Una máquina de escribir es el aparato mediante el cual un grupo intenta cambiar la vida, o al menos una pequeña parte, de las personas vulnerables. FOTO: EFE/José Méndez.

México, 3 nov (EFE).- Una máquina de escribir mecánica, de esas que desde hace años entraron en desuso, es el aparato mediante el cual un grupo de teatro en Ciudad de México intenta cambiar la vida, o al menos una pequeña parte de ella, de las personas vulnerables.

“La máquina de los finales perdidos” es un proyecto interdisciplinario en el que un grupo de “actores-mecanógrafos” están dispuestos a escuchar y redactar las historias que algunos “especta-autores” deseen contarles con la particularidad que estos, a menudo con un pasado repleto de dificultades, deben cambiar el final de la historia que vivieron.

Aunque comenzó como un ejercicio para modificar historias de amor y desamor, el proyecto trastocó a los mecanógrafos, quienes vieron en los grupos vulnerables más posibilidades para potenciar su idea.

Integrada por actores, artistas visuales, músicos y una psicóloga, la compañía Borderline Teatro, formada en 2012, impulsa el peculiar proyecto con el que busca explorar lugares de creación para visibilizar, dar voz y escucha a personas en situación de calle, migrantes, refugiados, presos o personas mayores.

“Existen muchas razones por las que una persona tiene que migrar o termina en situación de calle, realidades que vemos pero que no conocemos a fondo”, contó en entrevista con Efe Itzel Enciso, directora del proyecto.

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LA MEMORIA Y LAS HISTORIAS
Para Enciso, en la sociedad mexicana existe la pésima idea de calificar a las personas en situación de calle como flojos o gente que no quiere trabajar, “pero nadie se cuestiona por qué viven así, y mucho menos los escucha”.

“Son muchas historias que se entrecruzan para que una persona llegué a determinada situación y con este proyecto nosotros tenemos la oportunidad y el privilegio de hablar con las personas y que nos cuenten su historia personal, algo íntimo”, dijo la mujer.

Ante esa realidad, “La máquina de los finales perdidos”, una especie de máquina del tiempo, ofrece a las personas la posibilidad de reconstruir la memoria, ser escuchadas y apropiarse de su historia ya que son quienes deciden un nuevo final de un relato.

Explicó que en el ejercicio, el “especta-autor” es “un sujeto activo y creativo ya que es el creador de la historia y depende mucho de ellos cómo se desarrolle la actividad “, mientras que los actores-mecanógrafos “son el vehículo para contar su historia”, por supuesto, con la ayuda de la máquina de escribir.

Al ser una compañía interesada en el trabajo comunitario, su proyecto lo han presentado en casas, asilos, reclusorios y parques, como ocurrió durante un recorrido con Efe en uno de los parques de la ciudad.

EL EJERCICIO DE ESCUCHAR
“En cada ejercicio nosotros llegamos sin ninguna expectativa y siempre hay muchas sorpresas. Es un ejercicio de alto impacto”, dijo Ricardo Martínez, uno de los actores que ejercen a la vez de mecanógrafos.

“Escuchar a las personas es todo un tema y un reto y la empatía es algo difícil de practicar”, reforzó su compañera Lorena Bojórquez, quien consideró que cada persona “tiene mucha necesidad de hablar” y aunque siempre está la expectativa de qué va pasar, tras “romper el hielo, esa barrera de ser desconocidos ambos cae y comienza la magia”.

“Las personas quieren hablar de ciertas historias y de ciertos momentos de su vida y eso es lo más interesante”, añadió la joven

En la experiencia de Miquel López, hay una interacción especial entre las personas en situación de calle, reclusos o adultos mayores y cuando ellos consultan, o son tomados en cuenta, se sienten valorados.

“El simple hecho de sentarnos a escuchar es motivo de felicidad para ellos. En ese momento saben que son personas que tienen voz y que existe alguien que se interesa por su historia, eso para nosotros es abrumador”, apuntó López.

Reconoció que el ejercicio es sorprendente para ambos participantes. “Me emociona que esto cause tanta felicidad, que las personas se sorprendan de ser escuchadas y que juntos escribamos una historia que va ser diferente, es un proceso muy conmovedor”.

Para los integrantes de Borderline Teatro, esa mirada horizontal que hay entre las personas en cada entrevista y la empatía que se muestra es lo que los hace sentirse cercanos en cada historia.

“Compartimos algo entre personas que no nos conocemos y pensamos que esto que hacemos es útil, sobre todo porque se trabaja con la dignidad de las personas y eso hace este trabajo maravilloso”, contó López.

Además de escuchar, para Ricardo Martínez este ejercicio exige también una aguda observación, en toda la amplitud de la palabra, de las personas.

“Tenemos que observar que es lo que la otra persona está diciendo con su cuerpo, con sus movimientos y sus palabras y aprender a ver desde un inicio”, apuntó.

Para Martínez, el ejercicio también es una práctica para “afirmar la existencia de las personas vulneradas que son invisibilizadas por la sociedad”.

FOTO: EFE/José Méndez.

LOS PLANES
El proyecto, que cumplió intervenciones durante los fines de semana de octubre en parques y espacios abiertos con poblaciones callejeras, prepara ya un corto documental que será presentado en los primeros días de diciembre en la asociación civil El Caracol A.C., que contribuye a la visibilidad e inclusión social de las poblaciones callejeras desde hace 26 años y con la que se unieron.

La dinámica e intervenciones con la máquina de escribir llegarán hasta 2021 porque en enero próximo, si la pandemia lo permite, el grupo visitará un albergue para mujeres migrantes y refugiadas. En febrero, lo harán en centros de reclusión para mujeres y hombres, donde es posible que trabajen también con custodios y en abril asistirán a un asilo.

Además existe la posibilidad de que en diciembre concreten una versión con personas sordas.

Aunque es un aparato relegado por la tecnología, la máquina de escribir, al menos para Borderline Teatro, todavía tiene muchas historias por contar.