París, 25 nov (EFE).- El rally Dakar también tendrá que adaptarse a la pandemia de coronavirus, que ha obligado a los organizadores a un desafío logístico aun mayor de lo habitual para que la carrera pueda comenzar el próximo 3 de enero en la ciudad saudí de Yeda.

El recorrido definitivo, desvelado este miércoles por los organizadores, supone un “boucle” a través del desierto de Arabia Saudí, con un paso por Riad, una jornada de descanso junto a la joya arqueológica de Ha’il y un descenso de nuevo a Yeda, pulmón económico del país.

En total, doce etapas más un prólogo de 11 kilómetros en los aledaños del estadio Rey Abdallah de la ciudad de Yeda, que albergará el primer campamento. Una etapa que servirá para definir el orden de salida del día siguiente.

La entrada en materia se producirá en las pistas que unen Yeda y Bisha, rumbo al sur del país, antes de afrontar las primeras dunas.

“El objetivo era equilibrar las dos semanas, después de que el año pasado quedara algo desequilibrado”, explicó el director de la carrera, David Castera, que también aseguró que han buscado que el suspense deportivo se mantenga hasta el final.

“La etapa más dura será la undécima”, agrega el expiloto, que en esta edición profundiza en las novedades técnicas tendentes a igualar la competición, como la vigilancia de los pilotos con cámaras o la entrega de los libros de ruta solo por las mañanas.

La arena llegará a partir de la segunda etapa, con meta en Wadi Ad-Dawasir, meta de la segunda etapa y que también albergará la tercera, un paseo por el llamado “desierto vacío” del país.

La caravana pondrá al día siguiente rumbo a Riad en una jornada de transición, camino del norte con escala en Buraydah, en una etapa que pondrá a prueba los nervios de los pilotos, y Ha’il, sede de la etapa de descanso, donde los participantes llegarán tras superar una jornada plena de arena.

Tras el reposo llegará la etapa maratón con meta en Sakaka, el punto más septentrional de la edición en su mayoría entre montañas arenosas combinadas con llanos pedregosos en los que la clave será controlar el esfuerzo.

Las consecuencias de la etapa sin asistencia se verán en la octava etapa con llegada a Neom, frente a la península del Sinaí, de nuevo en las costas del mar Rojo, donde el recorrido permitirá tirar más de acelerador.

Esa misma ciudad será meta de la siguiente etapa, de nuevo muy rodadora, antes de poner dirección a Al-Ula, tras atravesar una región semimontañosa, lejos de la arena.

Las dunas regresarán con toda su intensidad en la penúltima jornada con meta en Yanbu, la especial más larga de la edición en un océano de desierto donde las diferencias entre los pilotos pueden hacer saltar por los aíres la general de la víspera.

La intensidad bajará en la última etapa, entre celebración y dificultad, que designará al ganador final en cada categoría que subirá al podio situado en Yeda.

Castera recordó que el Dakar renunció a entrar en otros países a causa de la COVID-19, pero que Arabia Saudí ofrece terreno suficiente para variar recorridos y que el de la edición 2021 será “en un 80-90 % diferente” al del año pasado.

El director de la prueba destacó que temió por la disputa de la carrera, pero dijo que el apoyo de las autoridades saudíes fue esencial.

“Allí no hay mucho covid y nos dijeron que lo tenían todo entre manos”, señaló Castera, que pese a las restricciones a los movimientos impuestas en muchos países ahora está convencido de poder llevar a todos los vehículos y participantes hasta la península arábiga.

“Será un Dakar particular, como todo lo que se hace ahora. Vamos a hacer un Dakar sin espectadores, sin nadie, con el mínimo de gente, pero tenemos la suerte de estar ahí, de poder hacerlo. Es algo precioso para todos”, agregó el director.

Castera lamentó que haya menos participantes, por la pandemia y por las dificultades financieras, un impacto que se ha dejado ver sobre todo en las motos, porque coches y camiones repiten el número del año pasado.

En las dos ruedas el descenso ronda el 15 % y se ha visto afectado sobre todo entre los equipos que tenían un presupuesto más bajo, señaló Castera, que sin embargo aseguró que la calidad de los participantes se muy elevada y se felicitó por ello.

Sin embargo, no ocultó su preocupación porque la crisis financiera que puede seguir a la sanitaria pueda traducirse en un descenso de los patrocinios a los equipos y afectar de forma importante a la participación en 2022.