementado al mismo tiempo en prácticamente todos los países del mundo. Las fortunas del mundo han recuperado su nivel de riqueza, pero la recuperación para las mujeres puede ser de más de una década.

“112 millones de mujeres dejarían de tener un riesgo elevado en sus ingresos y empleos si la presencia de hombres y mujeres en los sectores económicos más afectados fuera equitativa”.

“El virus de la desigualdad, Oxfam”

Y no sólo en la desigualdad económica, también la concentración de ingresos o en las desigualdades de género. Ya lo había referido Simone de Beauvoir: “basta un ligero viento para que las mujeres pierdan todos sus derechos”. Además esto es un huracán al que no han querido o podido ponerle límites o barreras, está más que demostrado que una economía de mercado como la que hemos tenido y tenemos, en nada puede apoyar o remediar algo así, por el contrario, acrecienta los problemas.

Es totalment falso que el país está en un callejon sin salida, se requería y sigue requiriendóse un seguro de desempleo, créditos para trabajadoras en confinamiento, un ingreso universal, con preferencia para toda la informalidad laboral.

Créditos a la palabra para Pymes y micro empresas, pero no de 25 mil pesos, apenas un mes de nónima ¿y luego?. Salud universal y vacunación masiva implican entre otras cosas destinar más recursos a la salud, un sector en grave crisis, mucho antes de la pandemia. Educación en línea como la actual también significa inversiones cuantiosas.

Recuperar salud y crecimiento económico con bienestar social, cerrar brechas de desigualdad, invertir en salud, educación y todos los rubros de gasto social -más allá de los “programas asistenciales” y de uso politico-, son tareas de un Estado con proyecto y gobernabilidad, que rebase lo meramente electorero.

El concepto de estado de bienestar ha cambiado en el tiempo y aún varía de un país a otro. Es posible, sin embargo, llegar a una definición general debido a que su elemento fundacional se encuentra en un pacto colectivo de solidaridad y reciprocidad.

El estado de bienestar parte de reconocer y garantizar los derechos económicos, sociales y culturales establecidos en las constituciones nacionales. Esto es lo que sustenta la inversión en desarrollo humano −educación y salud− y los sistemas de protección social frente a los riesgos.

Necesitamos un estado de bienestar que nos proteja de los riesgos sociales a los que estamos expuestos durante el transcurso de la vida −en los primeros años, cuando estamos en edad productiva y también en la etapa final−, que genere capital humano por medio del sistema educativo, provea servicios sanitarios de calidad y garantice la igualdad de oportunidades, regional y de género”.

“Hacia un estado de bienestar para México, El Colmex”

La posibilidad de construir un techo de protección para las mujeres pasa por esta condición: un estado de bienestar, producto del esfuerzo colectivo y responsable con el compromiso explícito del gobierno en sus tres niveles, traducido en políticas publicas que en verdad construyan igualdad sustantiva, con perspectiva de género, que posibiliten la contrucción de un techo de protección para las mujeres.