Pekín, 21 ene (EFE).- Bautizado en honor a una diosa que, según la mitología china, vive en la Luna, el programa Chang’e de la potencia asiática dio un paso de gigante el pasado diciembre tras alunizar y traer de vuelta a la Tierra muestras de roca lunar bajo la promesa de que las compartirá con científicos de otros países.

La sonda no tripulada Chang’e 5 regresó el 17 de diciembre con casi dos kilogramos de muestras lunares, lo que convirtió a China en el tercer país en completar esta hazaña tras Estados Unidos y la extinta Unión Soviética, la última en lograrlo en 1976.

Científicos chinos explicaron esta semana en un evento para los medios que el material ayudará a saber más sobre el satélite -por ejemplo, su edad exacta-, y que para ello programaron que la sonda perforase en el norte del Mons Rümker, un montículo volcánico de la cuenca Oceanus Procellarum, en la cara visible de la Luna.

Se trata de una zona a la que no habían llegado antes ni astronautas ni misiones espaciales no tripuladas.

Las muestras se recopilaron de dos formas diferentes: en la superficie de la Luna, gracias a un brazo robótico, y bajo tierra, a través de un taladro que perforó dos metros el satélite para obtener ejemplares que podrían datar de periodos muy anteriores.

DOSCIENTOS GRAMOS MENOS DE LO PREVISTO
Tras su llegada, la cápsula fue trasladada a Pekín en avión, donde se procedió a extraer el cilindro contenedor con las muestras.

No obstante, el subdirector del Centro de Exploración Lunar y Programa Espacial de la Administración Espacial Nacional de China (ANEC), Pei Zhaoyu, admitió en el citado evento que la sonda trajo 1.731 gramos en lugar de los dos kilos previstos.

“Queríamos que la sonda excavase durante 22 horas pero paramos después de 12. Los científicos estimaron que la cantidad era suficiente dada la densidad de las rocas”, afirmó, aunque reconoció que “podría no ser tan alta como pensábamos”.

También señaló que un 80 % de las muestras se utilizará para la investigación -el 20 % restante se almacenará-, y que el país las compartirá “con científicos de todo el mundo” durante un período de hasta seis meses, aunque todavía no se han recibido solicitudes desde el extranjero.

El éxito de la misión ha sido, además, motivo de orgullo: el alunizador también desplegó la bandera china en la superficie lunar, lo que convirtió a China en la segunda nación en hacerlo.

“La Luna es propiedad de toda la humanidad. Como potencia, China tiene la responsabilidad de explorarla. Otros países lograron resultados brillantes en sus programas, pero no podemos quedarnos a expensas del resto”, indicó el funcionario.

EL ESPACIO, ESCENARIO DE CONFLICTO Y DE COOPERACIÓN
Los progresos de China en el espacio han sido vistos con recelo por Washington, con quien Pekín mantiene diversas disputas que se recrudecieron durante el mandato del ya expresidente Donald Trump.

En 2019, una comisión estadounidense aseguró que “el sueño espacial chino” no consiste en explorarlo sino en “dominarlo” y que para ello invierte “ingentes cantidades de dinero”.

Pei no aclaró cuánto costó la última misión y se limitó a comentar que China no restringe la cooperación con ningún país.

No en vano, son las leyes estadounidenses las que limitan a su agencia espacial NASA a colaborar directamente con Pekín.

El funcionario destacó que China ha cooperado en la misión del Chang’e 5 con instituciones como la Agencia Espacial Europea (ESA) y, a través de ella, con la estación de seguimiento española de Maspalomas (Islas Canarias) operada por el Instituto Nacional de Técnica Aerospacial (INTA), que realizó el seguimiento de reentrada de la sonda.

También colaboró con Argentina en el campo de la Telemetría, Seguimiento y Comando (TT&C), confirmó a Efe Sabino Vaca Narvaja, representante especial para la Promoción Comercial e Inversiones en China, tras recibir una conmemoración en nombre de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales de la Argentina (CONAE).

“Se premia a la Estación de Espacio Profundo en la provincia de Neuquén que prestó apoyo al Chang’e 5, una de las misiones más complejas que ha llevado a cabo China hasta ahora”, explicó.

El diplomático espera que los científicos argentinos puedan acceder a las muestras para estudiarlas -sea en equipos mixtos de investigación o por cuenta propia- “y, con suerte, contribuir al conocimiento y una mayor comprensión de la Luna”.

EL ‘CONEJO DE JADE’ CONTINÚA EN EL LADO OCULTO DE LA LUNA
El programa chino de exploración lunar comenzó con el lanzamiento de una primera sonda orbital en 2007. Después, el país asiático realizó su primer alunizaje en 2013 y, en enero de 2019, logró que la Chang’e-4 se posara en su cara oculta.

Y allí sigue: el 8 de enero de este año, la ANEC hizo público que el robot explorador Yutu-2 (“conejo de jade”, nombrado así en honor al acompañante de la diosa Chang’e) reanudó sus operaciones en su vigesimosexto día lunar para moverse hacia el noroeste en dirección a cráteres de impacto con alta reflectividad.

El explorador tomará fotos panorámicas y continuará efectuando exploraciones científicas con su espectrómetro de imágenes infrarrojas, detector de átomos neutros y radar lunar.

Las sondas del programa se lanzaron mediante las diversas series del cohete Larga Marcha, que ya llevó al espacio con éxito la primera misión china a Marte, la Tianwen-1, el pasado 23 de julio, y cuya llegada al planeta rojo se prevé para el próximo mayo.

Pero la guinda al programa será una misión tripulada a la Luna y la construcción de una base científica en el mismo satélite, aunque todavía no se ha fijado una fecha para ello.

El plan es que la Chang’e-6 lleve a cabo una misión similar a la del Chang’e-5, mientras que la Chang’e-7 explorará la topografía antártica de la Luna y la Chang’e-8 desarrollará “tecnologías clave” para construir la estación lunar, que prevé la investigación científica y la minería sobre la superficie del satélite.