La crisis del coronavirus y los efectos del divorcio entre el Reino Unido y la UE han sumido a los artistas británicos en una tormenta perfecta. EFE / Javier Zorrilla.

Londres, 14 ene. (EFE).- La crisis del coronavirus y los efectos del divorcio entre el Reino Unido y la Unión Europea (UE) han sumido a los artistas británicos en una tormenta perfecta que pone en jaque el futuro de las giras por Europa.

Bajo el acuerdo del Brexit, sellado ‘in extremis’ a finales de diciembre, los músicos británicos que quieran actuar en Europa estarán sujetos a las regulaciones laborales concretas de cada uno de los países incluidos en la gira.

De este modo, podrán recalar en Francia o Noruega sin necesidad de un permiso de trabajo siempre que no excedan un límite de días, mientras que en España o Italia sí que tendrán que solicitar un documento específico, según advierte la Incorporated Society of Musicians (ISM), organismo profesional de músicos del Reino Unido.

Además, los artistas estarán obligados a pedir el certificado ATA, una suerte de “pasaporte de bienes” ya utilizado en los viajes a Estados Unidos y con un precio a partir de los 365 euros anuales (unos 442 dólares), para poder transportar sus instrumentos sin pagar aranceles.

Esta imbricada burocracia asesta un duro golpe al sector musical, que atraviesa sus horas más bajas con su valor reducido a la mitad por la pandemia, tras cerrar un exitoso 2019 aportando 5.800 millones de libras (unos 6.500 millones de euros/7.780 millones de dólares) a la economía británica, según cifras de la organización UK Music.

La secretaria general adjunta del sindicato Musicians’ Union, Naomi Pohl, explicó a Efe que este sistema post-Brexit para actuar en Europa supondrá un “gran problema” para los artistas, sobre todo para las orquestas, con muchos miembros e instrumentos a trasladar.

“El Gobierno no nos aclara las normas, ni siquiera sabemos si los músicos de otras partes del Reino Unido necesitarán permisos especiales para tocar en Irlanda del Norte”, lamentó la representante, crítica con la “vaguedad” del acuerdo de salida de la Unión Europea.

Ante este “despropósito”, que a ojos de Pohl provocará que haya “giras con menos paradas” y “menos artistas europeos que actúen en el Reino Unido”, los músicos no tienen a quién señalar como culpable, con Londres y Bruselas enzarzados en una batalla de acusaciones cruzadas.

El medio británico “The Independent” publicó esta semana que el Reino Unido rechazó durante las negociaciones del Brexit una oferta de la UE para eximir a los artistas de sobrecostes y burocracia gracias a un permiso especial para ir de gira.

Sin embargo, la ministra británica de Digital y Cultura, Caroline Dinenage, aseguró en su cuenta de Twitter que esta información era “incorrecta” y la tildó de “especulación engañosa” al señalar que fue Bruselas, y no el gobierno británico, quien refutó la propuesta.

“El Reino Unido presionó por un acuerdo más ambicioso con la UE sobre el movimiento temporal de viajeros de negocios, que habría incluido a músicos y otros, pero nuestras propuestas fueron rechazadas por la UE”, remarcó Dinenage.

Sea como fuere, las redes sociales se llenaron de mensajes escépticos con Downing Street, residencia oficial del primer ministro, Boris Johnson, en una cruzada liderada en Twitter por artistas como Thom Yorke, de Radiohead; Tim Burgess, de The Charlatans; Lilly Allen y Laura Marling.

También mostró su enfado y pidió “acción colectiva” el cantante inglés Sam Duckworth, más conocido bajo el nombre artístico de su banda, Get Cape. Wear Cape. Fly, que reconoció a Efe su “sorpresa” ante este coletazo del Brexit.

“No fue un voto para no volver a Europa, sino para dejar la relación con la Unión Europea”, resaltó el artista, quien se siente “muy unido” a un continente al que agradece “haber agitado” su creatividad.

Duckworth, que ha ido de gira europea cada año de los últimos quince que lleva sobre el escenario, comentó que “todavía es pronto” para saber cómo le afectarán los cambios burocráticos pero que espera que los países lleguen a un acuerdo para poder viajar sin cortapisas.

Mientras, el artista inglés aguarda al verano con incertidumbre y la mirada puesta en varios conciertos y festivales europeos a los que ya no sabe si el virus y el Brexit le dejarán asistir.

“Será un golpe muy duro, pero no solamente para mí, sino para la gran mayoría de músicos británicos que queremos a Europa”, expresó.