Buenos Aires, noviembre (SEMlac).- Poco importa si digo “elle” o “niños y niñas” o “chiques”; veo que cualquiera de las formas resulta molesta. Pero, ¿por qué irrita tanto el lenguaje no sexista/no binario? ¿Acaso fastidia que se toque la gramática? O tal vez no es posible aceptar la demanda de derechos que hay detrás de cada disrupción.

Buscando respuesta a esos interrogantes, días atrás concurrí a una actividad virtual sobre Glotopolítica en la que el único expositor fue José del Valle, profesor de Lingüística Hispánica en el Graduate Center de la City University of New York. La actividad estuvo organizada por el Laboratorio de Fonética del Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Alberto Hurtado (UAH), de Santiago de Chile.

Lenguaje no sexista: por una sinergia entre la “A” y la “E”
Debo decir que, desde hace un tiempo, sigo los aportes de este catedrático y sé de su simpatía por el lenguaje Inclusivo. Él sostiene que este produce incomodidad política no solo porque marca una ruptura en el hábito lingüístico, sino porque además descoloca “el orden social ligado a la norma incomodada”. Es decir, un orden social basado en el androcentrismo.

En la verdad no hay grieta: el único compromiso es con vos. Fue en ese evento en donde pude preguntarle sobre esa incomodidad; él me respondió con un ejemplo: “Al oír ‘compañeres’, sentimos algo raro, algo que se nos desarma un poco en el cuerpo. Y es muy positivo que me saquen de la comodidad que se ha instalado en mi cuerpo y que reproduce formas de opresión. Suena mejor “compañeros”. Esto pasa porque la norma sexista la tengo internalizada, corporizada desde pequeño”.

“Inclusión de cotillón”, la crítica sobre el lenguaje inclusivo que se viralizó
Es oportuno en estos días pensar en los aportes de del Valle, porque se difundió que la Real Academia Española incluyó a la expresión Elle en su nuevo Observatorio de la Palabra; y la define como: “un recurso creado y promovido en determinados ámbitos para aludir a quienes puedan no sentirse identificados con ninguno [de] los dos géneros tradicionalmente existentes. Su uso no está generalizado ni asentado”.

Luego de conocerse la noticia, hubo quienes de inmediato reaccionaron negativamente hasta que, finalmente, la RAE publicó un Twit de sedación aclarando: “que una voz aparezca en el Observatorio de palabras de nuestra web no implica que esté en estudio su incorporación al DLE ni que haya sido aceptada. Esta sección busca aclarar dudas que nos han planteado los consultantes sobre voces ausentes del diccionario”.

Merece preguntarnos, entonces, ¿cuántas comodidades habrá puesto en jaque esa palabra? ¿Cuál/es el sujeto que incomoda? Sucede que Elle es perturbadora porque implica una innovación agramatical o contranatura.

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El lenguaje inclusivo no sexista/no binario es aún una política de la incomodidad, porque no solo es ruptura gramatical, sino que incomoda a la norma somatizada. A su vez, invita a interpelar las subjetividades que permanecen cómodas en nuestra cultura, por eso me quedo con una de las frases más certeras de José del Valle: “no hay revoluciones sin incomodar a quienes se beneficien de los privilegios del statu quo”.
(Fuente www.perfil.com)