Reivindicar los derechos de quienes pertenecen al SNI y trabajan en universidades privadas no significa ignorar las carencias de sus colegas. FOTO: CIMAC NOTICIAS.

Reivindicar los derechos de quienes pertenecen al SNI y trabajan en universidades privadas no significa ignorar las carencias de sus colegas en universidades públicas ni cerrar los ojos ante las graves desigualdades que afectan a millones de personas en México.

La eliminación del subsidio a quienes lo habían ganado conforme a los propios lineamientos del SNI, en función de su lugar de trabajo, es un acto discriminatorio y contrario a la progresividad de los derechos.

Aceptarlo como un hecho inevitable por la “austeridad” implicaría, como ya sucedió con diversas medidas laborales regresivas en el sector público, aceptar que el gobierno puede tachar como “privilegios” ciertos derechos o eliminarlos según las prioridades del gobernante autoritario en turno.

En cuanto a la investigación científica, se ha argumentado desde Conacyt que hay “auténtica” y ¿mala? ciencia en función de un “interés nacional” ideologizado. También se ha señalado que existen fondos de investigación a los que se puede concursar. Si bien éste es un recurso significativo, limitarse a él implicaría subordinarse a los lineamientos de Conacyt que pueden dejar fuera temas “de género” o emergentes, relevantes pero “polémicos”.

Hoy, por ejemplo, está “de moda” trabajar sobre violencia pero hace unos años era imposible o muy difícil obtener fondos para investigarla – lo mismo que el aborto y sus efectos. La investigación requiere de fondos públicos – sin criterios de selección ideológicos- y de fondos individuales que puedan usarse para estudiar, en colectivo o no, temas que se consideran valiosos o urgentes, sin tener que soportar más burocratismo que el existente.

Para la mayoría de las personas entrevistadas para esta columna, el SNI es perfectible. Para algunas, ha sido benéfico porque ha contribuido a “profesionalizar” la investigación y a “fortalecer la cultura académica de pares”; porque, sus criterios “menos subjetivos” pueden reducir sesgos de género y, al reconocer al valor de las investigadoras, permitirles más autonomía frente a criterios “utilitarios” o “asimetrías de poder” prevalentes en las IES privadas.

Otros señalan que el SNI ha servido para evitar la “fuga de cerebros”, al paliar con los estímulos los bajos salarios académicos; otros más consideran que precisamente esta “compensación” ha contribuido a la precarización del trabajo, a la estratificación de la academia y a la imposición de criterios “productivistas” que tratan la investigación como “mercancía”. Casi todos valoran, en cambio, la promoción del trabajo conjunto entre instituciones privadas y públicas, en investigación, docencia, publicaciones… colaboración que probablemente disminuirá en el mediano plazo.

A la par de estas opiniones encontradas acerca del impacto del SNI, surgen observaciones críticas que deberían formar parte de un diagnóstico de éste y del Conacyt si se buscara mejorar las condiciones para la investigación en México.

La mayoría de las y los colegas entrevistados plantean que el SNI debe reformarse mas no eliminarse, aun cuando no resuelva o incluso contribuya a la precarización del trabajo académico. ¿Por qué? porque si se eliminara, como se ha hecho con otros programas, quienes trabajan en universidades privadas y públicas verían derrumbarse gran parte de sus ingresos.

Ni todas las universidades privadas pagan salarios dignos ni todas las públicas compensan sus bajos sueldos con promociones específicas para docentes-investigadores.

Las autoridades del Conacyt deberían reconocer el error que implica dividir a la academia y dificultar o minar la investigación y la cooperación científica por criterios discriminatorios, que contravienen la ley.

Deberían impulsar, en cambio, un aumento en la inversión en ciencia y tecnología y en educación, incluyendo salarios para docentes, investigadores y SNI, y respetar la opinión y participación de investigadores diversos en sus instancias formales y en foros informales.

Justificar recortes a la academia y a la educación bajo el pretexto de la austeridad es engañoso e irresponsable ¿Por qué sí hay dinero para una refinería que se inunda y no para proyectos de interés nacional e investigación autónoma?